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Policiales

Luis Castana, sin más opción que confiar

El padre de la joven mamá asesinada hace un año pide que no olviden a su hija. Y confía en que la Justicia encuentre al culpable de tan atroz crimen. 

A Luis Castana la voz se le quiebra tantas veces como se le humedecen los ojos. Confiesa que no puede hablar de Andrea, un nudo en la garganta se lo impide, y un silencio profundo acompaña el armado de su cigarrillo. Baja la mirada. Corta el contacto. Enciende el cigarrillo y mueve sin parar el improvisado cenicero. 

Prefiere hablar de cómo va la investigación, sabe que hay varias líneas abiertas y confía en que van a encontrar al culpable de tan brutal crimen. “Si no confío en eso, ¿qué hago?”, pregunta de manera retórica, sabiendo que no le queda más opción que esperar una resolución. “En la fiscalía me han atendido siempre, en estos días están por recibir informes de unas cámaras en las que se ven a un par de tipos dudosos, pero que con la tecnología de acá no se podían distinguir”, ahonda. Pero aclara que para él se perdió demasiado tiempo y hubo cosas que se hicieron mal desde el principio. 

No planea participar de la marcha organizada para el viernes 11 de marzo, a un año de la desaparición de Andrea, prefiere continuar con sus encuentros en soledad. “Iré solo al árbol, porque ese sí que es un lugar especial”, cuenta. 

“El árbol” es un tronco hueco, quemado por un rayo, en el que el asesino escondió el cuerpo ultrajado de su hija en el Cerro de la Cruz. Estaba tan tapado, que tardaron dos días en hallarlo, pese a la intensa búsqueda desplegada. “Yo la buscaba mucho por ese sector, tenía un pálpito de que estaba ahí, y además que llegamos ahí siguiendo rastros de sangre”, recuerda. 

“Una vida cazando ciervos y jabalíes. Cuando herís a un animal vas a buscarlo siguiendo huellas, rastros de la sangre, ramitas rotas. Habíamos encontrado hojas con sangre, entonces íbamos y veníamos por ahí hasta que una amiga de mi hijo la encontró”, resume. Reafirma que la ropa cerca de la 3ª estación fue puesta para despistar y despejar “la zona caliente”. 

Y vuelve al momento en que encontraron el cuerpo de su hija, y sólo puede calificarlo de “brutalidad”. No cree que haya sido al voleo, pero prefiere no ahondar. Y, antes de despedirse, Luis hace un último pedido: “No la olviden, por favor”. 

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