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¿Cómo sobreponerse a un duelo?

¿Cómo aceptar una pérdida?, ¿Cómo confortarse y confortar a los demás? En esta etapa en que todo parece alejarse o desaparecer es importante saber decodificar cuáles son las carencias que más nos afectan y abrirnos a la ayuda de los demás.

27/11/2012 17:49

Por Redacción Día a Día

¿Qué es un duelo?
El duelo es la reacción de la psique ante la pérdida de una persona, animal, objeto o evento significativo. Se trata de una reacción principalmente emocional y comportamental en forma de sufrimiento y aflicción, cuando el vínculo afectivo se rompe.

Duelo es el nombre del proceso psicológico, pero hay que tener en cuenta que este proceso no se limita a tener componentes emocionales, sino que también los hay fisiológicos y sociales. La intensidad y la duración de este proceso y de sus correlatos serán proporcionales a la dimensión y al significado de la pérdida. Sigmund Freud definió el duelo como "la reacción frente a la pérdida de una persona amada o de una abstracción equivalente".

En el duelo, el sujeto ha experimentado una pérdida real del objeto, y en el proceso, que se prolonga un tiempo necesario para la elaboración de esta pérdida, éste pierde el interés por el mundo exterior, sustrayendo la libido de todo objeto que no remita al objeto perdido. Ningun ser vivo está a salvo de los duelos en ninguna etapa de su vida pero en las etapas superiores de la adultez, la posibilidad de pérdida de reconocimiento, la desaparición física de cónyuges, familiares y amigos, la erosión paulatina de nuestras habilidades o competencias, nos exponen a los duelos casi a diario

Un duelo no necesariamente debe ser una esgrima
La palabra "duelo" también se usa para nombrar las peleas entre dos pero el origen de este vocablo no proviene de "dolor" sino de la unión de "duo", dos en latín, y "bellum", guerra en la misma lengua. Estamos acostumbrados a ver o a vernos combatir contra el dolor, en una lucha desigual, impar, porque el dolor no es una entidad externa a nosotros sino el síntoma de que una realidad está actuando sobre nosotros, que somos uno. Los dolores suelen potenciarse cuando se los enfrenta, pueden alimentarse de toda esa energía que uno cree utilizar para combatirlos.

Un duelo es un camino de relevos
Se distinguen tres etapas en el proceso que va desde la pérdida hasta su aceptación. Ninguna pérdida se diluye por magia ni salta una de estas etapas. Es fundamental encontrar contención y apoyo profesional para que estas puedan ser atravesadas con menores dificultades.

- Fase inicial o de evitación: Reacción normal y terapéutica, surge como defensa y perdura hasta que el Yo consiga asimilar gradualmente el golpe. Shock e incredulidad, incluso negación, que dura horas, semanas o meses. Sentimiento arrollador de tristeza, el cual se expresa con llanto frecuente. Inicia el proceso de duelo el poder ver el cuerpo en el caso de un fallecimiento y lo que oficializa la realidad de la muerte es el entierro o funeral, que cumple varias funciones, entre ellas la de separar al muerto de los vivos.

- Fase aguda de duelo: Dolor por la separación, desinterés por el mundo, preocupación por la imagen del muerto o el recuerdo de lo que ya no está, incluso pseudo-alucinaciones, la rabia emerge y suscita angustia. Trabajo penoso de deshacer los lazos que continúan el vínculo con el ser o el objeto amado y reconocer la ambivalencia de toda relación; todas las actividades del doliente pierden significado en esta fase. Va disminuyendo con el tiempo, pero pueden repetirse en ocasiones como los aniversarios y puede durar seis meses o más.

- Resolución del duelo: Fase final, gradual reconexión con vida diaria, estabilización de altibajos de etapa anterior. Los recuerdos del ser, el objeto o la facultad desaparecidos traen sentimientos cariñosos, mezclados con tristeza, en lugar del dolor agudo y la nostalgia.

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Cuatro tareas para trabajar un duelo

• Aceptar la realidad de la pérdida.

• Experimentar la realidad de la pérdida.

• Sentir el dolor y todas sus emociones.

• Adaptarse a un ambiente en el cual falta el ser que murió o ya no está lo que "siempre estuvo", aprender a vivir en su ausencia, tomar decisiones en soledad, retirar la energía emocional de la pérdida y "reinvertirla" en nuevas situaciones o relaciones.

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Para pensarlo
Si no hubiésemos estado "dispuestos" a "perder" el calor, la tibieza, la seguridad del vientre materno, habríamos muerto con seguridad. Las pérdidas representan cambios traumáticos pero si les damos el tiempo necesario, si las afrontamos con la actitud adecuada y estamos acompañados o asistidos, pueden ayudarnos a aprender mucho sobre nosotros mismos y acerca de la condición humana.

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