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Romeo Santos en Córdoba: el rey de la bachata revalidó su corona

Romeo Santos volvió a probar que, para sus fanáticas, sigue siendo su majestad. 15 mil personas hicieron del Kempes una gran pista de baile.

La música ya supo de monarquías más o menos “justas”: Elvis era el “rey del rock”; Michael Jackson impulsó a la máquina del marketing para consagrarse como el “rey del pop” y, muchos años después, Romeo Santos eligió la autocoronación como el “rey de la bachata”. 

Y por más extraño que parezca para muchos, aquellos que no terminan de comprender el encanto que su particular voz genera en sus fans, el muchacho es realmente alabado por sus seguidores. 

La prueba se vio anoche, en el Estadio Mario Alberto Kempes que congregó a unas 15 mil personas (dispuestas a abonar tickets que iban de los 350 a los ¡1.970! pesos), entregadas al repiqueteo constante de este estilo musical que parece haber calado hondo entre los bailarines cordobeses en especial. 

El título “nobiliario” lo habilita a Romeo Santos para utilizar la simbología asociada a los reyes: coronas, bastones, cruces y tronos, dominan una puesta en escena imponente, que lo tiene obviamente a él en el centro de la escena pero bien amparado por una banda numerosa. 

El rey se tomó su tiempo: el show comenzó a las 22.10, cuando había sido anunciado para las 21. Igual, nada les importó a sus fans cuando vieron las visuales del castillo que surge de la tierra con las iniciales RS en la puerta.

Inocente desató un griterío que fue todo un desafío para el sonido...

Musculosa, bajo un saco largo negro, jeans claros y unos borcegos enormes por fuera del pantalón fue el look de la noche.

Las pantallas gigantes reflejaban la imagen del ídolo (Nicolás Bravo). 

Por supuesto que las sillas fueron una formalidad, ya que todo el estadio se las pasó bailando todo el tiempo. Amigo, Por un segundo, Loco (que también popularizó Enrique Iglesias), Cancioncitas de amor (la primera gran ovación) desandaron un primer tramo de show a toda velocidad.

En la banda de 13 músicos hay algunos que merecen doble paga: los ¡cuatro guitarristas!, por ejemplo, así como el percusionista a cargo del bongo. Esos instrumentos son la espina dorsal que sostienen la voz de Romeo.

¿Y qué tal es Romeo como anfitrión? Divertido, agitador, un bailarín simplemente correcto y muy cuidadoso de ser cordial con las mujeres. Claramente marca distancia de sus colegas reguetoneros, por más que en Noche de sexo apele a ese ritmo caribeño. Si hay perreo, que lo animal no quite lo romántico.

Necio (que tuvo como previa un diálogo del cantante con un hombre de la platea junto a su novia), dejó el estadio a disposición de la pareja de coristas, que patearon el penal fuerte y al medio: hicieron una versión de Olvídame y pega la vuelta, el clásico de Pimpinella.

Hizo pasar a cantar a tres chicos para conseguir al verdadero fan hombre de Romeo. El primero dijo "estoy cagadazo, Romeo".

El segundo no pudo ni esbozar palabra, después subió Martín, un niño, quien pudo cantar una canción, y finalmente otro chico (de unos 12 años) cantó con toda la banda Ella y yo. El pibe perreó y agitó el estadio como un campeón. ]

El premio para Valentín fue un disco autografiado y una selfie con Romeo sobre el escenario y con el público a sus espaldas. Un recuerdo para toda la vida, seguramente. 

Sobre el final, lo más esperado: propuesta indecente junto a una escultural morocha que no le tembló el pulso. Besó al cantante y se metieron en la cama dispuesta sobre el escenario. 

Soporte. Los vapores fue la banda soporte, que con su son y rumba ambientaron la espera poniéndole onda y se ganaron con justicia el aplauso. Sonaron con calidad y ajustados.

Ellas fueron mayoría
Tal como se suponía, el público fue mayoritariamente femenino (y vestido como si tras el show tuviera una cita romántica con el cantante). Por supuesto, otro clásico son los novios que “acompañan”, aunque más de uno movió la patita con gusto. Uno de esos fue el cuartetero Damián Córdoba, quien antes de empezar se sacó fotos con muchas fans.

Desde muy temprano, las fanáticas se fueron acomodando a la espera del ansiado comienzo. Sobre las 21, la impaciencia las fue ganando y se sucedieron los cánticos y los aplausos a la espera del ídolo.

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