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Policiales

Una historia de violencia en primera persona

Jésica Tissera es una joven de Ituzaingó que convive con el temor: denunció innumerables veces a su ex pareja y padre de su hijo, un policía en actividad, por presuntas agresiones.

“¿Ha acudido con anterioridad a institución o centro asistencial vinculado a la temática de violencia familiar (…)? Sí, ha radicado una denuncia en esta Unidad Judicial y alrededor de cuatro denuncias en la Unidad Judicial de Violencia Familiar, las cuales habrían sido realizadas entre el año 2012 y el corriente, todas en contra del denunciado en autos”, se lee en una denuncia por presunto intento de abuso radicada el sábado 14 de diciembre en la Unidad Judicial de la Mujer y del Menor.

A eso hay que sumarle cantidad de denuncias por lesiones leves y amenazas en la Unidad Judicial Nº 10, en barrio Empalme, jurisdicción a la que pertenece barrio Ituzaingó. Donde vive ella.

Esta es la historia de Jésica Damaris Tissera, una chica de 25 años, madre de un niño de 4, que desde hace años denuncia a su ex pareja –un policía en actividad– por distintos episodios de violencia.

Y que ya no quiere saber más nada con las denuncias “porque nunca pasa nada, siempre archivan la causa”. Tiene miedo y está desconfiada, al igual que cantidad de mujeres que conviven con la violencia en Córdoba. Pero temer por la propia vida, por la de un hijo y por la estabilidad emocional de una familia es una angustia que sólo conoce quien la sufre.

Harta de esperar que la Justicia haga su trabajo, Jésica y su familia acudieron a la prensa y contaron un calvario que comenzó con una separación, allá por 2012, y cuyo último episodio de violencia, según consta en el sumario 1387/13 de la denuncia en la Unidad Judicial de la Mujer y del Menor, ocurrió el sábado 14 de este mes en un presunto intento de ataque sexual.

“Usted ponga en la nota lo siguiente: nosotros denunciamos no sé cuántas veces a este tipo, y ningún fiscal ni juez nos lleva el apunte. Y si mañana me matan a mi hija, ¿qué hago yo? Nos piden a la gente que no hagamos justicia por mano propia, pero las autoridades no responden”, llora Edith, la madre de Jésica, en la Redacción de Día a Día.

A su lado, Jésica tiene los ojos acuosos y a su hijo en upa. Y tiene, también, copias de algunas de las denuncias que presentó contra el policía R.D., quien se desempeña en la comisaría 4ª, con sede en el Parque Sarmiento.

Esta comisaría está muy cerca del Tribunal de Conducta Policial y Penitenciario, otro de los lugares donde Jésica se presentó para agotar sus instancias de denuncia, según consta en un certificado judicial del 19 de julio. Y que también habría quedado en la nada, porque nadie les dio respuestas concretas a los Tissera.

Uno de los fragmentos del sumario resume el tormento de la denunciante: “Desde que se separaron comenzaron los ‘problemas’, llamadas telefónicas a cualquier horario, insultos, se presentaba en la casa de la denunciante y entraba sin su permiso, la manoseaba, y otros hechos por los que ha radicado todas y cada una de las denuncias correspondientes tanto en la Unidad Judicial de violencia familiar como en esta Unidad Judicial”.

Sigue: “El denunciado tuvo órdenes de restricción hacia ella en tres oportunidades, todas durante tres meses. Manifiesta (la denunciante) que la última restricción estuvo vigente desde julio del corriente año hasta septiembre, en que a su vez le habían proporcionado un ‘botón anti pánico’”. Pero que se lo quitaron dos meses después.

La última denuncia dice esto: Que el sábado 14 de diciembre, Jésica dejó a su hijo con su madre y a las 9 llegó a su trabajo, un local de comidas en Urca. Que de 9 a 10, hasta que llega el jefe, ella está sola. Que se cambiaba en el baño cuando R.D., que al parecer la había seguido de una punta de la ciudad a la otra, apareció por detrás.

Entonces se lee lo siguiente: “(la denunciante) Rápidamente gira y ve al denunciado, quien la empuja contra la pared del baño poniendo su cuerpo sobre el de ella, abrazándola, pasándole la mano por los pechos, por encima de la ropa, besándole el cuello mientras decía que ‘te amo, te quiero, quiero tener un hijo con vos’, a lo que ella lo empuja, se descompensa por la situación que estaba viviendo por lo que se cae al suelo, a lo que el denunciado se agacha para levantarla, la alza y repite ‘no me asustes, ¿qué te pasa? ¿Te sentís bien?’, a lo que la denunciante repetía que se fuera”.

La denuncia continúa con pasajes más graves que no corresponde publicar.

Ante el temor –y el tenor– de lo vivido, en algunas ocasiones Jésica se negó a darle su hijo a Díaz, quien tiene custodia compartida. Ocurrió, entonces, algo que indigna a la familia Tissera: el policía denunció a Jésica por no dejarle ver a su hijo y el juez de Menores que interviene en el caso, según contó la muchacha, le dijo a ella estas palabras: “La próxima vez que le niegue ver al niño, la que acabará en prisión será usted”.

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