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Violencia de género, desde la danza

La Compañía NE repone la obra “Bulla de lágrimas en ruina”. La violencia de género y el rol de la mujer, miradas desde la danza. El sábado, en Ciudad de las Artes.

Violencia de género. El rol de la mujer. De eso sí se habla. Y se habla porque diversos canales le dan lugar. El arte, la danza tampoco están ajenos a ellos. Y la Compañía NE, con Nadia Espíndola a la cabeza, bajo la dirección de Ezequiel Rodríguez le dieron vida a Bulla de lágrimas en ruina, la obra que podrá volver a verse este sábado 29 de abril en Ciudad de las Artes. Será a partir de las 22, con entradas anticipadas a 250 pesos disponibles en boleterías del teatro, Autoentrada y en Chacabuco 463.

En diálogo con Día a Día, Nadia Espíndola contó: “Es una obra que surge de la necesidad de tocar temas actuales. Comenzamos con un proceso que nos llevó nueve meses en el que fuimos haciendo mucho trabajo de interpretación, de exploración y de investigación. Nos fuimos posicionando desde diferentes miradas, diferentes situaciones y diferentes cuerpos. Nos replanteamos qué es la mujer, cuáles son sus roles en la sociedad, en la familia, en la pareja. Partimos desde la violencia de género pero nos encontramos en un análisis profundo de los roles de la mujer. Toda la obra fue cobrando vida en base a escenas que te plantean diferentes situaciones cotidianas y situaciones sociales que lamentablemente hoy se han naturalizado, enmarcadas en un universo poético. El arte y la poesía están en cada una de estas situaciones”. 

Y agregó: “Buscamos ser lo más realista posibles. No nos paramos desde ninguna mirada en particular, ni reclamamos nada. Nos preguntamos qué sucede hoy y, con mucho respeto, decir apoyo esta causa y ojalá esta sociedad cambie. Desde nuestro lugar de artistas le rendimos un homenaje a una temática como esta. Es nuestra manera de decir basta. Sentite incómodo con lo que estás viendo, porque es lo que sucede”. 

Compañía NE repone 'Bulla de lágrimas en ruina'.

–¿Las afectó mientras le iban dando forma a la obra?

–Sí. Como el proceso fue de nueve meses y al ir pasando por diferentes trabajos de investigación, de replanteos de cosas cotidianas y de conceptos sobre qué significaba para cada una de nosotras el rol de la mujer, nos pasó que terminamos algunos trabajos muy angustiadas o enojadas. Y se iban sumando los tintes que aparecían cotidianamente con las noticias. Nuestro proceso de trabajo estaba alimentado por los lamentables sucesos que se daban día a día. 

–¿Podés valorar cómo afecta positiva o negativamente vivirlo de esa manera?

–Sin dudas. En nuestro grupo ninguna vivió en primera persona las situaciones que recreamos, pero tenemos experiencias cercanas. Y, lamentablemente, hoy es más común tener a alguien cercano que pase por esto. Y no te hablo solamente de violencia de género. Si no desde el rol de la mujer. Es la columna vertebral en muchas cosas, pero se han naturalizado tanto algunas cuestiones que pierde valor en el contexto diario. A nosotras nos sirvió mucho para crecer y pararnos desde otro lugar. Analizamos a nuestras madres, a nuestras abuelas. Eso nos permitió componer los personajes y la interpretación de cada una de las escenas. Ezequiel nos fue guiando en todos estos procesos. Hay muchos que no comprenden cómo elaboramos los movimientos, cómo se puede hacer coreografía con esto. Hay coreografía y muchísima poesía. Pero todo parte del sentimiento. 

–¿El desafío más grande está en lo artístico o en lo emocional?

–Fue un desafío desde todos los puntos. Cuando hablamos por primera vez con Ezequiel y nos plantea tocar esta temática fue más bien el desafío artístico de decir 'uff, me quiero meter en esto porque le tengo mucho respeto'. Y fue encarado desde ese lugar. Estuvo muy bueno el proceso por cómo crecimos nosotras en el sentido de replantearnos muchas cosas. Fue un desafío artístico y personal, de los que nos sentimos muy orgullosas. No tenemos ninguna bandera ni nos paramos desde ningún lugar. Está hecho con todo respeto, humildad y con mucho arte.

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