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La muerte de Rodrigo Bueno, a dos mil

Trece años de veintisiete le tomó carretear pero cuando despegó pasó a toda velocidad como uno de esos cometas que siempre presagian algo y sobre los cuales siempre hay una certeza: se pierden en la noche.

El día en que Rodrigo se transformó en Gardel
El viernes 23 de junio de 2000 fue un día más en la ajetreada vida de Rodrigo Bueno aunque esa noche era inusitada. Tenía sólo una presentación en el boliche “Escándalo” de City Bell en las cercanías de La Plata. Después de grabar su presentación en el programa “la Biblia y el calefón”, ciclo de humor y entrevistas conducido por el desaparecido Jorge Guinzburg, el cantante y su entorno cenaron en “El Corralón”, una parrilla siempre frecuentada por el ambiente artístico.

Testimonios de los presentes indican que llegaron alrededor de las 22:30, no encontraron mesa, que Rodrigo se entretuvo jugando con su pequeño hijo y aceptando los pedidos de fotos y firmas hasta que los ubicaron. Entre los saludos que recibió, uno de los más cariñosos y efusivos fue el de Fernando Olmedo, hijo de Alberto, que fue invitado a compartir la mesa.

El siempre efusivo Pepe Parada (productor artístico, hermano de Emilio Disi) intentó describir el shock de adrenalina que producían las performances de Rodrigo. Olmedo pidió ser testigo y fue invitado por Rodrigo a la presentación de esa noche. “Ustedes me van a dejar en banda en La Plata” dijo Fernando. “Es una noche tranqui, vamos, tocamos y volvemos temprano, te traigo yo” dijo el Potro.

Esa noche el espectáculo antes unas 2.000 personas fue cubierto por Nacho Goano para “El Rayo”, programa producido por Cuatro Cabezas –la entonces productora de Mario Pergolini- y conducido por Dolores Barreiro. Las últimas imágenes de Rodrigo fueron tomadas con una remera promocional del programa. Alrededor de la tres de la madrugada, Rodrigo da por terminado el show cuando “alguien” arroja gases lacrimógenos. “No j… con esto que acá hay pibes”, minutos después sube a su camioneta Ford Explorer roja, a su lado se ubican su hijo y la madre de éste, Patricia Pacheco. Fernando Olmedo sube al asiento trasero del lado del conductor y a su lado dos integrantes de la banda.

“Me encerró, me encerró”. Según uno de los acompañantes que resultaron ilesos fueron las últimas palabras de Rodrigo Alejandro Bueno. Autopista Buenos Aires – La Plata, kilómetro 24,5 a la altura de Berazategui. La camioneta choca contra el guarda rail, da varios tumbos y despide a Rodrigo que fallece en el acto como consecuencia de severos traumatismos en el cráneo. Fernando Olmedo resistirá apenas cuarenta minutos más.

Las placas rojas del canal de noticias no se hicieron esperar. Alrededor de las 4:40 de la mañana del 24 de junio de 2000 la noticia de la muerte del ídolo ya tenía cobertura desde el lugar de la tragedia. Alcohol, picadas, sustancias, discusiones a bordo, las conjeturas se multiplican a la velocidad de la luz, el sonido y el vacío: nadie sabe qué pasó pero todos necesitan llenar el espacio.

A las cinco de la mañana no había noticias de la camioneta blanca. Todos los medios se preparaban para el tradicional homenaje al zorzal criollo, en un año más de su trágico fallecimiento en el accidente aéreo de Medellín en 1935. Los dos se fueron en el punto más alto de sus carreras, los dos fueron voces que el pueblo hizo propias, figuras en las cuales se deposito amor, esperanza y fe. Hoy los dos tienen sus santuarios, privados y públicos, ambos tienen su culto, a ambos se les encienden cigarrillos, se les ofrendan flores, cartas y regalos.

El día en que falleció Gardel, Rodrigo recorrió los últimos metros que le faltaban para lo más alto. Apenas seis meses antes, en una entrevista a las apuradas entre show y show, profetizó que el ya no moriría, que seguiría vivo en el corazón de su gente.

El largo camino hacia la paz
La vida de Rodrigo Alejandro Bueno fue movida pero desde que se convirtió en “El Potro” no paró de girar a miles de revoluciones por segundo. Su personalidad, sus vicios, sus virtudes, su vida amorosa, su relación con Córdoba y el cuarteto, todo estuvo bajo potentes reflectores y, ya se sabe, las luces fuertes producen sombras poderosas. Los motivos del accidente no fueron tratados con mayor delicadeza.

Desde la aparición del video de la estación de peaje que muestra a la camioneta blanca conducida por el empresario platense Alfredo Pesquera, presunto co-participe de una “picada” con el vehículo conducido por el cantante, hasta la confirmación en marzo de 2006 por parte de la Suprema Corte de Justicia de la Provincia de Buenos Aires del fallo de Casación Penal de marzo de 2004 y del primer dictamen del Tribunal Oral 2 de Quilmes que lo absolvieran, los juicios mediáticos fueron furiosos.

El desfile de personalidades más o menos cercanas, los análisis sobre sus actos, sus romances poco contribuyeron a su buena memoria y respetuoso descanso. Si algo se puede rescatar de toda esa maraña es que se mantuvo viva la llama de la curiosidad por su figura y esto redundó en una difusión creciente de su música. A poco más de doce años de su muerte, Rodrigo sigue vivo en cada casamiento, asado, fiesta de quince que se haga en el país y, cada tanto, hay un “escandalete” que lo roza y lo revive en algún espacio de chimentos. Es nuestro deseo que siga cada vez más vivo en los festejos y sea cada vez menos participe en los diretes.

Los herederos
De su hijo solo diremos que le gusta tocar la batería tal como se lo ve de “gurrumín” en el último video con su padre, link que ofrecemos en nuestra contratapa. De Walter Olmos podríamos escribir un fascículo, ya se sabe, de la calle al escenario de la mano del Potro, de una repentina fama a un final confuso, trágico y doloroso como el de su mentor. Ulises mantiene viva la sangre de una familia unida a nuestra música desde lo más profundo. Rodrigo pisó por primera vez el escenario del “palacio de los deportes”, ése en el que Monzón fuera figura, en su mejor forma, con un estilo propio depurado, con toda la confianza que lo llevó hasta ahí convertida en experiencia y potencia escénica. Su hijo lleva su sangre, Walter llevó su bendición, su hermano hace un camino cada vez más propio. Rodrigo hubo y habrá uno solo.
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