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Ricardo Arjona y una cita romántica bajo la luna llena

En el Kempes, una multitud recibió a Ricardo Arjona que ofreció una puesta en escena deslumbrante y no dejó hit sin tocar. Mirá los videos.

Una señora rubia se para sobre su silla y dirige a sus amigas en un coro de Señora de las cuatro décadas, mientras arenga y da energías a pulmón pelado. Un rato antes, la gente de la platea se había entretenido haciendo la ola, mientras el cordobés Martín Monguzzi, telonero del show, se despedía. El Estadio Kempes se convertía en una caldera bullente de entusiasmo en la previa de una nueva presentación de Ricardo Arjona en Córdoba.

Las inmediaciones del gran coliseo cordobés también eran un reflejo de lo que pasaba adentro. Ver hacia el Kempes desde los aledaños del Complejo Feriar era contemplar un auténtico mar de automóviles, además de carritos de choripán, vendedores de recuerdos y, por supuesto, chicas (y algunos novios resignados), caminando ansiosos hacia los accesos, iluminados por una luna límpida y gigantesca.

Adentro, las sonrisas entusiasmadas eran la moneda corriente, entre algún que otro vaso de cerveza y varias vinchas y remeras alusivas. Firmes, bien cerquita del escenario, estaban las integrantes del club de fans cordobés de Ricardo, que hasta se animaron a cantar un rato para la cámara de DiaaDia.com.ar.

Puesta impactante. Arjona venía a presentar su más reciente disco, Independiente, y prometía como siempre, una puesta en escena impresionante que se confirmó 15 minutos antes de las 22, cuando la pantalla que dominaba el escenario se encendió ofreciendo un popurrí de escenas televisivas que sirvieron como introducción a Vida.

Y vaya que lo monumental se hizo realidad. En esta especie de primer cuadro, la puesta en escena presentaba el aspecto de un loft de dos pisos, mientras la voz del cantante guatemalteco sonaba aún en off. Apenas después, cuatro de sus músicos salieron a zapar, interactuando con una actriz que hacía las veces de mucama del departamento.

Intro inusual para la aparición de Ricardo, quien surgió desde detrás de la biblioteca para encarar los aires countries de Lo que está bien está mal, la primera de las varias canciones de Independiente que sonarían en la noche. Avalancha de gritos para recibirlo, junto con un sonido que, si bien venía bien ecualizado, se empastaba un poco en las filas traseras. Defecto que se solucionó para el tema siguiente, Animal nocturno.

Arjona sabe como manejar a sus “chicas” con una mezcla de postura de “macho” áspero y palabras de seductor, tal como hizo en la introducción de la primera balada de la velada: Hay amores. “Hace rato que no estamos acá”, dijo al terminar la canción, prometiendo “una noche larga”, dichos que hicieron que el inicio de Acompáñame a estar solo viniera ahogado en gritos, en una versión donde brilló la claridad del piano.

Ya para ese entonces, el marco escénico había cambiado (de la mano de un mecanismo giratorio), mostrando un ambiente de teatro, con cortinados rojos, estilo barroco y el acompañamiento de una violinista en largo vestido. “Antes de salir a buscar el amor de su vida, la gente debería empezar a quererse un poquito”, largó Ricardo, para enlazar con El amor, coreadísimo por el público de la platea y acompañado por su videoclip proyectado en la pantalla gigante.

La nostálgica La novia, siguió después, instrumentalizada por un organillo que Arjona definió como “un capricho” y fotos de la infancia y la juventud del cantante, a tono con la letra de la canción, dedicada a su madre. La dulzura dio paso al “cachondeo”, con Taxi, aquel viejo hit que supo despertar las fantasías de varias y, en el Kempes, levantó meneos de caderas por doquier. Además, incluyó un “jueguito” de seducción del guatemalteco y su violinista, quien firmó la canción con un excelente solo.

Fue la segunda mitad del recital la que tuvo más peso emocional, ya que Ricardo echó mano a “esas que nos sabemos todos”. Así, cayeron Dime que no (con un nuevo cambio de escenario, esta vez un ambiente de bar), Cómo duele, Pingüinos en la cama, Señora de las cuatro décadas (estos tres vinieron uno atrás del otro, pegaditos) y Fuiste tú.

El cierre vino a puro golpe emocional con una catarata de favoritos: Te conozco, Te quiero, Si el norte fuera el sur (uno de los primeros hits de Arjona) y El problema. De todas formas, lo que más deben haber faltado en la noche fueron, justamente, problemas: las chicas se llevaron sueños románticos a sus almohadas y el guatemalteco, el cariño de uno de sus públicos más fieles.

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El texto original de este artículo fue publicado el 08/04/2012 en nuestra edición impresa. Ingrese a la edición digital para leerlo igual que en el papel.
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