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Llora el Teatro Comedia: hace 8 años que escucha promesas que no se cumplen

En 10 años de gestión municipal, sólo funcionó en dos, hasta que se incendió. El resto del tiempo se consumió en la interminable odisea de ponerlo de pie, algún día.

En lo que algún día será la marquesina del Teatro Comedia, hoy una pancarta enorme reza el viejo lema latino ars longa, vita brevis (cuyo espíritu es demostrar que el arte perdura y que nosotros somos mortales). Y sí, la “vita” del Comedia bajo la órbita municipal, fue más que “brevis”: comprado por el Municipio en agosto de 2005, el teatro se consumió por las llamas el 28 de junio de 2007 y hasta ahí llegó. Después de aquello, el entonces intendente, Luis Juez, prometió que lo iba a reinaugurar “en 180 días”, pero todo quedó en declaraciones y en proyectos más o menos ambiciosos. Y, de aquellos 180 días, pasamos a 98 meses de inactividad. 

Pasada la intendencia de Juez, llegó el turno de Daniel Giacomino y luego el del actual intendente Ramón Javier Mestre, quien llegará al término de su mandato sin haber podido reabrir el teatro, aunque se lo había propuesto, en sintonía con sus dos predecesores en el cargo. 

La Maraña. El actual plan de reconstrucción comenzó en diciembre de 2011 y las autoridades esperaban, según lo hicieron público a través de la prensa, poder inaugurar el Nuevo Teatro Comedia para su centenario, en agosto de 2013. Pero no llegaron. La fecha se pasó para 2014, y tampoco. 2015, como se ve, ya es un año perdido. ¿Será en 2016? Por lo pronto, la sala cumplirá en breve 10 años en manos del municipio. 10 años, en los que funcionó menos de dos, entre esa expropiación y el incendio que fue provocado por un cortocircuito, según la versión de Bomberos, emitida el 5 de julio de 2007.

Hay que decir que el edificio estuvo en obras en estos últimos años y se han construido la estructura de la cisterna y los techos metálicos del escenario y la sala principal. Pero falta.

El 28 de junio de 2007 se produjo el incendio. Según Bomberos, a causa de un cortocircuito.

¿En qué estado está hoy la obra? Extraoficialmente se dice que la parte estructural está casi terminada y que la cosa estaría ejecutada en un 80 por ciento. En la búsqueda de este dato, nos encontramos con una realidad que nos ayuda a entender por qué todo va tan lento: la maraña burocrática. En Cultura, nos dicen nuestras fuentes consultadas, ya tienen el programa para cuando el teatro reabra, pero eso dependerá del final de las obras, donde interviene Arquitectura. Llamamos a esa repartición y de ahí nos derivan a Infraestructura y, tras decenas de llamados, llegamos a concluir que, por el momento, la respuesta es el silencio.

El problema, nos dice otra fuente del Palacio 6 de Julio, es que el proyecto es “lindo”, pero no hay presupuesto para ponerlo a funcionar. Que falta una firma, que un sponsor, que una partida presupuestaria, que... Todo indica que el Comedia no reabrirá en 2015 tampoco y que, sea quien sea el que gane la elección, la sala verá entrar un cuarto mandato municipal con su telón cerrado.

Opinión

Así estamos, por Gonzalo Toledo

Los 180 días de Luis Juez se estiraron a ocho años y el Teatro Comedia sigue sin levantar el telón. Como canta la popular: “Han pasado muchos años, muchos funcionarios, muchos intendentes” y nada. 

La odisea del Comedia es un espejo de muchas otras cosas que han funcionado mal en la ciudad en los últimos 15 años (no vale perder el tiempo enumerándolas aquí) y también muestra qué lugar tan poco importante ocupa la cultura en las administraciones que han pasado. Como dice una fuente que consultamos a menudo: “cuarteto, humor y muralismo son la prioridad en las gestiones culturales cordobesas”. Y parece que tiene razón. Encima, como si eso no fuera suficiente, al indagar para saber algo más del estado de la obra nos enredamos en una telaraña incomprensible de secretarías, sub secretarías y toda clase de reparticiones que tienen algo que ver o algo que decir sobre el tema, revelando una insoportable trama burocrática dispuesta, a propósito, para que nada se concrete. Las pruebas están a la vista para reafirmar lo dicho y son muy contundentes: ocho años y el pescado sin vender. Así estamos, así nos va.

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