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Tus abuelos

Eloísa revelada

Para disfrutar de las “instantáneas” sólo basta saber que, a sus 82 años, Eloísa Dacunda se le animó solita al sur de los Estados Unidos de Norteamérica en lo que bautizó “un viaje revelador”.

“… porque la única gente que me interesa es la que está loca, la gente que está loca por vivir, loca por hablar, loca por salvarse, con ganas de todo al mismo tiempo, la gente que nunca bosteza ni habla de lugares comunes, sino que arde, arde como fabulosos cohetes amarillos explotando igual que arañas entre las estrellas y entonces se ve estallar una luz azul y todo el mundo suelta un `¡Ahhh!´…”
Jack Kerouac, “En el camino”.
De fibra fuerte. Eloísa Dacunda nació en San Luis del Palmar, un pueblito que pronto será un barrio de la ciudad de Corrientes. Al teléfono suena con una educación y un refinamiento propios de otro siglo. Fue profesora de Geografía en el Colegio Nacional Manuel Belgrano y en el Jerónimo Luis de Cabrera de nuestra ciudad, por “deformación profesional”, una persona apta para saber que un mapa jamás reemplazará al conocimiento de un baqueano. Viuda desde hace 32 años, nuestra señora “hizo mundo” en pareja o en grupo: Alemania, Inglaterra, Suiza, España, Italia, Canadá. El lector es dueño de pensar que con esta experiencia previa es fácil animarse a una travesía. Cualquier lector menor de 82 años. Hace falta estar hecho de una materia especial para intentar una aventura solitaria más allá de las ocho décadas y Eloísa la tiene. Nació en “el pueblo de la fibra fuerte”.
En el camino. Pocos nombres literarios están asociados a los viajes y al sur de los Estados Unidos como el de Jack Kerouac, autor de “En el camino”. Si el alcohol no se lo hubiese llevado en 1969 hoy tendría 90 y algo en Eloísa nos recuerda a él: la espontaneidad en el relato. La voz de Eloísa al teléfono es prosa suelta en el aire. No hizo falta preguntar demasiado. Con precisión y claridad y ritmo nos contó que la preparación del viaje fue mucho más que un esfuerzo físico y de ánimo.

Sus clases de bridge, al que se conoce como “el ajedrez de las cartas” por su capacidad para mover neuronas dormidas, la ayudaron a concentrarse en los preparativos. Sus cursos y lecturas de mitos griegos y el conocimiento personal obtenido a partir de esos viejos arquetipos de humanidad que son los dioses. A esta altura de la nota puede que sea fácil arribar a la conclusión de que tiempo y dinero y capacidad intelectual fueron requisitos fundamentales.

Algo en la voz de Eloísa nos dijo que nada de eso habría sido decisivo de no mediar algo compartido con el “escritor maldito” que presentamos al comienzo. Ganas de vivir un reto y un puñado de palabras a tiempo. Kerouac inicio el viaje que culminó en la escritura de “En el camino” a partir de unas palabras del célebre periodista Tom Wolfe. “Movernos es descubrir nuestra propia danza” escuchó Eloísa de labios de su profesora de Expresión Corporal. Con esas palabras, la señora Dacunda decidió meterse en semejante “baile”.

Todo terreno tracción a fe. Caminatas por el famoso Golden Gate, el puente sobre la bahía de San Francisco, paseos en cuadriciclo por el estado de Colorado, naturaleza salvaje en el Parque Nacional Yosemite y visitas a galerías de arte y conciertos en la Universidad de Stanford, ambos en California. “Como buena correntina yo respeto al agua, y así y todo me le animé al Pacífico”. Partícipe activa de la Iglesia Anglicana, Eloísa sonríe al recordar a su “ángel chileno”, una joven que apareció providencialmente en el enorme aeropuerto de Miami y la ayudó a llegar a la terminal en que debía abordar su conexión a la Costa Oeste. Siempre tuvo fe en que todo iba a ir bien y, ya se sabe, la fe mueve montañas.
Flores robadas en los jardines del Cepram. A su regreso, Eloísa organizó la muestra fotográfica “Un viaje revelador” en el Centro de Promoción del Adulto Mayor, su segunda casa, el lugar en donde realizó todos los cursos que mencionamos y donde hoy estudia teatro y fotografía mientras planifica un nuevo viaje para el año que viene. No podemos “revelar” el itinerario. La muestra fue todo un éxito y toda una sorpresa.

Este párrafo también podría titularse “el sabor del re-encuentro”. Durante la muestra, un señor de 65 años se acercó a Eloísa, se presentó como aquel niño de 10 que vivía en una finca de Villa Belgrano que ella solía frecuentar hace más de 50 años y nunca olvidó que cuando ella llegaba “todo era alegría”. Los mejores besos y las frutas más sabrosas deben ser robados, se dice por ahí. Este señor “tomó prestado” un ramo de flores que tenía otro destino y lo ofreció a la viajera. De todas las anécdotas que encierran las paredes del CEPRAM, ésta tiene destinado un lugar en el cuadro de honor.

Viajar es bailar. No importa la distancia, el paisaje o la cantidad de días, lo importante es dar el primer paso. Cuando le preguntamos qué color, sabor o imagen surge al evocar el viaje, Eloísa Dacunda no puede o quiere sintetizar algo que “está vivo” todavía en ella y elige hablar del desafío, el reto, las ganas de superar las barreras del espacio, el tiempo y el cuerpo. Moverse es descubrir nuestra propia danza. El ritmo, la música y la letra de nuestra existencia. Esperamos que la experiencia de Eloísa sirva para que muchos dejen de soñar y se animen a salir a la pista.

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