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Tus abuelos

Cómo se vive el Año Nuevo en la tercera y cuarta edad

El organismo percibe que estamos llegando a fin de año y el desgano o "fatiga mental" es una respuesta a la culminación de un ciclo. ¿Cómo se vive este proceso a distintas edades?

La llegada de las fiestas de fin de año nos sensibiliza, de una u otra manera nos enfrentamos a balances, proyectamos deseos, nos miramos internamente. Esto lo hacemos a todas las edades, pero, ¿cómo se vive este proceso en la tercera o cuarta edad?

Tu Día consultó a distintos especialistas, quienes explican cómo transitan esta particular época del año las personas mayores. Pero además, indican cómo deben hacerlo aquellos que todavía están a pleno con todas sus actividades.

"Como a casi todos, ellos pasan por estados anímicos que movilizan los aspectos afectivos; cada uno lo hará acorde a su personalidad de base, reaccionando con la tendencia que le es propia", dice Cecilia Millán, psicóloga institucional de Edificio Manantial.

Y sigue: "Se ve sobre todo, en los estados melancólicos o nostálgicos, porque es un momento del año en que se resignifican pérdidas (si pasó por el fallecimiento de un hijo, quedó viudo o viuda, sus amigos ya no están) y también los vínculos, pues las disfuncionalidades familiares y las ausencias se sienten más".

Al proceso natural que cada uno desarrolle, se agregan las acciones de publicidad y marketing de las empresas que apuntan a vivir unas fiestas en familia. En la realidad no siempre es así. "Los adultos mayores se preocupan mucho por dónde y con quién pasarán las fiestas. Para aquellos que están internados, y a los que les resulta más difícil salir o no se aconseja sacarlos de su rutina, se organizan cenas a las que asisten los familiares", cuenta Celia Paez, coordinadora del Área Social de Edificio Manantial .

Y agrega: "En las instituciones se realizan distintas actividades en relación al fin de año. Se hacen repasos, balances, se planea qué tienen ganas de hacer para el año próximo. Estas son fechas que no se pasan por alto, pero que tampoco se dramatizan. Siempre se trabaja la simbología, en estas y otras fiestas, porque eso ayuda a la persona a estar orientada temporalmente y también lo moviliza el mantener sus costumbres".

El colapso. Sin diferenciar edades o etapas en la vida, llegamos a esta altura del año con el cansancio de toda la recorrida que hicimos. Miramos atrás y parece que sólo notamos lo que nos faltó, a lo que no llegamos, qué hubiéramos querido hacer pero no hicimos. Venimos de un año lleno de obligaciones, compromisos y nos encontramos verdaderamente cansados. Todavía quedan días intensos, con cierres, balances y en medio de este clima general de estrés y alboroto muchas personas sienten colapsar.

"Aparecen niños y adultos tensionados, agobiados, tanto con malestar físico (problemas gástricos, taquicardias, dolores de cabeza, dolores musculares) como emocionales (ganas de llorar, irritación, sensibilidad, dificultad para concentrarse, entre otros). Tanto el cuerpo como el estado emocional nos dan indicios que debemos saber interpretar, decodificar y atender; no hay que esperar a enfermar para parar", relata la licenciada María Gabriela Fernández Ortega, especialista en estrés, ansiedad y emociones y miembro del Instituto Sincronía.

Fin de un ciclo, ¿empezar de nuevo?

Todos tenemos ciclos orgánicos. Este ciclo se nos presenta con determinadas ideas y sensaciones que responden a conductas funcionales y adaptativas de nuestro cuerpo y mente.

"A esta altura del año es difícil poder focalizar en nuevos proyectos, más aun ponerlos en marcha y lo único que nos brinda cierta frescura es pensar en el descanso reparador de unas buenas vacaciones", explica Fernández Ortega.

Y continúa: "Todo nuestro organismo percibe que estamos llegando a fin de año y este desgano o fatiga mental constituye una respuesta adaptativa. Es posible que podamos sentir cierta tristeza, es un período necesario en el cual miramos un poco hacia atrás y realizamos el balance del año. Otro de los sentimientos que puede aparecer es el miedo, hay un poco de incertidumbre por el año que está por comenzar y quizás no poder controlar esa variable nos produzca cierto temor".

Es fundamental no tratar de oponernos a este final, todas las emociones y pensamientos representan respuestas funcionales a la época del año que vivimos. No hay que desesperarse, ni resistirse, hay que entender que el ciclo se debe cumplir como todos los años para luego poder volver a empezar.

Lo que no se llegó a realizar este año, se podrá hacer el próximo. La finalización de un año no es sino el comienzo de otro y con este nuevo la idea de renovación, de recomienzo pero también de continuidad. Sólo termina el año calendario, los procesos continúan.

La importancia de celebrar

Entre tantos "pendientes" que parecemos tener, nos olvidamos de un pendiente fundamental, el de celebrar las pequeñas cosas, que son las que en definitiva nos acompañan y hacen a nuestro día.

"La invitación es ser más amables con nosotros mismos. Para mirar más completo lo que hay que revisar y también lo que la vida nos sigue ofreciendo con momentos entrañables, inolvidables e irrepetibles", reflexiona la licenciada.

Y cierra: "En estos tiempos, de tantas emociones encontradas, hay que animarse a celebrar la vida y aventurarse al porvenir con menos miedos y más alegría. Brindemos por un año mejor, con posibilidades de cambiar, de crecer, pero también con la expectativa de permanecer y mantener porque en lo que continúa está la sensación de identidad.

 

 

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