Policiales

Gota a gota, desde Colombia hasta Córdoba

La Justicia investiga si detrás de la red de trabajo esclavo que fabricaba y vendía canastos y muebles se montaba una paralela: préstamos “para pobres” con intereses usureros.

Pereira es la ciudad más poblada del “eje cafetero” colombiano. Se hizo mundialmente famosa por un libro que luego se transformó en telenovela: “Sin tetas no hay paraíso”. En el libro se cuenta cómo una niña de 14 años de esa ciudad se prostituye por un sueño: colocarse siliconas para poder ser aceptada como miembro en el harén de un “traqueo”, como le dicen por allá a los narcos.


Hasta Pereira llega una pista que sigue la Justicia Federal de Córdoba: la de la organización que controlaba hasta hace dos semanas Mario Fredi Cifuentes Hoyos, sospechado de ser explotar a más de 200 colombianos en talleres clandestinos y de montar una red de usura.


Es que detrás de la venta de cestos y muebles baratos en los barrios populares de Córdoba y otras ciudades del país asoman los “gota a gota”: préstamos de pago diario, semanal o quincenal. Los préstamos “gota a gota” es uno de los tantos problemas derivados del narcotráfico que tiene Colombia. Éste era el negocio que, cree la Fiscalía Federal N° 1 de Córdoba, podría esconderse detrás de la venta de canastos y muebles baratos en barrios de clase baja.


Estos créditos usureros, que en un principio -hace poco menos de una década- aparecieron como un “banco de la gente” informal en Colombia, fueron prohibidos en la mayoría de los municipios de aquel país: no sólo por la usura, sino por los violentos métodos de cobro en caso de mora.


Luis Fernando Quijano es el director de la Corporación para la Paz y el Desarrollo Social (Corpades) -una ONG que combate las consecuencias violentas del narcotráfico y la guerrilla, los dos dramas del país- fue quien hace algunos años calificó a los préstamos “gota a gota” como una “herencia de la mafia del narcotráfico”.


El especialista entiende que estos créditos “operan con los dineros del tráfico externo e interno de drogas, y es una forma fácil de lavar dinero”, dice, y apunta al corazón del negocio: los “carteles” del narcotráfico, el prestamista encubierto, de acuerdo con esta teoría. Quijano agrega un engranaje clave del mecanismo: “En el ‘gota a gota’ no se necesita fiador, pagaré o fiador, lo que vale es la palabra”. Y quebrarla también tiene un precio.


En ese sistema, con tasas de interés que superarían -en Córdoba- el 30 por ciento, habrían caído miles de cordobeses, familias y pequeños comerciantes de barrio, que pasaron de comprar muebles a pedir plata contante y sonante; todo en cuotas.


Durante los operativos de mediados de junio, fue detenido en Córdoba el contador Germán Vásquez Vásquez, quien -según la presunción de la Fiscalía que conduce Enrique Senestrari- le llevaba los números a Cifuentes Hoyos, el presunto jefe de la rama argentina de la organización.


En esta hipótesis judicial, se considera como probable que el dinero generado por la usura tenga como destino final otro país latinoamericano: Colombia, Ecuador, Uruguay y Bolivia, donde la red tendría vínculos.

El Jefe. Cifuentes Hoyos aparece como un importante empresario de Pereira: integra la dirección de la empresa Inversiones Vaticano, dedicada a la venta de inmuebles -en general, a colombianos residentes en el exterior-. Su nombre también está vinculado con una sociedad que explota minas. Y lo fundamental para esta causa: es el gerente de una fábrica de cintas plásticas en Guayaquil, Ecuador: Cimplast.


Esa era la empresa que proveía las cintas plásticas con las que los artesanos colombianos que se radicaron en Argentina en los últimos años tejían los cestos que luego vendían. Ebelida Henao, radicada en un principio en Salta y posteriormente asentada en Santa Fe, donde tiene registrada una empresa, sería quien importaba el material que los artesanos trenzaban en los talleres y luego vendían por los barrios, transportándolos en un carrito. En el país, las cintas hacían una primera escala en el taller clandestino del argentino Humberto Castaño, en la provincia de Buenos Aires. Cifuentes Hoyos, Henao y Castaño no fueron detenidos durante el megaoperativo del 12 y 13 de junio, y permanecían prófugos. Es decir: tenían un ruta de acceso de mercadería al país, lo más importante para cualquier organización internacional.


Aunque la investigación judicial tiene aún un buen trecho por delante, se cree que la estructura de los talleres funcionaba así: los artesanos eran contratados como tronzadores, en condiciones que para la legislación argentina son propias del trabajo esclavo. Luego, podían convertirse en vendedores y jalar el carrito con muebles. Si se ganaban la confianza o eran parte de la familia de los dueños de los talleres, asumían tareas de cobrador. Finalmente, un grupo minoritario, ofrecía y cobraba los “gota a gota”. Entre los 27 detenidos durante los operativos (14 en Córdoba), hay dos familiares directos de Cifuentes Hoyos: un hermano (en La Rioja) y un medio hermano (en barrio 1° de Mayo, en Córdoba). Pereira, lamentablemente, quedó cruzada por las mafias: la de los narcos, la de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FARC) y la de los paramilitares que combatían a la guerrilla, quienes mutaron en las “bandas emergentes”: grupos que se dedicaron al “sicariato”.


Obvio: la inmensa mayoría de los colombianos que trabajaban en esos talleres (en Córdoba y otras provincias) nada tenían que ver con el tejido de la supuesta red que es investigada por la Justicia Federal cordobesa. Gente trabajadora huyendo de un país cruzado por esta maldita guerra.

Muebles, ¿la avanzada de la usura?

De acuerdo con la hipótesis que se maneja en la Justica Federal, la comercialización ambulante de muebles y canastos era la red para extender los préstamos “gota a gota”. ¿Cómo? Ofreciéndoselos a buenos pagadores de muebles o a comerciantes barriales necesitados de efectivo para inversiones o desbarajustes financieros. La base de la pirámide eran los artesanos, y en la cúpula estaban los cobradores, quienes respondían a Germán Vásquez Vásquez, detenido en esta causa.

Los allanamientos

La Fiscalía General Federal de Córdoba inició las investigaciones en 2010: en mayo de ese año, un oficial de Migraciones dejó constancia de la llamativa llegada de artesanos colombianos, sin dinero, quienes se alojaban en un mismo domicilio. Esa fue la semilla de la causa judicial que hoy tiene a 27 personas detenidas, entre ellas: un hermano y un medio hermano del supuesto cabecilla.

Un empresario exitoso

Marcos Fredi Cifuentes Hoyo -presunto jefe de la red de carpinterías clandestinas y comercialización de muebles- aparece como un empresario poderoso: es representa de una inmobiliaria en Pereira (Colombia) y gerente de una fábrica de cintas plásticas (Ecuador). También aparece en el negocio de la minería y en varios registros de exportaciones.

La fábrica en Ecuador

Es una de las claves de la causa: Cimplast está en las afueras de Guayaquil. Produce plásticos para envases y cintas. De esa empresa llegaban a Buenos Aires, primero, y luego al resto del país las cintas para fabricar los canastos trenzados. Además, Cimplast estaba habilitada para exportar frijoles secos.

Los inmuebles en Pereira

En Pereira, Cifuentes Hoyos aparece como “miembro principal de la junta” de Inversiones Vaticanos S.A.S, una “desarrollista” que comercializa condominios de lujo. ¿Qué hace un empresario inmobiliario tejiendo una red de talleres clandestinos de muebles de bajo precios? Esa es la pregunta del millón.

El contexto: la llegada de capos narcos

La Justicia Federal no descarta que quienes manejaron la red de talleres clandestinos estén vinculados al narcotráfico, en su veta del manejo de activos. El contexto de la hipótesis es la llegada de varios capos narcos a Argentina en los últimos años.


En abril de 2010 fue detenido en Buenos Aires, a pocos metros del shopping Alto Palermo, Luis Agustín “Don Lucho” Caicedo Velandia, quien había ingresado con pasaporte guatemalteco. “Don Lucho” heredó el imperio de Pablo Escobar Gaviria, cuya mujer e hijo vivían en Argentina.


Al año siguiente fue apresado Ignacio Álvarez Meyendorff, con pedido de captura internacional emitido por la DEA, la agencia estadounidense que persigue narcos por el mundo. Era el jefe del cartel del Norte del valle De Cauca. Meyendorff tenía oficinas en Puerto Madero.


En abril de 2012, Gustavo “el Viejo” Mejía Mediana fue detenido por Gendarmería por el envío de muebles de lujo al exterior. Dentro de los mueble viajaba la cocaína. “El Viejo” intentaba cruzar hacia Uruguay, se presume que para seguir de cerca el embarque. El operativo se conoció como “Luis XVI”.


A los pocos día, Camilio Londoño Cifuentes fue detenido en Campana (Buenos Aires). Llegó al país en febrero de ese año, para hacer operaciones de importación y exportación. En el operativo Rólex Blanco, cayó con 23 kilos de cocaína.


Jairo “el Mojarro” Saldarriaga fue asesinado este año en Buenos Aires: era el jefe de los sicario de Daniel “el Loco” Barrera, un paramilitar que después de que fuera “desmovilizado” por el gobierno colombiano fue jefe de las Bandas Criminales Emergentes al Servicio del Narcotráfico. Fue detenido en Venezuela.
Finalmente, aparece Henry de Jesús López Londoño, “Mi Sangre, otro capo narco que surgió de las filas de los paramilitares. Está preso desde el año pasado en una cárcel argentina, y si investiga si ordenó el asesinato de dos colombianos en el estacionamiento del shopping Unicenter, al norte de la ciudad de Buenos Aires.

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El texto original de este artículo fue publicado el 24/06/2013 en nuestra edición impresa. Ingrese a la edición digital para leerlo igual que en el papel.
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