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Tu salud

Cómo comenzar un 2017 de forma saludable

Empieza un nuevo año y es el momento ideal para tomar la decisión de mejorar tus hábitos alimentarios. Mirá estos consejos.

Las dietas pasaron de moda. Las tendencias en alimentación van hacia los cambios de hábitos y no hacia las restricciones. Una dieta tiene un inicio y un final, a diferencia de los cambios en tus comportamientos alimentarios, que son para toda la vida.

El comienzo del nuevo año puede ser una buena oportunidad para dar ese primer gran paso que es el más difícil pero el más importante.

En comunicación con Tu Día, la médica con postgrado en nutrición Florencia Dafne Raele compartió una lista de tips y consejos para comenzar el 2017 de forma saludable. ¡Mirá!

Primero y principal pensá cuál es tu objetivo.

¿Es mejorar tu alimentación por una cuestión de salud? ¿Mejorar tu composición corporal? ¿Bajar de peso?, y en función de ello planteate las metas.

Una vez que tengas en claro lo que querés lograr, pensá en objetivos de acción.

Estos, a diferencia de los objetivos de resultado (que son a largo plazo), son precisos y a corto plazo. Esto va a permitirte tener metas realistas y evitar la frustración. Pensá algún cambio saludable semana a semana, e intenta ponerlo en práctica (ejemplos: tomar más agua, comer más despacio, etc).

No seas TAN duro con vos mismo.

No te castigues por tus fracasos, felicitate por tus progresos, por más lentos que sean. Tenés toda la vida por delante para mejorar. Los cambios definitivos son los que se logran de a poco y con tiempo.

En vez de pensar en la alimentación saludable como una RESTRICCIÓN, pensala como una INCORPORACIÓN.

Vas a ver cómo al incorporar nuevos alimentos y nutrientes, tu cuerpo naturalmente desplaza a los poco saludables, dejándolos para situaciones esporádicas. Importante: es normal que a medida que comas menos procesado, tu cuerpo tolere menos este tipo de alimentos al consumirlos.

Movete más.

Vayas o no al gimnasio, intentá moverte a lo largo del día, estar más activo en las actividades cotidianas. Lo ideal es realizar alguna actividad aeróbica la mayor cantidad de veces que puedas, y al menos dos veces por semana realizar ejercicios de fuerza (sin ellos la masa muscular no se conserva y la composición corporal mejora muy poco). Buscá una actividad que te guste y que puedas sostener.

Hacete un chequeo médico anual.

Que incluya: una cita con tu médico clínico de cabecera, un estudio de sangre y orina de rutina, una cita con tu ginecóloga/o.

Llevá un diario alimentario.

Anotá tus horarios, tus momentos de ansiedad, tus indigestiones, tus momentos de mayor y menor apetito, tus momentos de hambre emocional y empezá a conocerte: es increíble la noción que uno toma con tan solo escribirlo.

Realizá seis comidas diarias.

Cuatro principales y dos colaciones. Si no tenés tiempo para realizar las colaciones o no tenés hambre, podés obviarlas. Lo mejor es comer por hambre pero las colaciones sirven para no llegar con tanto apetito a la próxima ingesta y generar hábitos para no pasar períodos largos sin consumir alimentos.

Obligate a desayunar.

Si no tenés hambre a la mañana, crée que es un hábito que se genera. Si cenás muy tarde, es posible que no digieras bien los alimentos y esa sea la causa.

Dedicale a la comida el momento que se merece.

Que sea consciente y en un ámbito tranquilo. Si picoteás a lo largo de todo el día sin sentarte propiamente a comer, es posible que tu cabeza no registre que hayas comido.

Tomá más agua.

(Más allá de las infusiones o bebidas saborizadas que tomes a lo largo del día) y reducí el consumo de alcohol.

Incorporá verduras en tus almuerzos y cenas.

Mientras más variedad de colores, mejor.

Salá menos tus comidas.

Consumimos casi cuatro veces la cantidad de sodio recomendada. Utilizá más especias para darle sabor a tus comidas en vez de tanta sal.

Llevá siempre una fruta en tu cartera.

Es una colación súper práctica para momentos de hambre desprevenido.

Dormí de 6 a 8 horas diarias.

Cada uno sabe cuánto realmente necesita y preparate para el momento del sueño una horas antes, evitando todo tipo de estímulos que puedan disminuir su calidad (televisión, celulares, etc).

No te asustes si sufrís de distensión abdominal al cambiar la alimentación.

Es normal cuando se incorpora tanta fibra.

Familiarizate con las compras en dietéticas.

Es ahí donde vas a conseguir los productos más naturales. La mayoría de los alimentos REALES no tienen etiquetas.

Reducí el consumo de carnes rojas.

No porque sean malas, sino porque el tipo de grasa que contienen es predominantemente saturada. Incorporá más pescado: están llenos de grasas instauradas y la fluidez de las membranas celulares de todas tus células dependen de la elección del tipo de grasa que consumas.

Planificá tus comidas semanales.

Realizá tus compras en base a esto y cociná siempre de más para freezar/refrigerar en porciones lo que te sobra.

Tené siempre opciones saludables en tu cocina/heladera.

Deshacete de aquellas que sabés que no son saludables y que no podés controlar la porción: lo que hay es lo que vas a consumir.

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