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Pocholito: el adolescente que carga un homicidio, robos, tiroteos y una fuga de película

Escapó del Complejo Esperanza a fines de marzo y fue capturado en un pueblo santafesino un mes después. El martes, volverá a Córdoba junto con su pesado prontuario.

La prolongada fuga de A. C. M., Pocholito, el joven de 16 años que un mes atrás escapó del Complejo Esperanza, llegó a su fin el viernes último, casi a las 23. Rodeado por policías sin uniforme, cansada y con hambre y sin arma de fuego alguna, Pocholito se entregó en el pequeño e histórico pueblo de Puerto Gaboto, al norte de Rosario. Lo de histórico es porque allí donde ahora está Gaboto se emplazó el primer asentamiento europeo en el actual territorio argentino. Lo de pequeño, porque viven allí menos de tres mil personas. 

El escape de Pocholito incluye  tiroteos con la Policía de Santa Fe, una huida a lomo de una yegua robada y la presunción de que para cruzar dos provincias realizó una serie de asaltos desde el 27 de marzo, cuando se fue del Complejo Esperanza, hasta que fue recapturado, el 28 de abril.

Aún hay sospechas de cómo logró escapar aquella vez del Complejo Esperanza, en las afueras de la ciudad de Córdoba. La versión oficial es que durante la tormenta de aquella madrugada, cortó con una sierra los barrotes de su celda del instituto San Jorge (uno de los pabellones del Complejo), trepó el alamabrado y ganó la inmesidad del campo sembrado. Lo hizo junto a otro menor del que se separó. Pocholito siguió hacia su tierra, Frontera, el pueblo santefesino que está separado por una calle de San Francisco, la ciudad más importante del este cordobés.

Ya volveremos sobre Frontera. Antes hay que decir que aún no está claro cómo atravesó media provincia, sin un peso ni ropa, y cómo consiguió las armas con las que (según dice la Policía de Santa Fe) atacó varias veces durante este mes.

El arma que le secuestraron a la novia.

El primer rastro de Pocholito después de su fuga data del 5 de abril, cuando un camionero Germán Fauct (27), de la empresa entrerriana Pollos Noelma, detuvo su marcha en la ruta 19, a la altura de la localidad santafesina Josefina, también fronteriza. Cuando bajó del camión, dos personas jóvenes lo asaltaron y balearon con una 22, por lo que debió ser internado y operado en el hospital Iturraspe (en San Francisco). Se sospecha que los delincuentes fueron Pocholito y su novia. Usaban una moto Twister, y se llevaron 4.200 pesos y dos celulares.  

El 13 de abril, la Policía santafesina tuvo un dato cierto de Pocholito: se escondía en un rancho abandonado en las afueras de Frontera. Hasta allá fueron los policías, pero el adolescente los recibió a balazos de calibre 38, y aprovechó un hueco de la precaria construcción para ganar los pastizales y perderse en la noche. En el lugar apareció una moto Twister, que había sido robada el 3 de abril en la localidad cordobesa de Miramar. Los cabos comenzaban a atarse.

El 20 de abril quien cayó fue la novia de Pocholito. N.V.G. (16 años) iba con un joven en una moto cuando la Policía copó el asentamiento Los Eucaliptus. Entonces, la chica se baja del vehículo y corre hacia los yuyales cercanos, mientras que el adolescente acelera a fondo en la moto, y vuelve a perderse. La adolescente portaba una pistola Bersa calibre 22, y quedó a disposición de la Justicia de Menores de la vecina provincia, como sospechosa de haber participado en el violento robo al camionero entrerriano.

La moto que abandonó en Frontera.

El 27 de abril, Pocholito volvió a aparecer en el otro extremo de la provincia de Santa Fe, sobre las márgenes del río Paraná. No está claro cómo llegó desde Frontera hasta Puerto Gaboto. Se cree que arribó entre el domingo 23 y la madrugada del 24, posiblemente en un Fiat Duna conducido por un vecino de Frontera. Allí fue a la casa de otro adolescente, quizá un primo, pero el lazo familiar no está confirmado.

Por el pueblo, Pocholito caminaba lucuiendo su nuevo corte de pelo. Pero una cara nueva llamó la atención, y los policías no tardaron en identificarlo en la foto de él que se había irradiado a todas las comisarías santafesinas: a las 23 del jueves 27 de abril, dos policías lo esperaron a la salida de un quiosco. Cuentan los medios de la región de Puerto Gaboto que al escuchar la voz de alto, se tiró al piso, como entregándose. Pero que inmediatamente volvió a perderse en la noche, perdiendo en la corrida su celular.

A las 4 de la madrugada del viernes, los policías que lo cazaban lo tuvieron a tiro. Perp Pocholito adviritó que las sirenas del móvil policial y no lo dudó: tras una corrida por las últimas casas del pueblo, trepó a una yegua  (una vez  más) escapó entre pastizales y cultivos. Lo hizo hacia el sur, a la ribera del río Carcarañá, en su desembocadura con el Paraná.

En la mañana del viernes, Pocholito tuvo un último consejo del padrastro de su "primo". Se encontraron en una barranca del río y el adulto le pidió que se entregara: estaba desarmado, con hambre y frío y sin calzado. Se cree que se mantuvo escondido entre los pastizales o en alguna cueva de las que hay en las barrancas. A la noche, salió a un camino rural e hizo dedo cuando vio que una camioneta se acercaba: pidió ir hasta la entrada del pueblo. El conductor lo subió. Y lo dejó justo en el control que la Policía había montado con el único fin de atraparlo.

Iban a trasladarlo hasta la comisaría del pueblo, pero la orden fue llevarlo custodiado hasta la alcaída de Coronda. El sábado, Pocholito partió hacia San Francisco, y se espera que llegue otra vez al Complejo Esperanza en las próximas horas.

La Justicia de Menores de Córdoba lo reclama por su primer delito "pesado" registrado: cuando tenía 14 años, en abril de 2015, participó del asalto al repartidor Adrián Cravero, en San Francisco.

En julio de 2016, sus abuelos lo entregaron a la Justicia de Rafaela (Santa Fe), que lo buscaba por el homicidio de Santiago Abraham Dávila (56), familiar de la intendenta de Frontera. Sin embargo, por el primer delito, la Justicia cordobesa tiene "la prioridad" del tratamiento en el Complejo Esperanza, donde Pocholito volverá a ser una brasa caliente para guardias y especialistas.

 

 

 

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