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Tus abuelos

Abuelos que no pueden ver a sus nietos

A los niños les permite aprender y reforzar su sensación de pertenencia. A los más grandes los ayuda a estimular su autoestima. Sin embargo, existen casos en que los abuelos no pueden ver a sus nietos. ¿Qué hacer? ¿Cómo defender esa relación?

En los vínculos entre generaciones, las "pequeñas" charlas se convierten e "grandes enseñanzas.

Dicen que desde que Joaquín creció, sus muñecos de superhéroes empezaron a estrenar cada semana nuevos atuendos. Y hasta a él mismo se lo ve, de vez en cuando, corretear por la cuadra del barrio con diferentes disfraces, que su abuela le inventa con retazos de ropa en desuso. Lo mismo le pasó a Valentina, quien desde hace meses no deja un minuto de tocar la armónica que le prestó don Vicente, el verdulero que vive al lado de su casa. Los niños no sólo crecen comiendo sano y yendo a la escuela. También les hace falta un nutriente fundamental para su vida: el cariño de los adultos mayores, más allá del vínculo familiar. Desde el otro punto de vista, sucede lo mismo. Cualquier adulto puede dar testimonio de la plenitud que genera el contacto con los chicos.

Los especialistas sostienen que ese vínculo, tan simple y trascendente, conlleva múltiples beneficios para ambas generaciones. Por un lado, los más chicos ven en las palabras de los adultos mayores una fuente de inspiración. Una "montaña de sabiduría" -por decirlo en términos acordes a su imaginación- repleta de historias, secretos y curiosidades de otras épocas. Aunque a veces los comentarios de los adultos mayores suelen ser menospreciados, la experiencia de los años vividos siempre deriva en enseñanzas para compartir. ¿Quiénes mejores que ellos para consultarles sobre historia argentina, si la vivieron en carne propia? O para resolver un problema de matemática y arreglar eso que parece tan complejo.

En la película Up, el vínculo que se genera entre ambos protagonistas -el viudo mayor llamado Carl Fredricksen y el niño Russell- poco a poco se ve cargado de aventura, generándose una relación en la que uno aprende y disfruta de las particularidades del otro. Es que con su espontaneidad, los chicos, además de diversión, aportan compañía, un bien muy preciado cuando las canas se vuelven parte de la vida.

En ese sentido, muchos adultos viven el contacto con los más pequeños, sean familiares o no, como un momento placentero. Al poder responder ante sus dudas o al compartir determinadas situaciones, los mayores se sienten útiles y capaces de enfrentar nuevos desafíos, que traen los chicos con absoluta naturalidad: ¿Jugar a la Play? ¿Aprender los nombres de los nuevos personajes de la tele? ¿Emprender juntos un campamento en el patio? ¿Por qué no? El contacto con los pequeños es, en definitiva, una nueva motivación.

En busca del abrazo
Sin embargo, estas "situaciones ideales", que disfrutan muchos adultos, no siempre son "situaciones reales" para todos. En varios casos, por decisiones de los padres, los mayores se ven impedidos de mantener un contacto estrecho con sus nietos. Una realidad que, aunque parezca poco común, sucede a menudo.

"La familia, fundamentalmente hijos y nietos, como red social de apoyo acrecienta su importancia durante el envejecimiento, pues es una etapa donde los adultos mayores tienden a retraerse de otras relaciones sociales debido a cambios producidos tales como la jubilación y la viudez", comenta la psicóloga Romina Freytes.

Dolor, tortura, angustia, tristeza, bronca son algunas de las palabras que surgen cuando uno conversa con quienes padecen este drama. Según algunos adultos mayores con quienes habló este suplemento, saber que sus nietos crecen sin conocerlos les genera un gran sufrimiento. "Es como una espina clavada en el corazón", describieron algunos, quienes pidieron reservar su identidad. Debido a ello, muchos han recurrido a la Justicia para ejercer su derecho y estar en contacto con sus nietos. Se trata de una decisión difícil, que a veces resulta necesaria.

Padres, nietos y abuelos
Ponerle límites a los chicos es un tema que suele debatirse en las mesas familiares, especialmente cuando los mayores acostumbran a cuidar de los niños o tienen un contacto fluido con ellos. Para los expertos, la relación entre los adultos y los chicos resulta un vínculo descontracturado, ya que se da sin la responsabilidad ni las presiones que implica la crianza de un hijo. Son sus nietos, y eso es diferente. Se disfruta de otra manera.

Sin embargo, no quiere decir que los más pequeños hagan lo que quieran o que los mayores contradigan a los padres. Lograr un mensaje coherente hacia los chicos, que incluya límites claros sobre determinados aspectos, es fundamental para evitar discusiones o confundir a los pequeños. Las normas también son necesarias.

Pero no sólo los niños y los mayores tienen una responsabilidad en este triángulo afectivo. Los padres, como vértices de esa relación, deben saber que buscar y generar situaciones donde los chicos puedan compartir tiempos y espacios con los adultos es tan sano y fundamental a nivel emocional, como preocuparse por la alimentación de sus hijos.

Memoria, juegos y compañía
Las relaciones intergeneracionales son promovidas en talleres y diferentes grupos que buscan el contacto entre adultos mayores y niños, ya sea en un barrio, en un centro de jubilados o hasta en la propia familia.

Algunas ideas para que pongas en marcha con tus nietos o con los niños de tu barrio:

-Yo juego, tú juegas: más que quejarse por los cambios culturales, éstos pueden ser aprovechados a la hora de hablar y divertirse con autitos y muñecas. Siempre llama la atención conocer con qué juegos y juguetes se divertían los mayores.

A su vez, muchos adultos son atraídos por los entretenimientos que propician las nuevas tecnologías. Un desafío en común para compartir el pasado y el presente de forma lúdica, entre grandes y chicos.

-El baúl de las historias: a la mayoría de los pibes les encantan los cuentos e historias con personajes mágicos. Princesas, héroes, castillos y protagonistas de ciencia ficción predominan en películas y libros infantiles. En ese sentido, los relatos orales de antiguas leyendas que conocen los mayores o el recuerdo de personajes de series que ya no existen, siempre vienen bien para actualizar ese imaginario.

Por otro lado, saber cómo era la ciudad, el barrio o la propia familia hace 60 años atrás ayuda a pintar un paisaje a través de vivencias y relatos propios, que los clásicos cuentos infantiles no pueden ofrecer. Es en estos casos donde cobran protagonismo esos valores y enseñanzas, que sólo los adultos mayores pueden brindarles a los más chicos.

Los papás deben motivar el vínculo entre los adultos mayores y los chicos. Un cumpleaños, una reunión familiar, una visita sorpresa... cualquier excusa viene bien para encontrar un lugar y un momento donde estas generaciones se encuentren. Ambas se beneficiarán.

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Cepram. Si no te dejan ver a tus nietos o si te sentís solo y querés compartir buenos momentos con los más chicos, comunicate con Cepram: Tel. (0351) 453-3471.

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