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Cómo es la vida en la Neo

Cada experiencia en una Unidad de Neonatología es única y diferente a las demás. Cómo llevar adelante este momento difícil para los papás y afrontar, en equipo, la comprometida tarea.

Una Unidad de Neonatología no es más que un útero, donde los bebés prematuros, sus papás, los médicos y las enfermeras desarrollan un ambiente especial para que esos pequeños puedan crecer de la mejor manera y afrontar las complicaciones con las que nacieron. Un lugar en el que completan su crecimiento aquellos bebés que nacen antes de tiempo o donde son tratados aquellos que presentaron inconvenientes al momento de nacer.

Un área integrada por un cuerpo profesional que incluye médicos pediatras y neonatólogos, enfermeras neonatales y, por supuesto, los bebés y sus papás. Todos conforman un equipo que equilibra el cuidado integral necesario para resolver la problemática del recién nacido con la contención y la calidez humana necesarias para sacarlo adelante en un entorno científico equipado con la más moderna tecnología médica y las prácticas que exigen los protocolos.

"Nuestra especialidad ha dado y sigue dando permanentes avances en cuanto a tecnología y tratamiento, y eso nos permite disminuir día a día la mortalidad y morbilidad. Pero el desafío de la mayoría de las instituciones está en mejorar el neurodesarrollo centrado en la familia", dice Mario Espósito, jefe del servicio de Neonatología de Clínica y Maternidad del Sol.

Dicha institución cuenta con un equipo perinatal donde se desempeñan obstetras, neonatólogos y ecografistas que trabajan con la mujer embarazada desde antes del nacimiento, con el objetivo de preparar a esos niños para el momento en que se produce la emergencia y deben nacer. Y una vez que estos bebés nacen se suman al equipo otros profesionales, como fisioterapeutas y cardiólogos, para asistir a los bebés y sus mamás en todo momento.

"Cuando me quedé embarazada soñaba con un parto natural, acompañada por mi esposo y yéndonos a nuestra casa en apenas unas horas, o al menos en un par de días. Pero, un problema de hipertensión arterial hizo que mi hijita detuviera su crecimiento y naciera por cesárea en la semana 30, cuando pesaba apenas 700 gramos", cuenta Sara, la mamá de una beba internada en la Neo.

Tecnología y contención. Más allá de la complejidad tecnológica, lo fundamental es la calidez humana y la contención que se brinda a toda la familia. "En nuestra Unidad de Neonatología atendemos a bebés con todas las necesidades. Es decir a aquellos que llegan con peso normal pero con otras complicaciones, hasta los que nacen prematuros extremos y no superan los 500 gramos de peso. Para todos los casos la atención debe ser de primer nivel, porque la salud de un niño durante las primeras horas y meses de vida es fundamental para su desarrollo y calidad de vida adulta", dice Espósito.

La vida en la Neo debe ser una convivencia armónica entre todas sus partes: mientras los médicos monitorean a cada bebé y toman decisiones, las enfermeras los asisten, pero también son las grandes acompañantes y ayudantes de los papás. "Aquí no sólo somos enfermeras, también somos mamás o abuelas, depende de cómo nos quieran ver. Nuestra tarea es, en un gran porcentaje, brindar afecto y contención a esos padres, que en la mayoría de los casos están desesperados y sólo pueden pensar en la salud de sus hijos. Ellos tienen nuestros teléfonos personales y nos llaman permanentemente para consultarnos cosas", cuenta Cristina Suárez, jefa del servicio de Enfermería Neonatal de la clínica.

Y cierra: "Estamos muy involucrados con el bebé y con su familia; y cuando hay algún niño complicado a veces no puedo descansar tranquila".

Entre susurros. Se habla bajito, casi en susurros, se expresa mucho amor y contención, pero sobre todo se genera un clima de acompañamiento permanente, porque médicos, enfermeras y papás sostienen que el pilar fundamental son las fuerzas y el equilibrio emocional para no caer. "Si no estamos fuertes, los chicos lo perciben. Ellos deben sentirnos seguros, equilibrados y con la fuerza del mundo. Nosotros les decimos a los papás que les hablen, les canten y los acaricien mucho. No hay mejor remedio que eso", dice Cristina Suárez.

La voz de la experiencia. Gabriela Rodriguez y Omar Pelayes son papás de Gianna, una beba prematura que nació a los cinco meses de gestación, con 500 gramos, y hoy tiene seis años. El recuerdo de aquel momento les provoca sensaciones encontradas. "Hay recuerdos tristes, que no quisiéramos volver a vivir por nada, pero también otros hermosos como haber conocido a cada una de las personas que forma parte del equipo de la Neo y que estuvieron a nuestro lado para hacer posible que nuestra Gianna saliera adelante", dicen. Gianna nació a las 23 semanas de gestación, debido a un cuadro de trombofilia que presentó su mamá, y a los nueve días de nacer fue sometida a cirugía debido a una enterocolitis necrotizante que afectaba su intestino. "Era tan chiquita que no me imaginaba cómo iban a hacer para trabajar en su cuerpito. Su vida corría muchos riesgos. Pero sobrevivió a la operación. Después de eso bajó más de peso: llegó a los 470 gramos. El anestesista que trabajó en su cirugía nos dijo que fue el bebé más pequeño que tuvo que anestesiar", cuenta Gabriela.

"Cuidar a una bebé tan pequeña era como tocar un cristal. Una piernita de ella era como un dedo mío. ¡Tan frágil! Yo le hablaba y le decía Olivia, como la novia de Popeye, por lo flaquita. Le cortábamos el pañal a su medida y le cosíamos medias pequeñísimas. Las enfermeras, que no nos dejaban solos jamás, nos enseñaron a moverla, a tocarla, a cambiarla, porque la verdad es que nos costaba mucho, teníamos miedo de lastimarla", agregan los papás.

Hoy Gianna tiene seis años y vive con sus padres y su hermano en La Rioja. Su salud está perfecta, sólo viaja a Córdoba por controles cada tres meses.

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