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La biografía de Rodrigo Bueno, el malquerido

Nacido de pura sangre cuartetera por parte de padre y madre, el “Mandamás” Jiménez lo tuvo en brazos, todo hacía suponer que era un predestinado pero “El Potro” no fue profeta en su tierra y tuvo que trotar un largo desierto. Malquerido: lindo nombre para un pingo.

El hijo de la Bety y el Bueno
Si uno se adentra en el cuarteto y pregunta por Eduardo Alberto Bueno, por “Pichín”, va a recibir como respuesta que se merecía su apellido. Es recordado con respeto y cariño en un mundo donde ambos sentimientos prenden poco entre los cardos de la envidia. Supo tener una disquería en la Galería de las Américas pero es reconocido como representante de sellos discográficos, CBS y Columbia entre otros.

Abrimos la biografía de Rodrigo con el recuerdo de su padre porque el pequeño que nació el 24 de mayo de 1973 recibió de él la sangre de un verdadero laburante del  tunga-tunga y mamó de Olga Beatriz Olave Bellido lo que significa ser cordobés, de barrio San Martín, de Belgrano como Jiménez, amigo de fierro y compañero de farra. Rodrigo Alejandro Bueno podría haber elegido cualquier destino para su vida pero nuestra música popular y los lazos invisibles de nuestro acento y cultura lo habrían acompañado adonde fuera.

Disco baby
Mientras todos sus amigos jugaban con pistolas o autitos de plástico, Rodrigo imitaba a “la Mona” o a Berna, “el pibe de oro” con el micrófono de madera que le regaló su tío carpintero a los dos años y que conservara siempre consigo como símbolo de su esfuerzo y su sueño. Fue a los dos años también cuando sube a un escenario por primera vez, de la mano de Jiménez, durante una grabación de “La Fiesta del Cuarteto”, programa de televisión de Canal 12. A los cinco y de la mano de “Pichín” graba “Disco baby” su primer disco con canciones de María Elena Walsh, placa que llega a ser cortina del programa de Carozo y Narizota. A los once ya era “mascota” de Chébere, el gran portaviones de la revolución del género nacido de las manitos de Leonor Marzano en 1946.
Una voz de raza
Cuenta la leyenda que entre la niñez y la adolescencia voceaba el diario en un puesto familiar. Fue para esa época que cuelga los libros, los pocos libros que tocó en su paso por el La Salle y el Antonio del Viso. Su último día de clases argumento un dolor de panza y no volvió nunca más. Fue en la disquería de su padre que lo tentaron a probar suerte con el grupo Manto Negro en donde hizo una “colimba” que duró hasta los diecisiete. Escribía sus propios temas desde los diez pero los escondía para no mostrar sus faltas de ortografía. A esos temas los cantaba “de canuto” en la casa de “La Yaya”, su abuela, a pocas cuadras de la suya en barrio San Martín.
La foto de tu cuerpo
El primer Rodrigo, el que se soltó de Manto Negro con la placa que titula este párrafo, nombre heredado de una de las primeras canciones que compuso en la adolescencia, era muy distinto al que iba a llenar trece veces el Luna Park: pelo largo y húmedo, trajes de corte italiano, colores estridentes. El Rodrigo que intentó el circuito cordobés de cuarteto gastaba una estética de pop latino más cercana a los grupos de bailanta que ya surgían con fuerza a principios de los noventa.

Córdoba no le daba mucho lugar entonces su padre decide intentar “la Gran Buenos Aires” y lo lleva a presentarse en una de las “catedrales” de la cumbia: el Fantástico Bailable del barrio de Once, en Capital Federal. Nuestra música ya había llegado al puerto a mediados de los ochenta de la mano de “La Mona” y “¿quién se ha tomado todo el vino”. El propio Jiménez dijo alguna vez: “me pidieron que volviera a la semana siguiente, me fui y no volví… es que Buenos Aires tiene eso de que te agarran de paisanito…”. El Rodrigo de los primeros años en la ciudad de la furia hizo carrera con una base musical distante a la que sería su marca personal, el cuarteto característico, al que reivindicaría y homenajearía en sus años de gloria.

La historia de un músico con talento y poca suerte
En 1991 lanzó su segundo álbum “Aprendiendo a vivir” que lo instaló definitivamente en la movida tropical de Buenos Aires con temas como “De patitas”, “Como te bancaba yo” y “No la dejen salir”. En julio de ese año participa en “La Familia Benvenuto” (Telefé) donde interpretó al pretendiente de Karina Buseki, la hermana de Guillermo Francella en la ficción. A fines de 1992 se editó el disco “Completamente enamorado”, Karina lo acompaña en el clip de promoción, placa que además dos canciones compuestas por su madre: “Casarme, no” y “Ruidos de Sirenas”. En 1993 lanza “Made in Argentina” con “Músico de la calle” como tema central,
la historia de un músico con mucho talento y poca suerte. La taba de Rodrigo comenzaba a darse vuelta.
Los chúcaros también lloran
Las espaldas de Rodrigo eran las de Pichín, los hombros sobre los que se paró para dar el gran salto. Se sabe que su padre no sólo fue el primero en creer en él sino el primero en la línea de fuego, el que hacia de todo para que pudiera llegar. Se lo recuerda acomodando instrumentos, negociando presentaciones, contratos y demás. Rodrigo tenía músicos pero el hombre-orquesta era su papá. El 25 de julio de 1993, minutos antes de la presentación en la disco “La Joya” de Villa Fiorito, Eduardo Bueno sintió un agudo dolor en el pecho y se desplomó en brazos de Rodrigo para ya no levantarse. A partir de esa noche el cantante hizo un largo duelo de más de seis meses y un profundo click. El Rodrigo que volvería del dolor ya no sería el mismo.
Los primeros mios
Hacia fines de 1993 grabó un nuevo álbum titulado “Made in Cordoba" que incluía temas como “La Virgen María de mi alma" y al poco tiempo edita "De Enero a Enero". Para ese entonces, la carrera de Rodrigo iba creciendo en Buenos Aires, zona de influencia y su figura ganaba espacio en los medios. En 1995 firmó con Sony y grabó el disco “Sabroso” el cual contenía canciones en clave de salsa y merengue. Este material no tuvo el apoyo de la disquera y terminó sin el éxito que se esperaba.

Tras este periodo, Sony le devolvió el contrato a Rodrigo. En 1996, con el sello discográfico Magenta, Bueno lanzó “Lo mejor del amor”. Por este trabajo recibió el premio ACE. Al año siguiente, Bueno tuvo a su primer hijo varón, Ezquiel Ramiro. Unos meses más tarde, grabó en el “Fantástico bailable” el disco en vivo “La leyenda continúa”, trabajo se convirtió rápidamente en Disco de Oro. Su despegue definitivo fue con “Cuarteteando” grabado aquí en Córdoba. Canciones como «Y voló, voló» y «Ocho cuarenta» fueron los más exitosos del disco.

“… ahora soy yo el que no tiene ganas de volver a tocar allá. Un día los cordobeses se van a dar cuenta de que se equivocaron conmigo”
Esta frase circula en la web, en cada blog o foro dedicado a su figura y memoria, sin fecha ni datos que permitan verificar su autenticidad. Sabemos que Rodrigo amaba a esta ciudad, a su música y a su gente. También sabemos que nunca olvidó que la música y la ciudad no le fueron propicias en sus comienzos.

Cuando Rodrigo brillaba con potencia en el país, aquí apenas “movía la aguja”. Una encuesta de la consultora Delfos de principios de 2.000 indicaba que el 72% prefería a Carlos Jiménez y sólo un 15% a Rodrigo. La misma muestra se realizo en 2.001, a un año de su desaparición física, y los números fueron 46% y 40% respectivamente.

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