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Juicio por El Rubio: el desenlace

Punto por punto, qué salió a la luz en las cinco audiencias por la desaparición de Facundo Rivera Alegre, qué se espera en los alegatos del lunes y qué viene después. Radiografía de un caso emblemático.

Facundo Rivera Alegre, “El Rubio del Pasaje”, tenía 19 años y era padre de una niña. Vivía con su madre, Viviana Alegre, en barrio Juniors de la ciudad de Córdoba. Desapareció el sábado 19 de febrero de 2012, a la salida de un baile de Damián Córdoba en el Estadio del Centro.

De acuerdo con la Instrucción que lideró el fiscal Alejandro Moyano (actual fiscal General), Facundo se digirió a barrio Maldonado a comprar cocaína y fue asesinado tras una discusión con los vendedores. Su cuerpo jamás apareció.

El homicidio. Pablo Rearte (31) está imputado por el “homicidio agravado por el uso de arma de fuego” de Facundo. De acuerdo con la instrucción,  fue su hermano, K.L., quien le disparó a Rivera Alegre en la cabeza durante una pelea por un supuesto billete de 100 pesos con el que se habría intentado la transacción.

El supuesto autor del tiro tenía 15 años al momento del episodio, por lo que es inimputable y no le cabrá condena alguna. De todas maneras asiste al juicio por su calidad de “partícipe activo”.

Rearte habría sujetado de atrás a “El Rubio” para evitar que le siguiera pegando a su hermano, quien tomó un arma y según una testigo presencial le quiso “dar un cañazo” en la cabeza a Facundo, y accidentalmente el arma se disparó. La falta de antecedentes de Pablo Rearte sería un atenuante.

En su contra está el hecho de que habría ayudado a subir el cuerpo de Facundo en un auto y ocultarlo en un lugar desconocido para borrar la evidencia. Está imputado por un delito que oscila entre los 10 y los 30 años de cárcel. De todos modos, por lo visto en el juicio no se espera un pedido elevado de condena.

La cremación. El exempleado municipal Aldo Monje (37) responde por la imputación de “encubrimiento agravado”, que conlleva una posible pena de prisión efectiva y que el acusado intentó evitar con la “probation” en mayo pasado, pero le fue rechazada.

En la Instrucción se lee que Monje, quien para la época hacía trabajos de mantenimiento en el Cementerio San Vicente, le “confesó” a un amigo haber cremado el cadáver de Facundo a cambio de dinero y drogas.

En la primera audiencia, Monje negó haber cremado el cuerpo y dijo no saber leer ni escribir. Su condición de analfabeto fue reiterada por sus excompañeros de trabajo, quienes además lo calificaron como un “mitómano”, un “fabulador” al que le gusta inventar historias, y remarcaron que es imposible manipular un cadáver con ocho meses de descomposición, tiempo que supuestamente llevaban los restos de Rivera Alegre cuando fueron cremados.

La falta de pruebas contundentes contra Monje lo dejó al borde de la absolución. Eso no significa que Facundo Rivera Alegre no haya sido cremado; significa que se caería la acusación contra Monje.

Los viejos hornos crematorios del Ceenterio San Vicente.

La instrucción. En apenas dos testigos claves se asentó la Instrucción,  que “hizo agua” durante el juicio y causó cierta confusión en la Fiscalía y la querella. Uno de los testigos es una joven mujer que la madrugada del 19 de febrero de 2012 volvía a Maldonado y presenció la pelea que terminó en la muerte de “El Rubio”. El otro es el amigo de Monje al que éste le dijo que cremó el cadáver.

El resto de la causa son comentarios, escuchas, deducciones e indicios débiles en una zona cooptada por el narcotráfico, el miedo y el silencio.

La instrucción ya había sufrido un revés judicial en junio de 2014, cuando el juez de Control Gustavo Reinaldi anuló la elevación a juicio al considerar que faltaban mayores "precisiones" sobre las participaciones de los acusados.

Paralelamente, Viviana Alegre criticó numerosas veces al fiscal Moyano por supuestamente no haber profundizado en la pista policial sobre la desaparición de Facundo.

Queda la sensación de que la Instrucción está sujeta con alfileres. Lo que abre el interrogante: ¿Cómo llegó a juicio esta causa?

La Policía. Pese a las insistentes afirmaciones de Viviana Alegre, la Instrucción y los testimonios en el juicio desestimaron la intervención policial en la desaparición de Facundo Rivera Alegre. Se habló de que Facundo fue secuestrado por un patrullero cerca de la Plaza Colón, a la salida del baile; que su cadáver fue trasladado y desaparecido en un móvil de la Quinta; que sus restos fueron cremados por los policías de guardia en el Cementerio San Vicente, ya que al parecer ellos eran los únicos que tenían las llaves del crematorio durante la noche.

Todos esos supuestos  cayeron por falta de pruebas. Tampoco convenció el argumento de que “necesariamente” deba participar la Policía en la desaparición de un cuerpo, ni surgieron testimonios sobre que se haya tratado de un caso de violencia institucional.

Luciano Calderón. Excepto el propio Calderón, prácticamente todos los testigos corroboraron que “El Rubio” se dirigió a Maldonado a comprar cocaína por encargo del acordeonista de Damián Córdoba, algo que al parecer ya había hecho en otras oportunidades.

En el juicio quedó al descubierto cómo algunos integrantes de bandas de cuarteto presuntamente "utilizan" a sus fans para que les consigan droga. A cambio de eso les permiten entrar gratis en los bailes y evitar los cacheos, les dan alcohol, los nombran en sus canciones, los invitan al escenario, los rodean de mujeres y les regalan un fajo de billetes. Algo que, lógicamente, excede al cuarteto y se extiende a todos los ámbitos nocturnos.

La política. Para muchos, Facundo se convirtió en un símbolo contra la violencia institucional y el restrictivo Código de Faltas. “En este juicio no sólo está Facundo, están los pibes asesinados por la Policía”, declaró su madre ante el Tribunal. “Una desaparición es responsabilidad del Estado”, opinó Leonardo Grosso, referente de la Campaña Nacional contra la Violencia Institucional, que viajó desde Buenos Aires a la primera audiencia.

“El Código de Faltas le compete a la Justicia de Córdoba”, le gritó el diputado kirchnerista Horacio Pietragalla a uno de los jueces, antes de ser expulsado de la sala en la que también había candidatos de otras fuerzas ajenas al oficialismo. 

Otras organizaciones sociales tomaron a Facundo como un referente barrial, como un ícono de los abusos de autoridad en sectores populares. La politización del caso llevó a reiterados cruces en las audiencias entre el querellante Claudio Orosz (representante de Viviana) y el fiscal Diego Albornoz. El Tribunal parecería inclinarse a favor del segundo.

Monje, el menor de edad implicado y Pablo Rearte, los tres acusados.

El narcotráfico. Los relatos más jugosos fueron a puertas cerradas para proteger a los testigos. Todos se mostraron atemorizados, uno de ellos incluso lloró ante los jueces. La presidenta del Tribunal, Susana Frascaroli, explicó al público que “se están escuchando cosas muy fuertes, como lugares donde se vende droga”, y destacó la necesidad de cuidar a los declarantes.

“La gente tenía miedo, nadie quería colaborar, los pocos testimonios eran casi todos anónimos”, declaró la policía Laura Carolina Ludueña, comisionada de la División Homicidios. “Las cosas que se escuchan en este juicio involucran a gente ‘pesada’, gente que te puede quemar la casa con tu familia adentro”, dijeron fuentes de la investigación. 

“Muchos datos anónimos fueron dados por personas que también venden droga y que son competencia de la ‘Colela’”, agregaron. “La Colela” es María del Carmen Rearte, madre de Pablo Rearte y de K.L., sindicada por los investigadores como una narcotraficante de peso.

El flagelo del narcomenudeo en “La Quinta” fue la columna vertebral de este juicio. También la falta de interés de los tres niveles del Estado frente a este estado paralelo.

Las dudas. El juicio parece llegar a su fin con la única certeza de que Facundo fue visto con vida por última vez en barrio Maldonado. Antes y después de eso hay interrogantes que amagan con quedar vacíos: ¿”El Rubio” peleó con los “Colela” por un billete falso? ¿Cuánto dinero llevaba, y quién se lo dio?

¿El disparo que lo mató fue un accidente? ¿Quiénes y cómo se deshicieron de su cuerpo? ¿Estuvo enterrado y luego fue llevado a otra parte, o sigue bajo tierra? ¿Lo arrojaron en las lagunas  de Campo de la Ribera? ¿Lo cremaron? Y en ese caso, ¿quiénes lo cremaron?
Preguntas que el juicio no respondió.

Los fundamentos.  Todo parece indicar que, más allá de una posible condena por el homicidio, el Tribunal no despejará la duda sobre el destino final del cuerpo, simplemente porque en el juicio no surgió una sola pista creíble. Se presume que en los fundamentos de la pena, que se conocerán 15 días después de la fecha de sentencia, los jueces correrán vista a un fiscal de instrucción para que investigue desde cero lo que hasta ahora no se pudo: ¿dónde están los restos de Facundo?

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