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Policiales

Caso Paola Acosta: Lizarralde, más comprometido

Los cinco testigos que declararon en la segunda audiencia complicaron aún más la situación del único imputado por el femicidio de Paola Acosta y el intento de femicidio de Martina.

Los cinco testigos que declararon en el segundo día del juicio por el femicidio de Paola Acosta y el ataque a su pequeña hija Martina, complicaron más la situación de Gonzalo Lizarralde, quien permaneció una vez más inmutable de frente al Tribunal. 

Su amigo Nicolás Martini había ido esa noche a jugar a la X-Box a la casa que compartía Lizarralde con Carina Candela, su pareja. “Gonzalo dijo que le surgió algo de trabajo y se fue, pero yo me quedé en la casa con su mujer. A eso de las 22 Carina bajó y preguntó por él, lo llamó, y habrá regresado a eso de las 23. Cenamos y me fui a mi casa”, narró. Martini le vio la curita en la mano, y su amigo se excusó diciendo que se había lastimado en la sandwichería. 

Martini corrigió algo que había declarado en la instrucción: el que dijo que tiraría a la mujer al dique si tenía un hijo no deseado, ahora parece que no fue Gonzalo. “Fue un comentario en un asado de muchachos pasados de copas”, justificó. Y confirmó, también, que ni él ni Carina sabían de la existencia ni de Paola ni de Martina. 

"Olor a bosta"

Ignacio Chávez Castro brindó el más cruel de los testimonios: al día siguiente de la desaparición de Paola y Martina, cuando frenaron para entregar sándwiches en la panadería Antonella, Gonzalo se agachó y miraba por la alcantarilla. Al subir nuevamente al auto dijo: “Qué olor a bosta que siempre acá”. 

Chávez Castro hacía habitualmente los repartos con Lizarralde. De la camioneta, siempre impecable, le llamó la atención que estuviera mojada. También vio la venda en el dedo y escuchó el mismo argumento de Martini. Consultado por el defensor del imputado, confirmó que “nunca” Lizarralde se bajaba en los negocios en los que hacían los repartos. Ese día, en esa esquina, sí lo hizo. 

Lázaro Cavalleri vive en frente a la alcantarilla en la que fueron arrojadas Paola y Martina. En esos días, “más de las 23”, el hombre vio una camioneta blanca impecable estacionada en la esquina de la panadería Antonella. Días después del horror, cuando los investigadores preparaban la reconstrucción, identificó la camioneta. “Yo había dicho que no primero, pero cuando vi que la grúa bajaba la camioneta me di cuenta que era la misma, así que crucé y les expliqué bien a los agentes dónde había estado estacionada”, narró. 

La mancha

Nelson David Marquez por entonces era el encargado de cortar el pan inglés y de cargar los sándwiches en la camioneta. El jueves 18 de septiembre, le llamó la atención que sobre la base de la camioneta no estaban los típicos cartones, sino otros más pequeños. También dijo que la camioneta tenía una mancha rosa en la puerta izquierda trasera, y que Gonzalo le pidió que la limpiara. 

Nelson relató que el padre de Gonzalo le mandó a decir que no dijera “ninguna boludez” sobre la mancha y los cartones, pero que él se comprometió a decir la verdad. Tras una falta al trabajo, lo despidieron, aunque reconoció no tenía una buena conducta en el empleo. 

“Ayudá” 

El último testigo del día fue Marcelo Maceira, quien acompañó a su amiga Marina desde los primeros momentos de conocida la desaparición. Pudo hablar con Gonzalo cuando éste ya no le atendía el teléfono a Maru: “Le repetí que él había sido el último en verlas, que los vecinos habían visto la camioneta, pero me dijo que andaba en una EcoSport color champagne”, contó. 

Le llamó la atención escucharlo desentendido y despreocupado, cuando no sólo Paola estaba desaparecida, sino también su hija. “Le dije que nos ayudara a buscarlas, porque si no lo hacía íbamos a pensar que tenía algo que ver”, recordó, y reforzó que cortó la comunicación pidiéndole que, si las tenía cautivas, “no hiciera ninguna locura”. 

DÍA 1- El primer día, Marina Acosta, hermana de Paola, brindó un crudo relato de las escenas de desprecio que vivió su hermana antes de que Lizarralde reconociera la paternidad de Martina, previo ADN por oden judicial. "Desprecio" usó como expresión para definirlo. 

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