TEMAS CALIENTES
Mirá los videos del show de La Mona en Cosquín.
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26/01/2012 00:00
Por Diego Tabachnik
A los 61 años, con más de 40 de carrera, 82 discos editados y miles de bailes (literalmente) en sus espaldas… ¿algo puede poner nervioso a Carlitos “la Mona” Jiménez? Sí, volver al Festival de Folclore de Cosquín, a quitarse “esa espina en el corazón” que le dejó el show trunco de 1988.
En la puerta del camarín se nota esa euforia. Gente que entra y sale, con handies que dan y reciben órdenes. Periodistas. Cholulos. Familiares del ídolo, como su hijo Carli, que define con su novia qué musculosa vestirá en el escenario.
Son casi las 3 de la mañana. Sobre el Atahualpa Yupanqui, Los 4 de Córdoba hacen todo lo posible para domar a la muchachada monera que copó las primeras filas. Desde hace rato, largaron con el clásico “vinimos a ver la Mona, la mona dónde está”, aunque se mantuvieron dentro del límite del respeto y lo comprensible. Igualmente, para que no se prolongue la espera, la Comisión decide reprogramar cinco artistas entre el jueves y el viernes.
Sí hubo un recambio en la plaza: mucho del público netamente folclórico, que disfrutó entre otras cosas del magnífico show de Raly Barrionuevo del comienzo, ahora o se fue al fondo o dejó la Próspero Molina. Pero la tolerancia es el clima que aquí se respira.
Súbitamente se abre la puerta del camarín de Jiménez, y ahí aparece, mitad gaucho, mitad Mona, con un poncho marrón que deja ver un pantalón azul fiel a su estilo. Rodeado por guardias de seguridad, desanda los pasillos repartiendo saludos, visiblemente enfocado en lo que se viene. Llega al borde del escenario, pide una botella de agua mineral, hace gárgaras. Está listo. Tras bambalinas, recita la glosa de Zamba de Alberdi y se lanza a escena amparado en el acompañamiento musical de Los 4 de Córdoba, sus grandes amigos. Cuarteto y folclore se dan la mano. La herida de Jiménez comienza a cerrarse.
Plaza tomada. Amándote, de Jaime Roos, le va poniendo más ritmo a la noche, cuando Jiménez desaparece al tiempo que gira el escenario y su banda ya está lista para su selección de éxitos atronadores. Desde una plataforma levadiza, llega de abajo del escenario, puño en alto, Carlos Jiménez Rufino, la Mona, el cuartetero, el ídolo, el cordobés más famoso para volver el tiempo atrás y terminar ¿Quién se ha tomado todo el vino?, que en el ’88 quedó inconclusa. La Plaza, repleta como nunca con más de 10 mil personas, estalla.
El resto fue un baile al palo de la Mona, compactado en una hora y media, con clásicos como Paloma loca (tocado la mitad con la instrumentación de cuarteto característico, y el resto en sonido actual) Escríbele una carta, Beso a Beso, El bum bum, El marginal y Taxi Taxi, más algunos de su último disco, como El pianista, uno de los más celebrados.
La hora y media de Jiménez sobre el escenario pasó rapidísima. Afuera de la plaza, la Policía notificará después que se detuvieron unas 45 personas que intentaron ingresar por la fuerza sin entrada. Adentro, todo fue pura fiesta, y el saldo general es positivo.
En la Córdoba festivalera, que cada verano abre sus puertas a los artistas de todo el país, queda claro que folclore se dice cuarteto. Y cuarteto… Jiménez.