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Los cordobeses que se salvaron de milagro en un accidente en Nueva Zelanda

Dos hermanos cordobeses de barrio San Martín salieron ilesos en un choque de película.

Los cordobeses, los hermanos Carrasco, "posando" frente al escenario del choque.

Los cordobeses, los hermanos Carrasco, "posando" frente al escenario del choque.

Uno de los helicópteros que participó del rescate de uno de los heridos.

Uno de los helicópteros que participó del rescate de uno de los heridos.

Los cordobeses, parados sobre los restos de su auto.

Los cordobeses, parados sobre los restos de su auto.

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  • Los cordobeses que se salvaron de milagro en un accidente en Nueva Zelanda

    18/12/2013 23:14

    Por Juan D'Alessandro

    Mirá el video de uno de los diarios de la zona que cubrió el accidente de estos cordobeses

    En Nueva Zelanda todos se preguntan cómo hicieron estos dos jóvenes argentinos para sobrevivir a un choque tremendo en una autopista de montaña. Ocurrió el lunes pasado, a las 11.30. Primero, en una curva cerrada, se estrellaron con un auto que iba delante y que había frenado de golpe, y segundos después se les vino encima un camión enorme que llevaba un container y venía de frente a toda velocidad: se dio vuelta sobre ellos, hundiéndole el techo a su vehículo y planchándolo contra el asfalto como a una lata. Pero los argentinos salieron ilesos, con algunos rasguños menores, y se sentaron en el guardarrail “a ver qué onda” y a tomar mate.

    A la mujer que conducía el primer auto tuvieron que rescatarla los bomberos –porque quedó aprisionada entre los fierros– y fue trasladada al hospital en helicóptero. “Teniendo en cuenta los daños, es absolutamente milagroso que (los argentinos) no hayan resultado heridos. A veces simplemente te preguntas cómo diablos hace la gente para salir caminando en este tipo de incidentes”, dijo el jefe del servicio de emergencias de la zona, Mike Casey, al diario Marlborough Express de Nueva Zelanda, que retrató a los hermanos Carrasco sentados sobre el auto, abrazados y felices de estar vivos.

    “Hasta largaron una carcajada cuando se les preguntó si (el auto con el techo hundido) era un nuevo tipo de convertible”, escribió la periodista del Marlborough.

    “Y es que sí, estábamos contentos, imaginate: ¡tenemos más culo que espalda!”, dice ahora Martín Carrasco desde Nueva Zelanda. Resulta que los hermanos Carrasco –Matías, de 28 y Agustín, 23– son cordobeses, de barrio San Martín. Matías es ingeniero en sistemas de la UTN y Agustín tiene una dietética en Nueva Córdoba.

    Hace nueve meses que Matías se fue a trabajar allá en una plantación de kiwis. Y su hermano fue a visitarlo hace poco, para hacer turismo juntos y festejar sus cumpleaños. Aunque ahora los dos tienen un nuevo nacimiento: el 16 de diciembre, el día en el que salvaron sus vidas milagrosamente.

    Planchado al piso. Matías dice que esa autopista es complicada, “al estilo del Camino de las 100 curvas”. Allá, en las curvas, hay carteles que indican a qué velocidad debe ser tomadas, y ésa decía 35 kilómetros por hora, era bastante cerrada. “Antes de llegar a la curva aparece el camión en sentido contrario: el acoplado con el container ya estaba en dos ruedas. El auto delante nuestro clavó los frenos, por lo que yo también lo hice, pero mi auto no alcanzó a pararse y lo chocó al otro de atrás. Cuando levanté la mirada, el container estaba casi acostado adelante nuestro... ¡nos agachamos hacia la izquierda y nos aplastó todo el auto”, cuenta Matías.

    Su auto, un Honda Accord tipo weekend que había comprado hacía 20 días, tiene el volante en la derecha, porque en Nueva Zelanda se conduce al revés. Por eso se agacharon hacia la izquierda, y como “estaba planchado al piso” y los asientos estaban bajos, zafaron: se hundió el techo pero ellos quedaron a salvo. Y el guardarrail los frenó.

    “Lo primero que hice fue hablarle a mi hermano, que me contestó al instante que estaba bien. Salimos por la ventanilla de él, que estaba rota, y ahí nos cortamos un poco. Al rato vino la Policía, ambulancias, grúas, un helicóptero. Y la empresa del camión nos pagó el hotel, comida, auto nuevo para que pudiéramos seguir. ¡Y vamos a seguir!”.

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