TEMAS CALIENTES
20/02/2012 17:47
No eran tiempos fáciles. Y en ese entonces el grupo había sufrido su única fractura interna después de aquello que fue una verdadera explosión musical en el folclore. Los Nocheros habían anunciado el alejamiento de Jorge Rojas en 2005 y aunque de forma fue muy prolijo, se sabía que la presión con la que correría el nuevo Nochero no sería nada sencillo.
Y fue Álvaro, el hijo de Mario, que a los 20 años se comió toda esa presión. “Estaba llegando de viaje y a las dos de la tarde tenía que ir a la facultad. Llega mi papá a las menos diez y me pregunta si tenía tiempo para hablar con él. Yo le contesté que no porque sino llegaba tarde a la universidad. ¡Me puso una cara! Mi mamá ya me había venido a saludar normalmente y me dio un abrazo rarísimo. Somos cariñosos, pero me estaba diciendo muchas cosas y ya olía que había algo raro, pero sin imaginar de que estaba por entrar a Los Nocheros. Al final le digo que sí a mi papá, me lleva a la pieza y me dice que se iba Jorge”, contó de aquel momento hasta que se encontró con la propuesta: “Yo interpreté con eso de que era un momento para que nos apoyemos, para que estemos todos bien, porque somos muy familieros y todas las fuerzas y las ganas salen de adentro la casa. Después me dijo que habían pensado en mí, me quedé heladísimo y nunca dije un sí o un no, pero obviamente me entregue a las manos de mi papá y a los brazos de mi mamá. Así arrancó todo, pero nunca di un si… fue un abrazo para interpretar de que estaba con ganas de vivir lo que venía”.
Los recuerdos de Álvaro son notables. Su vida era otra cosa, pero después se animó a todo. Y los resultados se están notando. “Es insoportable, jaja, como jode. Nos hincha a todos. Tiene unas ganas, en el colectivo nos pone la música al palo. No para y esa energía fue muy importante para todos nosotros”, cuenta su tío Kike.
“La gente disfruta de lo que nosotros disfrutamos hacer. Siempre decimos que somos un grupo de folklore, por nuestra forma de tocar y nuestras influencias, pero a veces tomamos clásicos del folklore y los hacemos baladas, y nos hacemos cargo de lo románticos que somos. Les cantamos a las mujeres y al amor. Es lo que nos gusta”, concluye el pibe que disfruta del gran sueño que le toca vivir. Y bien que vale la pena.