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Creció la Biblioteca Popular de Bella Vista: qué bien se te ve

La Biblioteca Popular de Bella Vista pasó de 400 a 23.000 libros, en 25 años. Susana Fiorito nos cuenta cómo fue.

Pasar de 400 a 23.000 libros no debe haber sido fácil y es lo que marca el paso de los 25 años de la Biblioteca Popular Bella Vista, un espacio que sigue creciendo y se extiende a otras propiedades del barrio. Algunas de esas están incluso a un par de cuadras del enclave original de Rufino Zado 633 y forman parte de nuevos proyectos, como el de tener una pileta de natación para los chicos del barrio.

Hoy, los libros son 23 mil pero no se llega a ese número sumando libros y más libros porque hay un criterio a la hora de incorporar volúmenes a los estantes, según nos cuenta Susana Fiorito, la mujer que comanda con vigor este espacio cultural popular y gratuito del sur de nuestra ciudad.

Allí, en el salón de lectura Susana nos recibe y comienza un monólogo apenas interrumpido por alguna pregunta. Su experiencia la vuelve a ella misma un libro abierto y de sus palabras aprendimos algunas cosas que nos dejaron pensando. Realidad que no conocíamos: muchos libros llegan ahí cuando sus dueños han muerto y sus familiares deciden no conservarlos. ¡Dónde irán los libros de uno, cuando la Madre Tierra nos reclame! ¡Qué será de ellos!

Con unos 2.200 socios, la Biblioteca está abierta de 9 a 13 y de 16 a 20. Así que ya saben, pasen por ahí y conozcan de cerca ese mundo que tiene muchas actividades además de la lectura.

–Se empiezan a acumular libros y uno no sabe cómo ordenarlos.

–No soy bibliotecaria y no sabía nada; pero por suerte tuvimos un muy buen asesoramiento de una mujer que trabajaba para Conabip (Comisión Nacional de Bibliotecas Populares) y que ahora trabaja en la Biblioteca Nacional. Se llama Ana Dobra de Lesta.

–¿Cómo llegan los libros?

–La Conabip manda, según los años y los directores, una caja con libros por año. En estos momentos se está muriendo gente de mi edad, tengo 86 años. Y la gente de mi edad leía mucho y tenía muchos libros en su casa, entonces el viudo o la viuda y, por lo general los hijos, regala los libros de la biblioteca. Pero tenemos que desechar muchos y tenemos un lugar en el sótano para regalar libros a las ‘bibliotequitas’ nuevas, que nacen. Los comisionistas les llevan paquetes de libros y otros vienen a buscarlos. Guardamos los que no tenemos, les hacemos la desinfección para que no empioje a otros.

–¿Cómo es eso?

–Los libros pueden tener bacterias que ponen el papel amarillo y hay procedimientos para desinfectarlos. Luego los incorporamos. Algunos llegan impecables y te diría que muchos llegan sin haber sido abiertos.

Risas generales, y sigue la charla.

–Han sido comprados y no han sido leídos. Lo que creemos que no es bueno, lo desaparecemos, porque acá viene de todo.

–¿Eso va marcando cómo va a ser el lector de esta biblioteca?

–No sabemos tanto como eso, no tenemos instrumentos para medir eso.

–¿Y cuál es el criterio?

–Para empezar, no tenemos ninguna religión, ninguna, porque acá en el barrio hay muchas. En segundo lugar, no tenemos nada que se escabroso porque acá hay muchos chicos. Y no es que no apreciemos la literatura de ese tipo cuando es buena. Acá hay socios de todo tipo y eso no nos parece correcto. Hay todo un trabajo de selección de los libros. 

–Hay muchos libros de estudio ¿es apoyo escolar?

–No damos apoyo escolar, estamos en contra del apoyo escolar. Lo que aquí hacemos es orientar a los chicos para que ellos busquen en los textos, los temas que necesitan.

La charla se prolongó por más de una hora y luego, Susana nos invitó a un recorrido por las distintas salas, mostrando que conoce bien dónde está cada libro. A pesar de no ser bibliotecaria tiene el mapa exacto de la biblioteca en su cabeza. Es la siesta y estamos solos. “Muchos vienen a la tardecita, después del trabajo, vienen a leer a esa hora porque la biblioteca está calentita”, dice con una sonrisa.

Gratis

La Biblioteca de Bella Vista ofrece talleres y toda clase de actividades culturales a miles de vecinos del sector.

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