Policiales

Fugarse de Ezeiza fue un penal

13 delincuentes muy peligrosos escaparon de la cárcel más segura del país por un túnel. Renunció el director del Servicio Penitenciario Federal.

De la cárcel más segura del país, el complejo penitenciario de Ezeiza, 13 delincuentes (cuatro condenados y nueve con prisión preventiva) fugaron con una estrategia del siglo XIX: rompieron la pared con un boquete, cavaron un túnel, saltaron el alambrado y corrieron.


Los fugados no son moco de pavo: homicidas y asaltantes de bancos integran la lista de los 13. El (hasta entonces) director del Servicio Penitenciario Federal (SPF), Víctor Hortel, acusó a 19 subordinados de liberar la cárcel para la fuga y renunció. “Soy el máximo responsable político de esta fuerza, asumo la responsabilidad que me cabe, por eso he presentado mi renuncia indeclinable”, dijo en el día de su cumpleaños.


En su último acto como jefe del Servicio Penitenciario Federal, al que llegó para darle aires de libertad a las cárceles federales, Hortel enumeró las fallas durante la fuga de los 13: “Ni los celadores ni los inspectores cumplieron con su tarea. El personal de requisa tampoco encontró las herramientas. Los soldados en los dos puestos a 50 m debieron haber visto los movimientos. También fallaron los soldados de guardia que debían estar apostados en los techos”. Dio a entender que le abrieron la cárcel a los presos fugados.


Cuando asumió, Hortel prometió cambios para hacer de las cárceles federales lugares “más libres”. Por eso, quizá, participó de murgas, se disfrazó de Hombre Araña en el penal de Marcos Paz e incentivó a Vatayón Militante, una agrupación filo K de presos que organiza salidas a eventos culturales y recreativos.

Los fugados. Bien podría decirse que la fuga fue un (mal) ejemplo de cooperación del Mercosur: 10 argentinos, dos brasileños y un paraguayo desertaron de Ezeiza. Dos fueron capturados cerca, en Cañuelas, mientras caminaban por la ruta 205.


Anoche, Gendarmería estaba a cargo de la seguridad interna del penal, y varias fuerzas federales rastrillaban la zona buscando al resto de los fugados “tragados por la tierra”.


El “CV” de cada uno de los fugados tiene varias páginas. Entre ellos están:


Cristian David Espínola, condenado a 18 años por asesinar a puñaladas y por la espalda al periodista Adams Ledesma Valenzuela, director del canal de tele Mundo Villa, en la villa 31, en el barrio de Retiro.


José Armando Durán, jefe de una banda que robó al menos 11 bancos, con un botín de dos millones y medio de pesos. Durán tenía un sello en sus robos: dejaba una granada de mano falsa a sus rehenes.


Corría el año 2001 cuando Luciano Javier Campo tomó más de 50 rehenes durante seis horas en un intento de asalto a una sucursal del Banco Itaú ubicada en el barrio porteño de Flores.


Martín Espiasse está condenado a perpetua por el asesinato de dos policías con quienes se tiroteó cuando intentaba robar –junto con otros cómplices– un cajero en Rawson, Chubut. Sin embargo, antes de ese juicio, él mismo se “fugó” de la Justicia “escondiéndose” en una cárcel mendocina: se fichó como Matías Nicolás Lago González, y cumplía una pena por un robo. Allí lo encontraron el año pasado y lo llevaron al banquillo.


En 1998, en su prehistoria criminal, Espiasse copó un instituto de menores de Neuquén para rescatar a su hermano.
Para muestra, sobra.


Anoche, el Ministerio de Justicia de la Nación ofreció 500 mil pesos de recompensa a quienes aporten datos de los 11 fugados que quedaban libres.


A la misma hora, desde el Gobierno nacional confirmaron el reemplazante de Hortel: Alejandro Marambio, quien ya había ejercido el cargo hasta que Hortel lo reemplazó. La historia es una calesita, dicen.

Adentro, riñas. En el penal de Ezeiza, y mientras se endurecían las medidas de seguridad por la fuga, otro grupo de presos pretendió iniciar un motín. Desde el Gobierno nacional jugaron al achique: “Fue una escaramuza”, dijo el ministro de Justicia, Julio Alak. En la seguidilla de hechos bochornosos derivados de la requisa, apuñalaron a un oficial del Servicio Penitenciario y prendieron fuego a un colchón.

Ezeiza, la cárcel más segura. La cárcel de Ezeiza es de un nivel de seguridad “alta”. Tiene más de 1.900 presos y está dividida en módulos de alojamiento individual para 300 internos cada uno.

Sus adyacencias están rodeadas por un doble alambrado: perimetral externo y para cada uno de los módulos. Cuenta con sensores de movimiento y pantallas de circuito cerrado de televisión.

Saltó el fusible: Hortel. Víctor Hortel, del riñón del kirchnerismo, renunció como jefe del Servicio Penitenciario Federal. Se lo considera fiel discípulo de Eugenio Zaffaroni, ministro de la Corte. Participaba en murgas con presos y solía disfrazarse en eventos carcelarios (foto).

Pared. Tras pasar la pared, cavaron un pozo de 1 metro de profundidad, que conectó a un túnel de 2 ó 3 metros de longitud.

Pozo. El boquete de la fuga es ínfimo: mide 40 x 22 cm. Se hizo en la celda 22 del módulo 3. Rompieron una pared de hormigón de 30 cm de espesor.

Edición Impresa
El texto original de este artículo fue publicado el 21/08/2013 en nuestra edición impresa. Ingrese a la edición digital para leerlo igual que en el papel.
Sumate a la conversación
Seguí leyendo