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Tus abuelos

Los más grandes dicen: Sí, nosotros podemos

En esta nota condensamos el trabajo “El poder en la vejez: entre el desempoderamiento y el empoderamiento” del Dr. Ricardo Iacub.

El eslogan que llevó a Barack Obama al poder es un buen ejemplo de “darse poder”. Este concepto heredado de la política de minorías ayuda a Los más grandes a discutir la visión de debilidad con que la sociedad los prejuzga y los discrimina. En esta nota condensamos el trabajo “El poder en la vejez: entre el desempoderamiento y el empoderamiento” del Dr. Ricardo Iacub.
¿Qué es el poder?
La facultad para hacer algo.
El dominio, control o influencia que se posee sobre alguna cosa.
La posesión actual o tenencia de una cosa.
La fuerza, capacidad o eficacia.
La autorización y la autoridad para hacer algo dada o asumida.
El gobierno y dirección de sí y de los otros.
Ya tuviste el poder, ahora nos toca a nosotros
El “desempoderamiento” es una herramienta de control social. La mayoría de las sociedades occidentales, de una forma u otra, han desarrollado un culto a la juventud como la edad de la fuerza y la capacidad. Casi todas las sociedades de producción, consumo y acumulación de capital discriminan al “viejo”. En ellas, las personas mayores experimentan alguna condición de vulnerabilidad porque el espacio vital se transforma en un ámbito de representaciones sociales prejuiciosas. Esa mirada del entorno influye negativamente sobre la capacidad del adulto mayor para resolver y seguir manejándose de manera autónoma.

Ese “desempoderamiento” confirma las propias dudas sobre autonomía operativa y capacidad de toma de decisiones que cada sujeto mayor se plantea al envejecer. Cuando una persona siente que “ya no tiene poder” el efecto es un incremento de  ansiedad y amenaza al yo, lo cual puede interferir con la ejecución de tareas intelectuales y motoras. La preocupación por denigración y rechazo social desplaza la atención de las tareas más básicas y puede obstaculizar su ejecución.

En un estudio comparativo sobre capacidad de memoria entre adultos mayores de los EEUU y China (Levy, Langer, 1994), los asiáticos no sólo obtuvieron mejor desempeño sino niveles similares a los jóvenes de ambos países. La cultura china valora a la ancianidad como la edad de la sabiduría. Este “poder dado” ayuda a la vejez porque la posiciona como transmisora de experiencia y conocimientos, rol para el cual la memoria es fundamental.
¡Ya tengo el poder! (preguntale a tus nietos quién dice así)
La palabra empoderamiento viene del inglés empowerment y su significado es: potenciación, apoderamiento. El verbo to empower significa: dar o conceder poder; facultar, habilitar, capacitar, autorizar. Doneland (1995) agrega al dar poder, el “hacer posible”.  Myers (1995) sostiene que el empoderamiento es el proceso por el cual ayudamos a la gente a ganar, volver a conseguir y mantener el poder o control sobre sus vidas. El empoderamiento es un ejercicio permanente que realiza O DEBE REALIZAR el sujeto consigo mismo y con los otros.
Para empoderar es necesario desarmar
Empoderar implica deconstruir, desactivar un discurso, en este caso, que la vejez representa debilidad, para volverlo a activar desde las cualidades que los mayores poseen y pueden ser puestas al servicio de todos. Para que la sociedad “crea” que los adultos mayores son sujetos activos con mucho potencial, es necesario que los adultos mayores “se lo crean”
El empoderamiento personal. Supone el desarrollo de la confianza y la capacidad individual, así como deshacer los efectos de la opresión interiorizada.
El empoderamiento en las relaciones próximas. Se refiere al desarrollo de la capacidad de negociar e influir en la naturaleza de una relación y de las decisiones que se toman dentro de ella.
El empoderamiento en lo colectivo. Implica la conformación de un discurso político relativo a las reivindicaciones de los viejos.
Al pianista Arthur Rubinstein, le preguntaron cómo hacía a los 90 años para seguir siendo el concertista número uno y respondió con una clase magistral de cómo se adaptó para no perder ese “poder”.
“En primer lugar de todo el repertorio musical he elegido las piezas que más me gustan y con las que me siento más cómodo (selección). En segundo lugar, practico todos los días las mismas horas, pero como ensayo menos piezas, dedico más tiempo a cada una (optimización). Por último, cuando tengo que interpretar movimientos que requieren de más velocidad en mis dedos de la que puedo conseguir, hago más lentos los movimientos previos a los más rápidos para dar sensación de mayor velocidad en éstos (compensación).”

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