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El Quilombero: Dos tipos pesados

Un plomazo y un asesino a sueldo se estorban en “El Quilombero”, una comedia efectiva.

Nicolás Cabré sale bien parado y con todo éxito en una prueba exigente como darle vida a Pignon, el personaje creado por el francés Francis Veber y que se puede conocer en la delirante La cena de los idiotas, película de 1998.

Las risas y los aplausos son bien merecidos en esta puesta de El quilombero, que dirige Arturo Puig y que se encamina a repetir el éxito que recogió en su temporada en la famosa calle Corrientes de Buenos Aires. La obra se presenta en el Teatro Candilejas 2 de Villa Carlos Paz, de martes a domingos, a las 22 y a las 00.15. Las entradas cuestan 425, 475 y 525 pesos, según las ubicaciones. En Internet, en Autoentrada.com.

¡Qué tipo! Decíamos que esta versión porteña de Pignon es un desafío cumplido para Cabré, que se mete en la piel de un personaje que tiene muchas aristas, bajo su evidente atolondramiento que a veces es ingenuo y otras veces parece ser malintencionado. 

Pignon por momentos deja de ser entrañable y se vuelve una pesadilla, capaz de meter la pata en el momento menos esperado y de la peor manera. Uno, desde la butaca, desea que las cosas se encaminen y que Pignon se modere un poco, pero eso nunca ocurrirá. De ahí que el título de El quilombero le hace toda justicia a esta adaptación de Querido asesino de Veber (2008).

Toda la acción sucede en dos habitaciones contiguas de un hotel en el que el fotógrafo Pignon confluye con un francotirador (Marcelo De Bellis), que está en la pieza de al lado por motivos inconfesados. 

Muy bien resuelta la puesta escénica, las dos habitaciones muestran en simultáneo a sus ocupantes y sus objetivos, sus planes y el inevitable cruce entre ambos, en un vaivén de puertas que se abren y cierran y por donde entra y sale un botones insufrible y metido, que compone el efectivo comediante Alejandro “Huevo” Muller, actor de oficio que le aporta una cuota más de delirio a la ya bastante delirante situación que une a los protagonistas: dos tipos pesados, pero por motivos bien distintos. 

Y si bien destacamos el resultado general de la puesta también señalamos el detalle “ruidoso” de los actores microfoneados. Cuando las circunstancias demandan levantar la voz, la cosa se vuelve un tanto molesta para los oídos.

Parecería un obviedad pero hay que destacar la importancia de elegir un buen texto y tener buenos actores. Muchas veces estas cosas coinciden y aun así el pastel no tiene el sabor que uno espera.

Seguramente, a la hora de los premios esta comedia se lleve algunas estatuillas, pero por lo pronto la apuesta es exitosa y le da calidad a una cartelera teatral de verano que siempre está dominada por el espectáculo revisteril y las chicas sinuosas.

Con dirección de Puig, el elenco se completa con Diego Pérez, Mauricio Macu y Mercedes Oviedo.

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