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Suiza, la nueva seña en el baile de la Mona Jiménez

Día a Día le cumplió el sueño a una fanática helvética de Jiménez y propició un encuentro impensado. ¡Mirá el video!

 

–Estoy medio nerviosa. ¿Es piola La Mona personalmente?

Se llama Julia Wartmann, tiene 21 años, le encanta ir al baile y es fanática de La Mona. Nada raro, salvo que ella es de nacionalidad suiza y vive en Zurich, importante ciudad de aquel lejano país europeo. Rubia, de ojos claros y cuerpo con curvas bondadosas, Julia pasó un año entero en Córdoba, allá por 2005, como parte de un programa de intercambio de AFS. Desde entonces, vuelve cada tanto a visitar su familia adoptiva y amigos. Como los que hizo en el Colegio Monserrat, que le transmitieron el gusto por el cordobés más famoso. Su admiración por Jiménez –como fenómeno musical pero también social– no paró de crecer.

Más que en español, Julia habla en “cordobés”: “Cuando me dijiste que podía conocer a la Mona, me puse chocha”, confiesa algo tímida. Y para completar el ADN de la Docta, acaba de venir de vacaciones de Florianópolis, a donde fue con sus amigos de acá. “Pero había más cordobeses que brazucas allá”, aclara, y Marcos, el amigo más responsable de haberle inyectado el gen monero, asiente a su lado. Cuando la suiza explica que estando en su país extraña “el vino con Pritty” (el fernet no porque allá lo consigue) se entiende por qué tiene tatuado “Córdoba” en su dedo mayor izquierdo.

“Allá en Suiza le secaba la cabeza a mis amigos poniendo La Mona pero a nadie le gustaba. Les contaba del baile pero ellos nunca entendieron bien la onda”, explica resignada. “Me leí el libro y todas las revistas que sacó. Los discos los bajo de Internet porque allá no los venden”, dice con la resignación del fan que compraría el original.

Lo que a Julia más le gusta es lo que genera el baile, tanto que analiza realizar la tesis de su carrera de Antropología (está cursando el segundo año) interpretando el fenómeno Jiménez. “Me impresiona muchísimo que venga tanta gente a escucharlo a él tan seguido… siempre lo traté de explicar como un recital pero no es así, porque allá me decían ‘¿cómo un recital si es todos los fines de semana?’ Justamente, es un fenómeno que no se puede explicar. En Suiza no existe un fenómeno social así, que la gente se haga tan fanática de una persona”.

En ese sentido, explica que las letras de la Mona le parecen “lindas”, pero no conecta por ese lado con el cuarteto. “La letra no me llega tanto porque no soy de esa clase social. Pero para mí la música es la que más fiesta tiene de todas”. Igual, conoce del tema: sus otras bandas favoritas son La Fiesta y La Banda de Carlitos. Y en Suiza, escucha mucho hip hop francés o alemán. “Es muy copado”, sentencia.

Llega La Mona. Estamos en la Sala del Rey, y el viernes empieza a correr lentamente sus primeras horas. Sobre el escenario, la banda de La Mona empieza con la música con Carli al micrófono. Y como en todo baile de Jiménez, siempre pasa algo: antes que La Mona llega Aníbal Pachano y su troupe, junto al móvil de AM (Telefé). También está la hipervoluptuosa Johana Pombo, “apadrinada” por la Mona para el concurso de La Chica del Verano. A Julia ahora sí se le queman los libros entre toda esa fauna, pero igual por consejo de su amigo le pide a Pachano y su galera si se pueden sacar una foto.

Llega Jiménez. Las cámaras se abalanzan sobre él, con su trajecito color verde agua y musculosa negra pegadaza al cuerpo. Como siempre, la Mona es un huracán que arrasa con todo a su paso. Después de dar notas y enseñarle unos pasitos de cuarteto al jurado de baile, se encierra en su camarín. Al rato, nos llega la señal y es el turno de que Julia conozca a La Mona cara a cara. El encuentro es insólito, divertido, a las apuradas y genial.

–Periodista: Ella es fanática tuya, Mona, y es de Suiza.
–Mona: ¿Hablás español?
–Julia: Sí, sí. Desde los 15 que soy fanática.
–M: ¿Pero estás viviendo acá?
–J: No, estoy de veraneo. Yo te hice re famoso allá en Suiza, les conté a mis padres y mis amigos…
–M: Bueno, decile a tu papá y tu mamá que me contraten para que vayamos a tocar allá. Hay mucha plata allá... (y le mete un besazo en la
mejilla).
–P: ¿Cómo sería la seña para Suiza, Mona?
–M: Y… y… ¡esto! (mueve los dedos en el típico gesto de plata, y el camarín estalla en risas).
–J: ¡Está buena! El sábado en el Sargento te la voy a hacer. Me cumpliste un sueño y estoy muy feliz.
–M: (La toma de la mano y la escanea de cuerpo entero)… está linda la suiza… (risas).

La Mona sale a escena, cumple su promesa y hace el milagro: suena Paloma Loca, y Jiménez grita “¡¡¡Para Julia!!! ¡¡¡Para Julia de Suiza!!!”. Y por un segundo, fue como si Zurich fuera un barrio más de Córdoba.

 

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