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Uveítis, la enfermedad responsable de hasta el 30% de los casos de ceguera

Una patología poco frecuente, infecciosa o autoinmune que afecta la visión, puede causar cataratas, glaucoma y desprendimiento de retina.

La uveítis es una inflamación de la parte interna del ojo que causa malestar y dolor en el paciente. Existen las uveítis infecciosas, las más difíciles de diagnosticar pero de tratamiento más rápido, y las autoinmunes (o no infecciosas), más complejas a la hora de tratarlas y que pueden volverse crónicas.

Dependiendo de la parte interna del ojo que se vea afectada, se subdividen en anterior, intermedia, posterior y panuveítis. Si esta patología no es diagnosticada y tratada a tiempo, puede generar complicaciones como cataratas, glaucoma, desprendimiento de retina, atrofias del nervio óptico e incluso ceguera. Para un tratamiento precoz, es vital el reconocimiento de los principales síntomas.

En el mundo, entre 20 y 50 personas por cada 100 mil habitantes tienen uveítis, pero en en el país no hay un registro que certifique la cantidad de afectados.

"En Argentina no existen estudios sobre incidencia y prevalencia de la enfermedad. Es difícil realizar este tipo de estudios, en todo el mundo hay solo tres estudios de este tipo, dos en Estados Unidos y uno en Finlandia", explica el doctor Cristóbal Couto, parte del equipo del Hospital de Clínicas José de San Martín y Miembro del Grupo Argentino de Uveítis (GAU).

Entre los principales síntomas se encuentran la disminución de la visión, ojo rojo, fotofobia, visión de flotadores o neblinas en el ojo, y dolor en el globo ocular. "Las dolencias de los pacientes con uveítis son variadas. Además de los síntomas oculares, debemos destacar lo no oculares, como cefaleas, mareos, disminución de la audición, zumbido de oídos que pueden estar presentes en algunas entidades clínicas de uveítis, como la enfermedad de Vogt-Koyanagi-Harada", añade.

Consulta y tratamiento. Si bien las molestias del ojo son fácilmente reconocibles, la consulta a veces no es inmediata y el inicio del tratamiento comienza cuando la inflamación ya está avanzada.

"Lo que sucede muchas veces es que si bien el paciente reconoce el malestar, tarda en ir a la consulta con el profesional médico. Incluso, muchos acuden a un médico generalista, que lógicamente no está entrenado en esta patología, motivo por el cual el diagnóstico y tratamiento puede demorar su inicio", explica el doctor Pablo Franco, Médico del Servicio de Uveítis del Hospital Oftalmológico Santa Lucía y Miembro del Grupo Argentino de Uveítis (GAU).

Y agrega: "A veces se llega tarde a la consulta porque los síntomas pueden confundirse con otras molestias como ojo seco, conjuntivitis, o mismo cansancio y dolor de cabeza después de un día de trabajo".

Impacto emocional y económico. Más allá de las molestias y dolores que causa la uveítis, la calidad de vida del paciente se ve afectada notablemente. "Al producirse una disminución de la visión por la propia inflamación y por sus complicaciones, el paciente puede ver afectada su calidad de vida, lo que alterará en el caso de un adulto sus responsabilidades llevando a un cuadro de angustia", detalla Couto.

La falla o retardo en el diagnóstico, tratamiento y controles insuficientes son una causa importante de discapacidad visual y ceguera potencial. La pérdida de visión causada por la inflamación o por sus complicaciones aumentará los costos de la enfermedad para el paciente, su obra social y el sistema de salud. Pero además, traerá consigo disminución en la productividad, pérdida de habilidades y capacidades para conducir, leer y escribir. Consecuencias que pueden llevar al individuo a un retiro laboral anticipado.

Prevención, pieza clave

Los especialistas afirman que existe un momento (ventana de oportunidad del tratamiento) en el que si la persona es diagnosticada, tiene mejores probabilidades de responder a lo indicado. Se trata de las dos o tres primeras semanas siguientes al inicio de la inflamación.

"Es el momento inmediatamente posterior al inicio de la enfermedad, en el que aún no se sabe bien qué la produce. Si la persona es diagnosticada dentro de este período hay mejores posibilidades de tratarla y evitar complicaciones en el futuro", afirma el doctor Franco.

Y agrega: "El éxito del tratamiento de la uveítis depende en gran medida del diagnóstico temprano y más allá de reducir molestias y dolores, evita la recurrencia. Esto es fundamental ya que con cada recurrencia crecen las posibilidades de tener complicaciones".

En muchos casos, se logra disminuir los síntomas de la uveítis y mejorar notablemente la calidad de vida del paciente. "Los tratamientos biológicos actúan más específicamente y logra en un alto porcentaje disminuir la inflamación ocular", comenta Franco.

Cuándo

La uveítis se presenta en una edad en la que los pacientes están en el período más activo de su vida profesional y laboral. Entre el 70 y 90% de los casos sucede entre los 20 y 60 años y en la mitad de los pacientes se inicia entre la tercera y cuarta década de la vida.

"La uveítis es una enfermedad propia de los adultos jóvenes. Los inconvenientes que produce la enfermedad, su tratamiento y el seguimiento alteran la capacidad productiva de estos pacientes a tal punto que deben cambiar de empleo o a veces ausentarse de sus actividades por largos períodos", cierra Couto.

 

 

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