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Abel Pintos puede cantar lo que quiera en Cosquín

Ante una plaza repleta, el cantante demostró una vez más su efectividad y mezcló folclore con sus más recientes sonidos pop en una fiesta de espuma loca y baile a rabiar.

Una hora de hits no es algo frecuente en Cosquín. Son pocos los artistas que logran tal efectividad en un escenario donde la programación es extensa y el tiempo acotado. Abel Pintos logró, en la cuarta luna, mantener levitando a los fans sobre la plaza.

El arranque pisó fuerte con Cómo te extraño y Pájaro cantor, los dos cortes más difundidos de 11 el disco que lanzó en octubre. Eran las 00.45 y la transmisión televisiva estaba en llamas.

Con pantalón ajustadísimo negro, camisa del mismo color y un saco largo blanco con flores bordadas, Abel Pintos comenzó a “nadar” en el espacio con suaves movimientos que irían in crescendo en frenético baile cerca del final.

En una de las noches más convocantes, unas 8.500 personas colmaban la plaza del Festival Nacional de Folclore de Cosquín.

Antes del show, en la conferencia de prensa, le habían preguntado, en pocas palabras ¿por qué viró hacia el pop?, y él respondió con mucha tranquilidad que había crecido con todo tipo de música y le gustaba tocar por igual folclore y pop.

El tercer tema fue Peregrinos, dedicado a “todos los peregrinos y peregrinas que andan tantos caminos con nosotros", canción del disco Reevolución que agitó a los fans de años, sentados dentro de la plaza y parados afuera buscando ver por cualquier resquicio del alambrado. Luego, otro éxito “viejito”, Sólo, y un chamamé que interpretó con el protagonismo de su guitarra: El río va (2004). 

Nahuel Pennisi, el músico oriundo de Florencio Varela que comenzó como cantante callejero y se convirtió en un destacado profesional del ambiente, entró al escenario para compartir una electrizante versión de El Corralero. Su particular modo de tocar la guitarra y un registro tan agudo como el de Pintos hicieron que el anfiteatro contuviera la respiración durante los minutos que duró la canción.

El clima intimista continuó con una versión de la Chacarera de las piedras y los elogios de Pintos hacia el artista ciego que más tarde tendría su momento personal en la Próspero Molina.

Ya solo otra vez sobre el escenario, Abel Pintos cantó Asuntos pendientes (el tema que grabó con la española Rozalén), Sueño dorado y otra canción del disco nuevo, Mariposa. Con espuma loca y mucho baile: Motivos, De sólo vivir, Cuántas veces y Crónica.

"Muchas gracias familia, a todos ustedes que viajan desde distintos lugares. Un placer estar un año más y un honor estar aquí", dijo el músico cerrando un show intenso con la habitual “bendición” a creyentes y no. Cerró con A-Dios y todo el público de pie.

En los bises, dos canciones y un cambio de ropa: remera roja y sombrero negro, para interpretar Bella flor y Revolución, clásica despedida que deja al público queriendo que esto no se termine.

El show se pasó volando y la certeza queda en el aire: Abel Pintos se gana la ovación y el aplauso sin distinción de géneros musicales. Y con eso es disruptivo para un escenario icónico que, si se sacude los moldes de la ortodoxia, gana vigencia mostrando el folclore en su genuino significado: costumbres, creencias, canciones, de carácter tradicional y popular.

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