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Adrián Gómez llega al Teatro Real con una obra bien Pulenta

Adrián Gómez llega con “Pulenta!” al Teatro Real este jueves, con dos funciones. El camino de alguien que pasó de hacer bromas en el colegio a hacer reir a todos.

Adrián Gómez, el multiplicador. A decenas de personajes los transforma en miles de carcajadas. “El humor es parte nuestra”, dijo Miguel Iriarte. Y vale la pena citarlo a modo de homenaje y, también, como manera de definir lo que somos los cordobeses. Adrián Gómez lo sabe y es por eso que decidió hacer una fuerte apuesta. Apuesta rima con respuesta y en el Teatro Real será la puesta. Y con doble función, este miércoles, para presentar Pulenta!, súper humor cordobés.

Gómez disfruta el momento. Viene de un año consagratorio a partir de su exitoso paso en los fines de semana largo, en Carlos Paz, y la popularidad a la que arribó con su participación en el programa Juntos, de Cadena 3.

¿Sorprendido con el fenómeno? “Sí, por cómo se dio todo”, le dijo Adrián a Día a Día. Agradece a Cacho Giordano por la oportunidad que le dio en el teatro Zorba. Claro que no la dejó pasar y cuenta el secreto de ese éxito. “Decidimos poner todas las fichas y que no fuera un choreíto”, contó. A eso se sumó el exitoso paso por el Festival del Humor, en San Francisco. Algo que repetirá, seguramente, en Río Cuarto.

Golazo.

El Teatro Real le vuelve a abrir las puertas. En el ‘94 tuvo su primera vez, como integrante de Los Galenos. En 2012, festejó ahí los 20 años de su programa de radio Cansados de hacerlo bien, con dos funciones a sala llena. Este jueves, igual: “Tengo un gran cariño por ese lugar por lo que significa y porque las veces que fuimos la gente nos acompañó muchísimo. Hacer esta obra el Real es un desafío enorme. Nunca armamos algo tan grande, con tanta preparación”.

Pulenta!, súper humor cordobés

¿Y cómo arma a sus personajes? “Algunos son de construcción; otros, de casualidad. Ricardo Mario Alberto nació de casualidad y después tuvo una construcción. Quizá, es el que más construcción terminó teniendo. El barrio, los vecinos, los padres, los hermanos. Vive al frente del Wal-Mart, que es un kiosko del Walter y la Marta, al lado del Gordo Marilyn, que es el peluquero del barrio. El licenciado Elefantini surgió de una reunión que tuve con Claudio Fantini. Cuando salí de esa reunión, me preguntaron cómo me fue y empecé a hablar como él. Se cagaron de risa, me dijeron que me salía igual y ahí lo hice personaje. Algunos me permiten contar chistes, pero para la mayoría tengo que estar informado. No puedo hacer Elefantini diciendo ‘Venía un gallego y’… El contenido está relacionado con lo que pasa”, describió. 

Reconoce que adquirió mucha gimnasia con los distintos ciclos radiales en los que participó o produjo: “Empecé hace 24 años en una FM trucha. Mis orígenes radiales fueron a la noche. Era un salto sin red. Los oyentes te dicen cualquier barbaridad. Cuando hacía el Pai, llamó uno y me dijo: ‘Pai, anoche no se me paró’. Y yo tenía que contestar algo gracioso como el Pai, pero sin zafarme. Eso me dio mucho ejercicio”. También resaltó en su formación mirar a Tato Bores, La Noticia Rebelde y ser libretista de viñetas en medios gráficos. 

Conocé cómo nacieron sus principales personajes

El humor es patrimonio cultural de Córdoba. En función que hay cambios tan vertiginosos en la sociedad actual, ¿cómo se mantiene ese humor cordobés? Así lo explica: “El humor está en la gente. Vas a un asado y resulta que siempre hay un par de guasos que cuentan chistes mucho más graciosos que uno. O, con una salida ocurrente, hace reír mucho más. Cuando vas a la cancha y escuchás las giladas que gritan, no lo podés creer. Los cordobeses tienen la lengua filosísima. Al lado de esas, Moria Casán la tiene mocha”. 

¿Eso vuelve al público cordobés más exigente con el humor? “Totalmente. Es difícil sorprender al cordobés con el humor. Por eso, para el humor tradicional, tenés que tener muchas condiciones histriónicas para ser un buen contador de chistes. Respeto mucho esa profesión. Algunos humoristas dicen ‘yo no soy contador de chistes’, como algo peyorativo. Yo no soy contador de chistes porque no me da el cuero. Tengo mis limitaciones. A los chistes los cuento a través de Ricardo Mario Alberto, con el valor agregado de su historia. Y cerró: “Logré hacer un humor más masivo y no tan críptico, como hacía 20 años atrás. Y, sin cambiar el estilo, aporté un granito de arena en el humor. Dentro mío hay muchos matices: de Elefantini, con reflexiones profundas, al Payaso Friki, que se va a la banquina. Eso es un triunfo para mí”. 

PARA IR AL TEATRO

Se pueden adquirir por Sistema Autoentrada, a 150 pesos. Serán dos funciones: a las 20.30 y a las 22.30.

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