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El tecladista Ricardo Miravet y el milagro de la música

El organista Ricardo Miravet dará un concierto, mañana jueves, en la iglesia Santo Domingo.

En la iglesia Santo Domingo, los feligreses se han visto sorprendidos por estos días con una música que inunda el lugar, principalmente por las horas de la mañana, cuando muchos van a rezar una oración, acto que le explica al espectador no creyente qué significa eso de que la fe es un misterio.

La fe es un misterio, no se explica: se tiene o no se tiene. Para hacer más profunda y conmovedora la imagen de los fieles, las notas emocionantes que salen del órgano se apoderan de todo y uno empieza a tratar de adivinar dónde estará ubicado el instrumento con el que ensaya Ricardo Miravet, el organista que mañana jueves dará un concierto en esa iglesia, desde las 20.30, con entrada libre y gratuita.

Con 60 años de vida en Europa, el maestro siempre vuelve a la Argentina y en especial a Córdoba, de donde se fue en los ‘50 con una beca del gobierno francés, para perfeccionarse.

“A los 15 yo arreglé el órgano en el museo Sobremonte y me dijeron que toque un concierto”, recuerda al tiempo que subraya que desde que partió a Francia siempre quiso volver a dar clases en Córdoba, pero no pudo ser. Igual, ha perdido ya la cuenta de la cantidad de veces que ha tocado en la Santo Domingo. Deben ser más de 30, concluimos, mientras se dispone a tocar el órgano, ubicado en lo alto de esta capilla.

El órgano. “Es un órgano hecho por Alberto Matteo Poggi, en Buenos Aires, 1908”, lee el organista sentado ante ese particular mueble macizo de tres teclados y decenas de teclas que recuerdan a la consola de un estudio de grabación. ¿Está construido con materiales nacionales? Le preguntamos y responde: “Sí, pero debe tener partes traídas de Italia”, comenta mientras mira los tubos por donde sale el sonido que dispara desde las teclas.

Luego nos explicará que el sonido es producto de un complicado mecanismo de válvulas, tubos y tubitos que se van accionando con la ejecución del instrumento.

“¿Quieren escuchar un clásico?”, dice, y arranca con la Tocata y Fuga de Bach. En medio de semejante cosa, uno teme pensar en que el sonido del órgano hace recordar al cine de terror, a películas como La Profecía, pero es ahí cuando el maestro nos alivia con una broma: “Hace unos días estaba tocando ésto en España y unos niños dijeron ‘mira, está jugando a Drácula’ y me dio gracia”, comenta, y reímos con alivio de saber que sí, que la música que sale de este instrumento tiene algo espectral, también.

¡Con los pies! “Necesito alguien que me dé vueltas las páginas”, es su comentario al interrumpir la ejecución, para pasar la hoja de la partitura que está tocando.

Minutos después, sin que el sonido se interrumpa, Miravet da vuelta la página. ¿Cómo hizo eso? Además de los tres teclados, los pedales funcionan como otro teclado más y así el músico puede seguir sacando sonidos a esta mole de madera y acero, mientras ejecuta el Ofertorio de Louis James Alfred Lefébure-Wély, otra de las piezas que se escucharán en el concierto de mañana jueves.

¡Qué mal gusto! Terminada la sesión de ensayo y dejando de lado la música, pasamos a hablar de un tema que nos ocupa siempre: Córdoba. Por el lado positivo de la identidad, Miravet relata que tras casi 60 años en París no ha perdido mucho su tonada original y que más de una vez ha dicho merci beauuuuucoup, arrastrando la palabra al estilo cordobés, causando la pregunta inmediata del interlocutor.

Además, tal como señalamos al comienzo de este artículo, su intención fue la de venir a dar clases, y aunque no pudo, se dio el gusto de dar innumerables conciertos por estas tierras y en otros puntos del país, como en San Juan, donde durante mucho tiempo iba a dar “master class, como le dicen ahora”.

Por contrapartida, en el volver, Miravet ha ido descubriendo cómo se ha demolido el patrimonio arquitectónico de la ciudad, “algo que no se sucede en ninguna parte del Mundo”, sostiene.

“La ciudad tiene un empuje económico, pero tiene un mal gusto arquitectónico... tapan todas las fachadas y no se ve nada, es como ver una especie de cajones fúnebres, para mi es espantoso, en ninguna ciudad del Mundo se ve esto. No sé porqué no se extiende la ciudad, en vez de concentrarse cada vez más en el Centro”, cierra con voz enérgica.

Concierto. Organizado en el marco de los festejos por los 400 años de la Universidad Nacional de Córdoba, este espectáculo cuenta con el apoyo de la Facultad de Ciencias Económicas y Cadena 3.

Además de los artistas y obras mencionados en esta nota, también se escucharán piezas de los autores Francoise Couperin y John Stanley.

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Mirá en nuestro sitio un video del maestro Miravet ensayando en el órgano de la iglesia.

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