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Poli o ladrón, actores de una misma zoociedad

Una obra de teatro, fruto de una investigación personal de los actores, permite acercarse de manera conmovedora al mundo del delito. Los protagonistas son un policía, un ladrón y la sociedad.

Pablo Tolosa interpreta a un policía que trabaja en una comisaría (Gentileza Zoociedad).

Pablo Tolosa interpreta a un policía que trabaja en una comisaría (Gentileza Zoociedad).

Carolina Godoy interpreta a Dami, un preso de Bouwer. Conmovedor (Gentileza Zoociedad).

Carolina Godoy interpreta a Dami, un preso de Bouwer. Conmovedor (Gentileza Zoociedad).

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23/04/2012 00:00

Por Redacción Día a Día

Quizá resulta violento –¡qué paradoja!– encontrar una crónica sobre una obra de teatro en la sección Policiales. Sin embargo, esto no se trata de un error, sino de una decisión editorial.

La representación de la que se habla en estas páginas (y de la que se reproducen algunos fragmentos) no es ficción y podría ser la investigación periodística (habría que decir antropológica) más importante sobre el delito que se haya publicado en estas páginas.

Y por eso usted la lee en la sección Policiales. Porque los actores de la foto dicen en su trabajo muchas de las cosas que los periodistas que hacemos esta página estamos acostumbrados a escuchar de policías y ladrones.

Y la reproducimos aquí porque, a decir verdad, estos actores lo hacen mejor que nosotros.

Fragmentos. El actor, que representa al policía, se acerca al centro del escenario y señala, como si fuera Gulliver en el país de los enanos, un supuesto mapa en el piso. Está describiendo –desde lo alto– el barrio donde se encuentra la comisaría cordobesa en la que trabaja y el perfil de los vecinos que la rodean: “Ése que vive acá es choro. Este también. Este y este también. Acá (señala con el dedo) venden merca. Malísima. Acá también venden. Mala también. Este es choro. Este es choro. Este es choro. Este es fiolo”.

Cada vez que su dedo índice vuelve a apuntar hacia abajo el actor está indicando algo, alguien. Está describiendo un territorio como se lo describió el policía y de a poco va tejiendo un contexto, real, impresionante: “Acá vive un buen hombre. Un tipo grande. Hace changas. Tiene los tres hijos presos. Acá vive un policía. Un juancito (policía joven). Acá otro policía. Acá otro. Todos juancitos. Acá vive un comisario. Acá un ex comisario”.

El público se impresiona y mira con asombro. No es para menos. La obra se basa en el testimonio de un policía que habló y, por momentos, parece que habló de más.

Sin embargo, lo que dice el actor (que no es más que lo que dijo el policía) está bien dicho y sólo parece falso cuando se nota que su fuente hace lo que han hecho todas las fuentes de todos los periodistas que alguna vez investigaron el mundo del delito: miente para parecer más importante de lo que en realidad es.

Pero volvemos a la obra. El personaje sigue señalando las casas invisibles que brotan del suelo, de ese territorio al que los espectadores están invitados a visitar, dice señalando las casas invisibles: “Choro. Choro. Choro. Vendedor de merca. Dealer. Así se le dice. Acá otro policía. Como yo. Una bosta para muchos –dice el actor con una mueca que parece una sonrisa, pero luego se vuelve una expresión tensa, casi de desprecio cuando mira fijo al público– una bosta, pero bien que cuando sienten un ruidito en el techo, llaman”.

Se trata de uno de los momentos más intensos de “Historia del trompetista que no fue”, la obra protagonizada por Pablo Tolosa (el actor que hacía de Pablo en la serie cordobesa La Purga) y que es uno de los protagonistas de Vigilar y Castigar, la obra de teatro que se enmarca en el proyecto teatral de Antropología Urbana Zoociedad, que dirige Jorge Villegas, el reconocido dramaturgo cordobés.

Antes. Antes del monólogo del trompetista, el escenario es ocupado por una actriz, Carolina Godoy, y otro monólogo. En su caso el personaje representado, también real, también creíble, también fruto de una muy interesante investigación de campo, es “El Dami”. Un preso de Bouwer que aceptó hablar con los investigadores y contar su historia.

Carolina Godoy, en su papel de “el Dami”, dice: “Para robar hay que robar en serio. No quioscos. No almacenes. No jubilados. Robar en serio. Robar es apropiarse de algo del otro. Robar es encañonar a otro. Obligarlo a que te dé todo. Por las buenas o por las malas. Entonces el robo se diseña. Se estudia. Se planifica. Hay que tener paciencia. Paciencia y adrenalina. Virtudes del choro. Del choro de roña. Entonces se hace. Un robo en grupo. Un robo con cómplices. Un robo fuerte. Duro. Áspero. Peligroso. Eso me gusta” y su cara asusta, increpa, preocupa.

No hay dudas de que lo que describe realmente ha ocurrido, como tampoco hay dudas de que no está contando toda la verdad: “Llegamos vestidos de policías a una casa de barrio. Es temprano a la mañana. Golpeo la puerta. La Policía, digo. No muestro la cara. Simulo mirar una orden de allanamiento. Tengo una orden de allanamiento. Alguien está detrás de la puerta. Se abatata y abre. Abre y entramos”, relata.

El trabajo es notable. Los actores logran algo muy difícil: producir en el público una reacción de sorpresa comparable con la que cualquiera siente al visitar por primera vez una cárcel o una comisaría.

Algo que es casi tan intenso como lo que se siente al hablar por primera vez con un ladrón o al escuchar las confesiones de un policía de esos que a veces parecen estar demasiado en contacto con “el ambiente” que los rodea.

– ¿Cómo se hizo el trabajo?
–Pablo: Tuvimos una serie de entrevistas con ellos y comenzamos a bocetear los personajes. A medida que hablábamos y con la ayuda de Jorge Villegas (el director) fuimos construyendo el guión.

– ¿Y dónde se entrevistaban?
–Carolina: Yo en la cárcel, porque el Dami está preso.

– Pablo: Nosotros, con mi personaje, nos encontrábamos en la comisaría o en la casa del policía o en donde él me llevara.

–¿Y los afectó personalmente el trabajo?
– Carolina: Para mí fue horrible. Me costó mucho. Después de ir una primera vez a la cárcel no quería ir más. Además yo conocía a mi personaje desde antes y eso me movilizaba mucho. Sentí que me introducía en un mundo de mucha oscuridad, sin esperanzas

– ¿Vos Pablo?
– También, pero no tanto. Me impresionó que al principio buscábamos opuestos. El policía y el ladrón, pero los dos terminaron pareciéndose mucho.

– ¿Por lo que hacen?
– No. Por lo que se creen que son. Se consideran importantes, grosos, que saben la posta de las cosas. Uno dice “a mí me respetan porque soy cana” y el otro dice: “A mí me respetan porque soy choro de los buenos” y resulta que los dos son demasiado parecidos.

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La batuta de Jorge Villegas

“El objetivo era crear seis obras breves basadas en biografías actuales de personas cuya vida esté, de algún modo, o atravesada por el capitalismo”, explica varios meses después el director que después de realizar la selección se encargó de acompañar el trabajo de los actores en la construcción de sus personajes.

Uno de esos trabajos terminó conformando el “Proyecto Calle” cuyos protagonistas son una mujer en situación de calle y una empresaria exitosa. Otro es el “Proyecto Che Pibe” (todavía no estrenado) donde dos actores convivieron y retrataron a dos adolescentes y, finalmente, Vigilar y Castigar, la obra de la que se habla en este relato y que protagonizan Carolina Godoy y Pablo Tolosa.

La obra, que pronto tendrá una sala estable, se representó el viernes y el sábado y volverá a representarse dentro de quince días. Para asistir hay que llamar a los teléfonos: 0351-152654271 o 155113106. También se puede hacer contacto en el correo electrónico gocaro@hotmail.com.

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