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Tu Día

El señor de los Citroën: un taller mecánico se dedica a la restauración integral del legendario 3CV

Un icono de la clase media argentina de los años ‘80 que se mantiene en pie. Los citroneros que resisten la muerte del legendario auto de la fábrica francesa tienen un búnker desde donde alimentar este culto. Y queda en barrio Las Palmas.

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Son muchos los Citroën 3CV que andan todavía, erguidos y relucientes, por las calles de Córdoba. Y más son los que veneran a esta máquina fabricada por la marca francesa, a punto tal de rendirle culto para impedir que su motor se apague. El gurú es Elio Marchetti, un mecánico que hace más de 40 años le entregó sus manos, sus conocimientos y su alma a este rito sagrado.

Todo se sucede en barrio Las Palmas, epicentro del clan citronero. En la calle Falucho, entre el 100 y el 200, duermen algunas “ranas” naranjas, blancas y verdes. Es que en el taller ya no hay lugar. Entre varios 2CV a medio armar, dos Mehari tapados con lonas pero listos para salir al ruedo y algunos 3CV que esperan su turno para ser restaurados, en el galpón no queda espacio. Sin contar el que ocupan las máquinas, los gatos hidráulicos, los repuestos y partes de carrocerías.

Algunos clientes (cultores del rito sagrado de mantener en pie a cuanto Citroën se les cruce por el medio) llegan a verlo a Elio con el auto a medio armar, deteriorado por el paso del tiempo, despintado, desgarrado o, muchas veces, en coma. Otros, tocan la puerta con las manos vacías, pero con el dato que el líder espiritual tiene materia prima. Y los que fueron ya una vez, y quedaron atrapados en la secta, vuelven cada tanto con su “chitrulo” para el service oficial.

“Ahora, los clientes son las segundas y terceras generaciones. Compartieron su infancia, o tuvieron algo que ver, con un Citroën que evidentemente les dejó una huella. Y vienen con ese viejo auto, o buscando uno, para restaurar”, explica Elio luego de recibir en su búnker a Tu Día.

El proceso es intuitivo y sin ningún secreto. Pero, vigilado de cerca y celosamente por el artesanal y detallado trabajo de Elio y su coequiper en el taller, José Corvalán. El auto entra en las condiciones que se encuentre, se despieza, se raspa y se reconstruye la chapa picada o las partes faltantes.

Un pintor lo espera en su taller, donde se lleva a cabo todo el trabajo de pintura. Por lo general, se piden los colores originales de Citroën (blanco, amarillo, verde inglés, verde claro y rojo). Aunque el espacio para la creatividad y el toque original está abierto a todos. “Los clientes más jóvenes traen su propio diseño. Muchos combinan dos colores y piden pintura metalizada”, cuenta Elio mientras relata la travesía que soportan estos legendarios autos desde que entran a su taller.

Mientras tanto, los dos mecánicos se dedican al motor, la caja, suspensión e instalación eléctrica del auto. “Rectificamos todo y colocamos piezas nuevas y originales que aún hoy se consiguen en el mercado. Todas las partes de los Citroën están disponibles”, aclara el líder de los citroneros. Una vez pintado, al auto lo espera impaciente el tapicero. Al igual que Elio y José, este especialista trabaja de manera artesanal. Reconstruye el tapizado completo de todos los asientos, el recubrimiento del tablero y el techo y el recubrimiento que lleva la parte interior del guardabarros.

El trabajo completo lleva unos tres meses. El costo total ronda los 30 mil pesos, con auto incluido. Si el cliente lleva su vehículo, el valor se incrementa un poco más. Lo que más restauran en el taller de Elio son los 3CV, pero también reciben 2CV, Ami 8 y los cancheros Mehari. “El auto sale del taller con olor a nuevo y 0 km. Listo para usarlo, salir a pasear o exhibirlo”, agrega José, mientras trabaja en la puerta de un 2CV.

Aún no se sabe a ciencia cierta cuáles son las razones que le ponen quinta a fondo a este particular fanatismo que llevan adelante cientos de citroneros cordobeses. Lo cierto es que este pagano rito tiene banca y vibra fuerte, como la rana.

Una noble máquina. El Citroën 2CV se fabricó entre 1969 y 1979 en Argentina. Con un precio accesible y comodidad para una familia tipo, se transformó rápidamente en un símbolo de la clase media. Hasta 1990 se siguió fabricando el 3CV, aunque modificado mecánicamente por completo.

Cuatro décadas para un millón de anécdotas

Caminaba por una calle de Brasil cuando lo vio venir. No dudó y le tocó la ventanilla del Citroën 3CV. “¿De dónde sos?”. “De Córdoba”, contestó el conductor. “Ah, le llevás el auto al Elio, ¿no?”.

Como esas, un millón más de anécdotas tiene para contar este dúo mecánico. Son muchos años alegrando la vida y el espíritu de una infinidad de fanáticos del 3CV.

Y se acuerdan de todas y cada una de ellas. Y las cuentan, con lujo de detalles. Y son muy divertidas, dignas de ser escuchadas. Como la de Jorge Luis López Gerez, que también contó Día a Día en sus páginas (De Córdoba a México en un Citroën 3CV), un loco lindo que hizo restaurar su rana negra y se fue al país azteca sin dudarlo.

Elio Marchetti

Así se llama el taller que se dedica a la restauración integral de los Citroën. Está en la calle Falucho 144, en barrio Las Palmas.

Un suple para fanáticos, que no podés dejar picar

Desde mañana, todos los domingos, gratis con el diario, sale Fierrazos, la historia de aquellas máquinas que dejaron su huella. Un reviposter gigante con toda la información sobre el auto de tus sueños, el amor de tu vida. Un coleccionable bien tuerca que no podés dejar pasar de largo. Mañana sale la primera entrega: el Torino. Luego vendrán el Fiat 600, el Ford Falcon, el R12 y, por supuesto... ¡el viejo y glorioso Citroën!

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