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Policiales

Morir joven en Córdoba

Los chicos menores de 24 años tienen dos veces más probabilidad de morir asesinados que cualquier otro grupo etario en Córdoba. Los territorios con presencia narco, las zonas de mayor peligro.

En la ciudad nadie tiene a la muerte violenta más cerca que un joven, de menos de 24 años, que vive en un barrio donde la venta de drogas es una de las actividades económicas principales. Su matador, a su vez, será muy parecido a él: vivirá a menos de 10 cuadras de distancia, en el mismo barrio o en otro con similar presencia de traficantes, le disparará con un arma de bajo calibre y la causa de todo será un ajuste de cuentas.

Por primera vez, se realizó en Córdoba un “Estudio transversal de homicidios violentos”: una radiografía completa de muertos y matadores, que analizó los 84 crímenes que ocurrieron en 2013 en la ciudad y descubrió, en los cuerpos fríos de los que ya no están y la sangre caliente de los que asesinaron, datos a partir de los cuales inferir y analizar claves de nuestra criminalidad.

La investigación, a cargo de Alejandra Monteoliva, directora del Observatorio de Seguridad Ciudadana (OSC) –y exministra de Seguridad–, calcula en 14,6 la tasa de homicidio juvenil en Córdoba.

Este indicador –utilizado en estudios internacionales– se obtiene de multiplicar los 34 asesinatos de chicos -24 en Córdoba y dividir por 240.021, el total de jóvenes de la franja etaria 14/24, según los últimos datos del Censo Nacional. El dato, en sí mismo, no dice nada: empieza a tener valor si se lo compara. La muerte joven es infinitamente mayor a la tasa global de homicidios de Capital, que es de 6,4, está por encima varios puntos sobre el registro completo de homicidios masculino, que se calcula en 11,2 y casi decuplica la tasa de femicidio (1,8). 

“Los jóvenes son los más afectados por la delincuencia y la criminalidad y los principales responsables de la violencia intencional. La concentración en el rango 14/24 años ayuda a identificar el grado de organización para la comisión de delitos. Mientras que las pandillas y patotas se forman y consolidan entre los 15 y 24 (incluso antes de los 14), las bandas criminales con mayor nivel de organización se configuran a partir de los 25 a los 34.

Esto conlleva también una mayor grado de especialización criminal, que se relaciona por otra parte con el tipo de armas y calibres utilizado. En términos generales los más jóvenes e inexpertos arrancan con revólver calibre 22 (corto o largo) y la incorporación de pistola es posterior”, infiere Monteoliva.

Vulnerables

Ya se dijo: el 40 por ciento de las víctimas tienen entre 15 y 24 años. Lo mismo ocurre entre los victimarios: el 38 por ciento está en el mismo rango etario. En el 65 por ciento de los casos las víctimas conocen a sus victimarios y en el 84 por ciento de ellos, la distancia entre la casa de víctima, victimario y lugar del crimen es menor a 10 cuadras (mil metros). 

Llamó la atención del Observatorio que un porcentaje alto de las víctimas, en los seis meses anteriores a morir, tuvo una entrada en alguno de los principales hospitales por herida de arma blanca o de fuego. A ellos, la muerte les dio un aviso, que no pudieron esquivar.

Además, en un 40 por ciento de los casos los asesinos actuaron solos, pero en poco más de la mitad tuvieron compañía: fueron dos o más; y mientras el 63 por ciento de los homicidios se cometieron con armas de fuego, esta proporción fue todavía más alta entre los jóvenes. 

“Es un dato interesante –acota Monteoliva– la diferencia entre los homicidios por ajuste de cuenta y homicidios por riña. Mientras que los ocurridos por ajuste inician a temprana edad tiene una caída abrupta al llegar a los 29 años pero las riñas se mantienen altas y constantes incluso por 10 años más”. 

Los citados ajustes son la causa principal de homicidios, con 30 por ciento. Las riñas le siguen, con otro 20 por ciento. La muerte en ocasión de robo representa el 17 por ciento, con la particularidad de que en la cuarta parte de estos homicidios la víctima es el delincuente, cuya edad promedio es de 20 años. 

“Evidentemente, en nuestra ciudad el grupo poblacional en mayor riesgo de homicidio es el de los jóvenes. Pero esto dice más de la sociedad que somos y de la ciudad que construimos, que de las víctimas o victimarios”, entiende la directora del OSC.

Casi todos, en un contexto de drogas

Una de las más impactantes revelaciones del estudio sobre homicidios es el tipo de vinculación que establece entre drogas y crímenes. El Observatorio tipificó la presencia de tráfico y microtráfico en 60 barrios, divididos en tres categorías: territorios consolidados, en transición y desorganizados, siguiendo un modelo del teórico chileno Hugo Fruhling y tomando como criterio información de la Policía, no publicada hasta aquí. 

De acuerdo a esta categorización, en un barrio con actividad controlada existe un alto nivel de tráfico de drogas, los dealers son pocos y están organizados y el narco controla la violencia y el espacio público, para que el negocio no se afecte. Entran en esta categoría varios barrios cercanos al cementerio de San Vicente: Maldonado, Müller, Colonia Lola, entre otros. Son 23, en total. Según el análisis de homicidios, pertenecen a estos barrios el 32 por ciento de las víctimas y el 26 por ciento de los victimarios. 

Los territorios en transición comparten alto nivel de tráfico, pero los dealers son muchos y desorganizados y no hay control ni de la violencia ni del espacio público. Alto Alberdi, la zona roja del Centro y Villa Martínez, para citar ejemplos en distintos puntos de la ciudad, conforman este grupo. Pertenecieron a estos territorios el 25 por ciento de los muertos y el 12 por ciento de los matadores. 

El tercer tipo son los barrios desorganizados, donde no hay control de espacio público ni de la violencia, el tráfico es bajo y los dealers son pocos. Aquí están ubicados todos los barrios ciudad, Villa Cornú o Nuestro Hogar II y III, entre otros. De este grupo de barrios provenían el 19 por ciento de las víctimas y el 17 por ciento de los victimarios. 

Si tomamos en cuenta a las víctimas, el 96 por ciento residía en alguno de los barrios catalogados por tener presencia narco. Es decir: en apenas 60 de los más de 400 barrios de la ciudad se concentran casi todos los homicidios.

Esto, según entiende Monteoliva, no debe leerse como una directa vinculación entre las muertes y el tráfico. Más bien, señala, el negocio actúa como un “permisor delictivo”. “Allí donde la lógica social que predomina es la de la violencia, donde la cultura es la de la ilegalidad, son más frecuentes los asesinatos, aunque pocos tengan al ajuste de cuentas por deudas de dinero o drogas como detonante”, explica.

9,5% Es el porcentaje de crecimiento anual del homicidio en Córdoba. Pasó de 76 casos en 2012 a 84 en 2013. En la provincia las muertes también subieron: de 126 a 135.

1,1% Es la proporción de participación de extranjeros en homicidios. Lejos de ser un porcentaje significativo, como sostiene el secretario de Seguridad de la Nación, Sergio Berni.

36% En casi un tercio de los asesinatos hay una moto en el medio.

12 De los 84 asesinatos, en 12 casos hubo participación como víctima o victimario de un policía o ex policía.

Para ampliar

El cruce entre drogas, muertes y jóvenes forma parte, a su vez, de un trabajo más completo, con importantes testimonios y datos inéditos. Es “Los perros del narco. Crecer en una economía dominada por las drogas”, investigación financiada por el Foro de Periodismo Argentino (Fopea), próxima a ser publicada, cuyos responsables son Edgardo Litvinoff, Juan Carlos Simo, Juan Manuel González y Ary Garbovetzky.

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