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Policiales

Liberaron al encargado del cementerio donde estaba enterrado el niño mutilado

De esta manera ya no quedan detenidos en la causa en la que se investiga la profanación de la tumba del pequeño.

El encargado del cementerio de la localidad bonaerense de Nicanor Otamendi, de donde fue robado el cuerpo del niño de 2 años que apareció mutilado y sin órganos cerca de Miramar, fue excarcelado este martes por decisión de un juez de garantías, aunque seguirá siendo investigado en la causa.

Se trata de Juan Carlos López, responsable del cementerio municipal donde había sido enterrado Matías Valentino Fernández, por lo que ya no quedan detenidos en la causa en la que se investiga la profanación de la tumba del niño, informaron fuentes judiciales.

El juez de Garantías de Mar del Plata, Gabriel Bombini, imputó a López por el delito de "falso testimonio" y "encubrimiento, pero como no tiene antecedentes penales y fijo un domicilio, dispuso su excarcelación de la Unidad Penal 44 de Batán.

López había sido detenido el miércoles de la semana pasada, al igual que Juan Carlos Della Santina, dueño de la casa funeraria que intervino en el velatorio y sepultura, por un pedido de la fiscal de la causa, Ana María Caro.

Della Santina recuperó su libertad al día siguiente tras ser indagado por la fiscal Caro, pero López permaneció preso ante las contradicciones en su testimonio, dijeron las fuentes judiciales.

El domingo por la tarde, cerca de 500 vecinos de Otamendi, localidad ubicada a 35 kilómetros de Miramar, se manifestaron para reclamar la liberación del encargado del cementerio.

Con la excarcelación dispuesta hoy por el juez de garantías, no quedan detenidos en la causa que investiga la profanación de la sepultura del niño que murió atragantado con una bombucha el 10 de marzo y fue enterrado tres días después por su familia de origen boliviano.

La fiscal Caro dispuso en los últimos días una serie de peritajes sobre teléfonos celulares pertenecientes a los dos imputados, pero la información obtenida tras el análisis de esos dispositivos no aportó elementos relevantes para determinar quiénes y para qué llevaron a cabo la profanación de la sepultura y el robo del cuerpo.

El cadáver de Matías fue hallado el 21 de marzo cerca del arroyo La Totora, por un hombre de 45 años que circulaba en bicicleta por la ruta 11 y denunció lo ocurrido en el destacamento policial más cercano.

Por el estado de descomposición y las mutilaciones sufridas, inicialmente no pudo establecerse la identidad y el sexo de la víctima, ni la causa de la muerte.

Desde el hallazgo de los restos, la fiscal Caro manejó distintas hipótesis, entre ellas una profanación de una tumba o nicho, un ritual satánico, una venganza mafiosa o un caso de tráfico de órganos.

La fiscalía puso en marcha una campaña pública junto a la organización Red Solidaria para identificar el cuerpo encontrado, al tiempo que personal de la Sub DDI de Miramar realizó relevamientos en hospitales y clínicas de la zona.

Por su parte, distintas pericias sobre el cuerpo señalaron que había sido refrigerado antes de su hallazgo, y finalmente el martes último se pudo establecer que el cadáver pertenecía a Matías, a partir del cotejó de su ADN con el de los menores muertos en los días previos al 21 de marzo. Matías vivía con su familia en el barrio de El Boquerón, en Batán, y la exhumación de su féretro realizada el miércoles último determinó que estaba vacío, roto y que sólo había en su interior unas ropitas que habían colocado sus familiares.

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