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El final de Herederos de una venganza: más Justicia que venganza

"Herederos" tuvo un final feliz, con casamientos y condenas para los villanos.

Por Gonzalo Toledo

Un casamiento abrió la historia de Herederos y otro lo cerró, poniendo nuevamente en equilibrio el universo de Vidisterra, un pequeño pueblo andino que se agitó por las bajas pasiones (y de las otras) antes y después del Big Bang de la era del malbec, el vino que esa tierra producía a cambio de sacrificios humanos.

Como sólo ocurre en el culebrón, el final fue con justicia y triunfo del bien, algo que ya ni se puede imaginar ni en el terreno de la narrativa de ficción, en cualquiera de sus soportes; pero, bueno, después de todo no es más que televisión y lo justo es decir que nadie podrá superar la gran estafa que significó el final de Lost.

Son las cosas que ocurren cuando una historia empieza a irse por las ramas y a perderse en laberínticas vueltas de tuerca de las que ya no se podrá salir sin estafar las expectativas de quienes la siguieron. Éste no fue el caso de Herederos, la tira que culminó este lunes, luego de haber sufrido una estiradita cuando la cosa ya no daba para más y sólo restaba el esperado desenlace, que llegó con la boda de Antonio (Luciano Castro) y Mercedes (Romina Gaetani).

Justicia I. Quedaban muy pocas cosas por verse y todas tenían que ver con la acción, con explosiones, tiros y algunos hechos de sangre como el de la muerte de Benicio (Benjamín Vicuña), que había entablado el combate final con Antonio, obsesionado por quedarse con Mercedes. En el ida y vuelta de golpes y disparos, el infortunio acabó con la vida del villano, dejando la sensación de que no había otra salida para él que la muerte, como justo precio a pagar por tantas maldades. Tal vez, la certeza de que se cocinó en su propio jugo dejó gusto a viejo, a tema trillado, transitado cientos de veces.

Justicia II. El otro momento de alta tensión mostró a Emilia (Marcela Kloosterboer) apretando el gatillo para salvar a Lucas (Marco Antonio Caponi) de las garras de Rafael (Federico Amador) y así ponerle un punto final a este juego de tres, en el que finalmente se impuso Lucas. En este punto, otra de las cosas que sólo ocurren en las telenovelas: Lucas triunfa en la vida y deja de ser un humilde trabajador que recogía la vid en condiciones laborales indignas, para convertirse en el dueño del viñedo, mediante un casamiento con la heredera.

Justicia III. Aun cuando la trama proponía toda clase de venganzas, el hecho criminal que abrió esta novela tuvo su resolución en los tribunales, donde Rafael y Cosme (Sergio Surraco) recibieron cadena perpetua por el asesinato de Angie (Gabriela Groppa), la chica que estaba a minutos de casarse con Antonio, quien pensaba volverse a la ciudad tras la boda y terminó por quedarse, para encontrar a los culpables. El crimen también marcó el inicio del fin del poder feudal que gobernaba Vidisterra, que a partir de ahora será administrada por la intendenta Delicia (Betiana Blum), con la que se iniciarán tiempos de paz, prosperidad y justicia.

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