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Policiales

Un médico, a juicio por la muerte de un preso

Cruz del Eje. Está imputado de homicidio culposo: no advirtió que un detenido había sido herido mortalmente con un rebenque.

El preso se retorcía de dolor en su celda. Orlando Suárez (18) había sido encerrado en un calabozo de la comisaría de Cruz del Eje luego de una noche de furia: junto con su padre, Oscar (37), se enfrentaron a las piñas contra un grupo de gauchos durante una celebración tradicional. En la peña volaron sillas de plástico y mesones de madera, y en medio de la riña el joven Suárez fue castigado por todo su cuerpo con el mango de un rebenque talero, instrumento con el que los jinetes azotan a sus caballos.

Después de la riña, los Suárez terminaron tras las rejas, en la comisaría de Cruz del Eje. Y en un momento de la noche, el preso joven, que se tomaba el abdomen con las manos, comenzó a gritar de dolor:

–No doy más, me quiero ir al hospital.

Su padre, Oscar Suárez, pidió a gritos un médico. Eran las 4.30 de la madrugada cuando el doctor Cristian Fabio Barrera, médico del Hospital Aurelio Crespo de Cruz del Eje, y de la Policía, sacó a Orlando al patio de la comisaría.

Según otros presos, pidió al joven que se levantara la remera y se bajara el pantalón, y lo revisó rápidamente. Escribió en su informe que Suárez se encontraba “sin signos de violencia externa y (con) signos de ebriedad”. No advirtió la existencia de un golpe en el hueso parietal izquierdo del cráneo de Suárez. Y según la instrucción de la causa, confundió los síntomas de la borrachera con los desórdenes neurológicos desencadenados por el traumatismo craneal.

El médico Barrera ordenó que Orlando Suárez regresara al calabozo. Horas más tarde, el joven murió en el piso de la celda, recostado en un charco de sangre.

Esto ocurrió el 15 de noviembre de 2007, en un calabozo de la comisaría del Distrito de Cruz del Eje.

La semana pasada, el fiscal de Instrucción de Segunda Nominación de Villa Dolores, Sergio Cuello, elevó a juicio la causa, imputando al médico Cristian Fabio Barrera como autor de homicidio culposo, según el artículo 84 de Código Penal: “Será reprimido con prisión de seis meses a cinco años e inhabilitación especial, en su caso, por cinco a 10 años, el que por imprudencia, negligencia, impericia en su arte o profesión o inobservancia de los reglamentos o de los deberes de su cargo, causare a otro la muerte”.

Según la instrucción, “Barrera, al no diagnosticar la lesión neurológica, privó a Rubén Orlando Suárez de una chance de vida”.

Para el fiscal, la lesión que finalmente le ocasionó la muerte a Suárez “podría haber sido evitada si el profesional médico la hubiera diagnosticado o hubiera tomado otra decisión que no fuera la que tomó: enviar al detenido Suárez nuevamente al calabozo”.

Además, están imputados de lesiones graves los gauchos Oscar Horacio Manzanelli (34) y Eduardo Manuel Manzanelli (35), hermanos, miembros de la agrupación gaucha “Virgen de la Merced”, de Villa Giardino, Punilla.

Riñas gauchas. En el predio de la agrupación gaucha “2 de Abril”, de Cruz del Eje, se estaba celebrando la décimo tercera fiesta de la Cuenca del Sol, en la que participan distintas agrupaciones gauchas de la zona.

Los Suárez bebían vino con coca, sentados en una mesa. No se sabe bien por qué empezó la riña, pero algunos testigos contaron que alguien “le tocó la cola a una chica” que pertenecía a la agrupación gaucha de Villa Giardino.

Un grupo de jinetes se acercó a la mesa y comenzaron a discutir:

–¿A vos te gustaría que yo le hiciera lo mismo a tu hermana o a tu mujer? –dijo un gaucho alto, de pelo largo.

Orlando Suárez –un tatuaje de La Mona en el pecho, otro de Talleres en el brazo izquierdo– se paró para pelear.

Ahí comenzó un intercambio de golpes que incluyó trompadas, botellas y sillas por el aire, hasta que dos gauchos –los hermanos Manzanelli– empuñaron los rebenques taleros por el cuero y comenzaron a golpear a los Suárez con los cabos: uno de madera y el otro de metal. Padre e hijo recibieron golpes en la cara, en los brazos, en las piernas; y varios testigos coinciden en que un terrible golpe sorprendió a Orlando en la cabeza y lo obligó a sentarse en una silla, medio desvanecido.

La riña se prolongó un tiempo más, la música paró y la Policía detuvo a los Suárez. Los gauchos escaparon por los fondos del predio, y cuando uno de los organizadores del evento los cuestionó, Oscar Manzanelli le dijo:

–¿Qué quiere que le hagamos? También tenemos sangre, somos hombres. Le tocaron el culo a una de las chicas, no hicimos nada; le pusieron un cuchillo a un menor de 14 años en la garganta… ¡Y me cagaron de un arrebato!

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La celda

Oscar Suárez y su hijo Orlando entraron al calabozo número dos de la comisaría de Cruz del Eje a eso de las 2 de la madrugada del 15 de noviembre de 2007. A las 4.30, el médico Barrera revisaba a Orlando y lo mandaba de nuevo al calabozo, porque, según dijo, sólo estaba borracho. El joven obedeció y en la celda, se quedó dormido.

Después de las 7, el padre de Orlando Suárez advirtió que su hijo no se movía. Estaba tendido en el piso, sobre una mancha de sangre.

La autopsia determinaría que la causa eficiente de la muerte fue un “traumatismo cráneo encefálico”.

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