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La muerte de Emanuel Balbo “comenzó” cuatro años antes

Cómo fue la picada callejera de Oscar "Sapito" Gómez en Ampliación Ferreyra en la que murió embestido Agustín Balbo (14). La violencia que dejó a un padre sin dos hijos.

En esta semana infernal que termina se habló en exclusividad del asesinato de Emanuel Balbo. La imagen del joven de 22 años cayendo de la popular del Estadio Kempes se volvió un ícono sobre la violencia en el mundo. 

La fiscal Liliana Sánchez, en base a los testigos directos del crimen, confirmó que Emanuel fue atacado “a raíz de un conflicto suscitado cuatro años atrás”. Un conflicto al que la propia fiscal calificó luego como “familiar”.

Lo que se sabe es que Oscar Eduardo Gómez, alias “Sapito”, participó de una picada callejera en noviembre de 2012 que terminó con un hermano de Emanuel muerto. Y que a raíz de eso hubo un día de furia vecinal con ataques y enfrentamientos con la Policía que culminaron con balazos de goma, destrozos, más furia y la familia de Gómez abandonando el barrio.

Desde entonces, la “pica” entre Gómez y los Balbo tomó forma de dinamita, y explotó hace una semana en el Kempes, cuando, según la fiscal, "Sapito" peleó con Emanuel y gritó que era un infiltrado de Talleres para que los hinchas lo atacaran, cosa que hicieron.

“Sapito” está ahora en Bouwer, acusado como instigador de homicidio agravado por la ley del deporte, que puede costarle hasta 34 años de cárcel.

Mientras tanto, el 29 de mayo Gómez se sentará en el banquillo de la Cámara Cuarta por el “homicidio culposo” de Enrique Díaz (15) y Agustín Balbo (14). Con él será juzgado Javier Alejandro Navarro (34), el otro acusado de participar de la carrera fatal. En un arrebato de oportunismo, la Justicia puso fecha para el proceso el mismo día que Emanuel murió en el Hospital de Urgencias.

¿Qué se sabe con exactitud de aquella picada callejera? ¿Alguien se acuerda de lo que se vivió en Ampliación Ferreyra el 25 de noviembre de 2012?

A continuación, detalles de una muerte al volante que, con los años, provocará una segunda muerte, y dejará a Raúl Balbo sin dos de sus cinco hijos.

Postales de los enfrentamientos entre vecinos y la Policía.

Muerte en la madrugada. En la causa que instruyó el fiscal Víctor Chiapero se lee esto: “El día veinticinco de noviembre de dos mil doce, aproximadamente a la una y media de la madrugada, el imputado Javier Navarro, al comando del rodado VW Golf GL, color rojo, y el encartado Oscar Eduardo Gómez, al volante de un vehículo VW Gol, color verde agua, se dirigían a alta velocidad por la rotonda cita en calle Armas Argentinas de Ampliación Ferreyra, para luego tomar en dirección a la avenida Perello, asumiendo ambos un comportamiento riesgoso para las personas y bienes ajenos, toda vez que habrían decidido realizar una competencia de velocidad con sus respectivos vehículos.

“Ambos rodados se habrían dirigido hacia el fondo de barrio Ferreyra, de manera imprudente e infringiendo el Código Municipal de Tránsito, ya que lo hacían a excesiva velocidad –aproximadamente a 108 km por hora-, sobrepasándose uno a otro en forma sucesiva, pese a lo angosto de la vía y las deficientes condiciones de visibilidad dadas por la nocturnidad y escasa luz artificial del sector.

“Al llegar a la Manzana 3, siempre sobre calle Cipriano Perello, el imputado Javier Navarro impactó con su automóvil la parte trasera de la motocicleta marca Appia 110 cc, que circulaba en igual sentido y que se encontraba tripulada por Elías Agustín Balbo y Enrique Ismael Díaz. Como consecuencia del impacto la motocicleta pierde la vertical y cae al suelo, quedando Díaz tendido en la vereda sur de la citada arteria, mientras que Elías Agustín Balbo alcanzó su posición final sobre la calzada aproximadamente a 20 metros de donde quedó el automóvil VW Golf.

Como consecuencia de la colisión, se produjo en el instante la muerte de Enrique Ismael Díaz, determinándose como causa traumatismo craneoencefalofacial, y horas más tarde en el Hospital de Urgencias la de Elías Agustín Balbo, determinándose como causa eficiente de la misma politraumatismo”.

No fue Gómez quien atropelló a los adolescentes, pero eso es circunstancial: en la descripción de contexto, el fiscal lo sindica como partícipe de una picada callejera y como tal tiene la misma responsabilidad que Navarro.

El “Sapito”, incluso, huyó luego del siniestro vial, y en su fuga casi atropella a los testigos que escucharon el estampido y se acercaron a ver qué había ocurrido.

En su declaración negó haber participado de la carrera, dijo que a esa hora iba a buscar a su pareja cuando presenció el choque, y que quedó “consternado” y salió rápido a avisarles a los padres de los adolescentes, pero no los encontró.

Postales de los enfrentamientos entre vecinos y la Policía.

Tuvo un contrapunto sobre la velocidad de su Gol: “En ningún momento venía corriendo carrera con nadie, circulaba a 50 kilómetros por hora aproximadamente porque mi vehículo no da más que esa velocidad, toda vez que tiene colocado un equipo de gas y tenía roto el diafragma del equipo”, dijo en la Fiscalía el 17 de abril de 2015.

Pero en otra declaración quiso “aclarar que el día del hecho circulaba a 50 ó 60 kilómetros por hora", y que su auto "podía llegar a circular aproximadamente a 80 kilómetros por hora”.

Navarro, por su parte, se negó a declarar. En sus muestras de sangre se detectó “la presencia de cocaína y sus metabolitos”.

Los testigos. El policía Rubén Darío Rey, quien llegó primero al lugar del choque, relató “que mientras se encontraba apostado en la estación sita en Armas Argentinas y calle Conde, próxima a la intersección con ruta 9 sur, observó a dos vehículos, un VW Golf de color rojo con vidrio polarizado y un VW Gol de color verde agua que avanzaron por la rotonda de Armas Argentinas a alta velocidad, yendo el VW rojo adelante”.

Un vecino que estuvo a metros del impacto, G.A., vio “un Volkswagen Gol de color verdecito o celestito, el cual frena y hace una maniobra como que se va para el cordón y pasa frente a él a gran velocidad, dándose a la fuga”.

Otro peatón, L.G.A., declaró “que el referido auto verde giró hacia su izquierda ingresando por la calle pública que pasa por el costado de la plaza, subiéndose al cordón de la misma, para luego descender al asfalto y continuar su marcha, lo cual motivó incluso que el declarante y las personas que lo acompañaban debieran correrse para evitar que los atropellaran”.

Una vecina, B.B.L., refirió que “era normal observar que los imputados Navarro y Gómez circulaban a alta velocidad por el barrio”.

Postales de los enfrentamientos entre vecinos y la Policía.

La conducta de “Sapito”. Argumenta el fiscal Chiapero: “La pericia accidentológica dio cuenta de que el vehículo VW Golf conducido por Navarro circulaba a una velocidad promedio de 108 km/hora, de lo que se desprende que si ambos vehículos venían a la par como lo refieren los testigos, el vehículo VW Gol conducido por Gómez –respecto del cual la pericial no pudo determinar su velocidad- también lo hacía aproximadamente a dicha velocidad”. Luego de esto desacredita la versión del “Sapito” sobre que no iba a más de 50 km por hora.

“Párrafo aparte merece la valoración de la conducta llevada a cabo por el imputado Gómez, por su actitud posterior al impacto que terminó con la vida de Díaz y Balbo; al respecto, resulta sugestivo que siendo totalmente ajeno al hecho –conforme sus dichos-, y no obstante haber advertido de manera directa la colisión provocada por el automóvil conducido por Navarro, no hubiera detenido la marcha, aún por una cuestión humanitaria, para procurar auxiliar a las víctimas, sino al contrario que el mismo haya emprendido la huida a toda velocidad sin importarle siquiera poner en peligro la vida de otras personas”, resalta el fiscal sobre “Sapito”.

Y concluye: “La explicación que le encuentro a dicha conducta es que el mismo, conociendo su responsabilidad en el hecho, al encontrarse realizando una competencia de velocidad con el imputado Navarro, es que se quiso poner al resguardo para así lograr su impunidad”.

Ambos fueron imputados por “homicidio culposo agravado”. El fiscal descartó el dolo eventual (que implica que el acusado se representó que podía dañar a alguien, pero no le importó), y para ello argumentó que por la falta de iluminación “ni Gómez ni Navarro advirtieron la presencia de la motocicleta”, y por eso no pudieron haberse representado que iban a chocarla.

Los vecinos reclamaron justicia y exigieron que las familias de los acusados se fueran del barrio.

Mucha gente se pregunta por qué “Sapito” seguía libre, y hasta augura que de haber celeridad judicial, Gómez hubiera estado preso y por ende Emanuel seguiría vivo. Por lo general,  el “homicidio culposo” es un delito excarcelable, y por eso Gómez y Navarro aguardaban el juicio en libertad. De hecho, hasta ayer ningún imputado por ese delito había recibido una pena de prisión efectiva en Córdoba.

Bronca vecinal. Ampliación Ferreyra amaneció con la noticia de las muertes y empezó lo que el entonces presidente del Centro Vecinal, Oscar Ávila, calificó como “un momento de ira”.

Decenas de vecinos indignados atacaron las viviendas de los acusados, destrozaron el VW Golf de Navarro y durante horas se enfrentaron con la Guardia de Infantería, que llamó a otras fuerzas especiales para frenar la cosa a balazos de goma.

Según la información del momento, los vecinos aceptaron frenar a cambio de que Gómez y Navarro se fueran del barrio. “Pedíamos que se los sacara del barrio a ellos, pero no a sus familias. Ellos (los supuestos homicidas) no merecen vivir acá en la comunidad. La familia no es mala, es gente trabajadora. Es lamentable lo que pasó”, dijo Ávila, y resaltó que la bronca vecinal era la consecuencia de un barrio “sin luminaria, cloacas ni seguridad”.

"Sapito" Gómez, al entregarse el lunes pasado en la Jefatura de Policía por la muerte de Emanuel Balbo.

Las familias finalmente se fueron del barrio: había un clima espeso a justicia por mano propia.

El entorno de Emanuel cuenta que la cosa siguió fea desde entonces, y que por eso “Sapito” se la tenía jurada a la familia Balbo. Lucas Ortega, quien estaba con Emanuel en la cancha, contó a este diario que Gómez, al verlo en la popular, lo atacó a golpes, y que en el tumulto gritó que era hincha de Talleres con la intención más cruenta de todas.