Policiales

Las pruebas que incriminan a Bonelli

El acusado de matar de un escopetazo a Rocío Rodríguez (23) intentó disfrazar la escena como un suicidio, dictaminó el juez de Control en una detallada enumeración de pruebas. El imputado está a un paso del juicio.

“(Santiago) es una persona rara, hay algo oscuro en él. Yo lo escucho, pero por ahí pienso y digo con quién estoy durmiendo, con un psicópata… tengo miedo algún día de que me mate”. Este textual, recopilado por la Justicia, le escribió Rocío Florencia Rodríguez (23) en Facebook a una amiga poco antes de morir por un escopetazo en el abdomen en la casa de su novio, Santiago Bonelli (39), en barrio Alto Verde de la ciudad de Córdoba.

Para la fiscal Mercedes Balestrini, Bonelli es el autor del femicidio y desde que ocurrió el hecho, el mediodía del 2 de diciembre pasado, lo mantiene en prisión bajo la imputación de homicidio calificado por el vínculo y tenencia ilegal de arma de guerra. La gravedad de la acusación contempla la prisión perpetua en caso de comprobarse, en un eventual juicio, lo que afirma la fiscal Balestrini: que Santiago Bonelli discutió con su novia Rocío y la ejecutó con una escopeta marca Beretta calibre 20 color negra. Luego, lavó el cuerpo de la víctima y “disfrazó” la escena para que pareciera un suicidio.

La investigación de Balestrini fue respaldada por el juez de Control Agustín Spina Gómez, quien confirmó la prisión preventiva del acusado y denegó la excarcelación pedida por el abogado defensor. 

El representante de Bonelli, Maximiliano Orlando García, argumentó una serie de indicios (de presencia, de modalidad, de mala justificación, de violencia física) para tratar de salvar la muy comprometida situación del acusado. Esos argumentos fueron refutados de a uno por el juez de Control, de acuerdo con la carátula del caso a la que accedió Día a Día. Actualmente la causa está en la Cámara del Crimen, que podría expedirse antes de fin de año y enviar a juicio a Bonelli por esos graves delitos.

Rocío Rodríguez, oriunda de la ciudad de Las Varillas, murió de un escopetazo en el pecho y su cadáver quedó tendido boca arriba a metros del baño de una casa de calle Rodríguez del Busto al 2400. Su novio, Bonelli, quien primero se abstuvo de declarar y luego negó el hecho, le dijo a Pablo Marín, un amigo médico al que llamó aquel 2 de diciembre, que Florencia se había “disparado”. 

Mientras en Las Varillas marchaban en reclamo de justicia por la muchacha, la fiscal Balestrini ordenó pericias judiciales, testimoniales, documentales, informativas y oculares en la casa del acusado y llegó a la conclusión (como consta en su resolución) de que no hubo suicidio alguno: acreditó “la participación del prevenido Bonelli en el hecho de homicidio calificado”.

Argumentos del juez

El abogado de Bonelli apeló la resolución de la fiscal. Su solicitud llegó al juez de Control Agustín Spina Gómez, quien avaló a Balestrini y resolvió que hubo una “autoría responsable” de Bonelli en la muerte de Rocío. Para ello analizó los indicios de la defensa y los refutó de la siguiente manera:
De modalidad: Spina Gómez argumenta que no es posible que la víctima haya disparado el arma, usando o no un destornillador secuestrado en el lugar para alcanzar el gatillo, dado que la escopeta fue hallada trabada y sin el cartucho en su interior. “Lo cual no puede resultar de la acción de la propia víctima luego de que recibiera el impacto mortal”, expresa. 

De impresiones materiales o rastros del delito: Spina Gómez concluye que ante la ausencia de una tercera persona en la casa de Bonelli fue éste quien lavó el cuerpo de la víctima para quitar “impresiones materiales o rastros del delito”. “Lo señalado descarta por improbable que la propia víctima se hubiera disparado con el arma, versión ésta que el imputado le dio a su amigo Marín”, indica.

Para ello se basa en los testimonios del sargento Jorge Alberto Ludueña (“La herida estaba limpia, como así también el resto del cuerpo de la mujer”), de la médica que recibió el cuerpo de Rocío Rodríguez en el Sanatorio Allende del Cerro (“A la mujer la sacaron de la parte trasera de un vehículo, la bata estaba con la tira atada. Evidentemente estaba limpio el cuerpo de la chica, no habiéndolo limpiado en el Sanatorio. Llegó limpia, sin sangre”) y del propio Pablo Marín, amigo de Bonelli, quien le confesó a la médica que no vio sangre en la casa (“La verdad es que pensando ahora es todo muy raro, no vi sangre, ella (Rocío) estaba limpia. Cuando llegué, estaba todo preparado como para cargarla”). 

El juez de Control cita la declaración de Marín: “Este testigo refirió que (…) vio el cuerpo de la víctima frente a la puerta del baño, boca arriba, acostado sobre una toalla, con el torso desnudo, el pelo mojado y un orificio (…) sin manchas de sangre y un tatuaje de pólvora en la parte superior, aclarando que en el lugar no había manchas de sangre, como tampoco vio un arma de fuego en el sector”. 

Llama la atención al juez de Control que el cuerpo de Rocío estuviese limpio y, sin embargo, en el baño hubiesen manchas de sangre por todas partes: “El policía Ludueña (…) observó sangre por toda la bañera, como salpicado, en la cortina plástica también había manchas de sangre como salpicado y también en los azulejos donde se encuentra la llave de la ducha. En el pasillo donde estaba la toalla de mano había una puerta que da al baño y otras dos puertas correspondientes a dos dormitorios. En una de las puertas de un dormitorio había manchas de sangre”. Todo fue corroborado por las pruebas del Luminol. 

“Es evidente que (Bonelli) manipuló el cuerpo de la víctima, lavándolo y desplazándolo, con el fin de atribuirle el deceso a la voluntad de la víctima”.

Por otra parte, destaca el magistrado que la autopsia arrojó que “la muerte de Rocío habría ocurrido hacia las 13.40” y que el disparo “debió ocurrir luego del mediodía, después de que Bonelli regresó al departamento y no antes, como se lo señaló al sargento Ludueña”.

Agrega las declaraciones del subinspector Leonardo Barrionuevo, “quien relató que al llegar al domicilio, Mario Bonelli, hermano del imputado, le dijo que su hermano había estado limpiando el arma y se le había escapado un tiro”. El juez de Control cita el textual para marcar la contradicción entre esta versión y la otra, supuestamente también brindada por el acusado, de que llegó a su casa y encontró a Rocío malherida en el suelo. 

También refuta la versión del defensor de Bonelli, Maximiliano García, sobre que el acusado en caso de querer eliminar pruebas no habría llamado a su amigo Pablo Marín; el juez de Control entiende que Bonelli “llamó a su amigo, muy probablemente, para evitar la exposición que implicaría un servicio de emergencia o un profesional desconocido”. 

De violencia física y personalidad del imputado: Spina Gómez cita en este punto varios testimonios de amigas de Rocío que califican a Bonelli como un hombre “celoso” que la “maltrataba” física y psicológicamente. Para ello se basa en innumerables mensajes de texto y chats de Facebook de Rocío con sus amigas, los cuales no se transcribirán aquí por tratarse de diálogos de instancia privada. 

Peligrosidad procesal: Spina Gómez advierte sobre la posibilidad de que Bonelli huya en caso de ser liberado, y lo sustenta en que “el inculpado, con su proceder, ha demostrado capacidad y decisión en orden a manipular en su beneficio la prueba, en particular los rastros y huellas de su acción”.

Fundamenta el magistrado: “Es evidente que (Bonelli) ha manipulado el cuerpo de la víctima, lavándolo y desplazándolo de su lugar de origen; y alteró el estado de los espacios físicos mediante acciones para borrar las manchas de sangre, por ejemplo. Todo ello con el fin de ocultar su acción, procurando que se atribuya el deceso a la voluntad de la víctima y no a su accionar homicida”. 

La Cámara del Crimen resolverá ahora la situación de Bonelli, que está cada vez más cerca del juicio. 

“El dolor va a seguir para siempre, pero necesito llegar con fuerzas al juicio, pido que se haga pronto. Estoy destrozada y devastada”, dijo Mónica Palavecino, madre de Rocío.

Estrategia defensiva

El abogado de Bonelli, Maximiliano García, apeló la decisión de la fiscal Balestrini basándose en cuatro indicios, a saber:

De presencia: García señala que es un indicio obvio, dado que la casa donde murió la joven es de Bonelli y por ello resulta lógico que él estuviese allí. El defensor señaló que no es extraña la presencia de huellas dactilares del imputado, ya que el hecho ocurrió en su propio domicilio.

De modalidad: García se pregunta si el cuerpo lavado de la víctima necesariamente lleva a la conclusión de que Bonelli le disparó y luego, para lograr su impunidad, trató de borrar las huellas y rastros del crimen. Argumentó que si Bonelli hubiese baleado a Rocío y hubiese intentado ocultar el cuerpo, no hay razón para que luego hablara por teléfono con un amigo médico de la infancia, Pablo Marín, para pedirle ayuda. Y que si pensaba deshacerse del cadáver para eliminar pruebas, no tenía razón para atender a Marín, abrirle el portón de su vivienda y permitirle ingresar en la casa. La fiscal Balestrini, por el contrario, manifiesta que el acusado “planificaba deshacerse del cuerpo de Rocío Rodríguez, procurándose de esa forma absoluta impunidad. Lo cual fue impedido por la sorpresiva llegada de su amigo Pablo Marín, quien tomó la decisión de llevar a Rocío al Sanatorio Allende”, donde se constató su muerte. 

De mala justificación: García sostiene que no se puede descartar que Rocío se haya suicidado. Por el contrario, Balestrini concluyó que no fue un suicidio basándose en el dermotest practicado a las manos de Rocío, que dio negativo, y en que el brazo de la víctima medía 71 centímetros y de ese modo jamás pudo haber cubierto el espacio de 85 centímetros entre el gatillo y la punta del caño de la escopeta. El abogado de Bonelli utiliza un argumento un tanto particular en este caso: expresa que Rocío pudo haberse apoyado sobre el cañón del arma y estirado su torso para accionar el gatillo, o bien pudo haber sujetado un destornillador (secuestrado a pocos metros del arma) para alcanzar el gatillo y de ese modo dispararse. 

García se pregunta cómo concluyó la fiscal que la víctima no sabía usar armas, si, según una testigo, Rocío “ayudaba a veces” a limpiar las escopetas que Bonelli utilizaba en su actividad de “palomero”, por lo que infiere el defensor que ella conocía el funcionamiento de un arma. 

De violencia física: García manifiesta que los testimonios de amigas de Rocío que acusan a Bonelli de maltratarla son arbitrarios y contradictorios y que la víctima jamás les dijo eso a sus amigas. Además alega que no existe riesgo procesal alguno para creer que Bonelli huiría en caso de ser liberado, y solicitó su excarcelación, algo que denegó el juez de Control.

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