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Policiales

15 años de cárcel por abusar de su hija durante cuatro años

La condena describe el infierno de una niña de barrio Sol Naciente, abusada por su padre desde que tenía 10 años.

Una historia de violencia y abusos sexuales terminó con la condena a 15 años de prisión de un hombre de 43 años, quien convirtió a su casa de barrio Sol Naciente, en el noreste de la ciudad, en un infierno para su pareja y su hija, a quien sometió desde que era una niña provocándole graves daños físicos y mentales.

Los abusos sexuales comenzaron en 2011, cuando la niña tenía 10 años, y se extendieron hasta octubre de 2015. El escenario de estos fue el dormitorio que compartían el matrimonio y dos de los hijos de la pareja (un varón y la niña abusada), quienes dormían en una cucheta que estaba pegada a la cama matrimonial.

En los fundamentos de la condena, se describe con lenguaje judicial aquel sometimiento: “Cuando (la niña) dormía en la habitación de sus progenitores, ingresaba su padre, se desnudaba y acostándose en la misma cama que la niña o estirando su brazo o pierna, en un número indeterminado de ocasiones, pero de manera continua, le bajaba el pantalón y ropa interior o introducía su mano dentro de la misma (‘metía la mano de una’, en términos de la adolescente) y le tocaba el abdomen, las piernas, la cara, los pechos y las nalgas (las tetas y el culo, en los términos de la supuesta víctima)”.

El 12 de agosto de 2013, cuando la niña tenía sólo 12 años, su padre, aprovechando que la mamá había sido derivada a un hospital por un accidente doméstico, la llevó hasta la cama matrimonial y “de manera amedrentadora” le exigió que le practicara sexo oral, a lo que la niña “obedeció atemorizada” por los antecedentes de violencia del hombre.

Es que durante esos cuatro años de terror,  el ahora condenado por los abusos sexuales a su hija, golpeó y amenazó con armas de fuego de manera sistemática a su pareja, la madre de la niña violada.

La niña recordó en distintas entrevistas con psicólogas aquellas noches: sin importar la época del año, dormía “emponchada”, cubierta por una frazada, para no sentir los manoseos durante la madrugada. De ella abusó de todas las formas posibles, y las veces que no pudo concretar actos perversos, fue por la fiereza con que la menor luchó, según se lee en la descripción de los hechos que hizo la Justicia al justificar la condena.

A fines de octubre de 2015, ese imperio de miedo comenzó a derrumbarse: la adolescente quedó embarazada y le dijo a su madre que quería saber qué se sentía tener relaciones sexuales con un hombre que no fuera su padre.

La denuncia contra el hombre se concretó a los pocos días; y la Justicia le dictó una orden de restricción de domicilio. En febrero de 2016, el acusado regresó a la casa y fue detenido. Esperó en Bouwer durante un año el juicio, que terminó en febrero de este año con su condena a 15 años de prisión.

Las psicólogas que asistieron a las víctimas destacaron la entereza de la madre para enfrentar a su esposo, quien la había sometido durante toda una vida, y proteger, acompañar y contener a su hija. La mujer debió dejar su casa, porque sus vecinos eran familiares del hombre. También soportó que su familia se quebrara: los hijos mayores se alejaron de ella.

Durante el juicio, el abogado defensor intentó que el acusado fuese exonerado, justificando su accionar en su adicción a la “alita de mosca”, la cocaína en su máxima pureza. Legalmente, el defensor pidió que su representado sea declarado inimputable por alteraciones morbosas, producto de los trastornos por consumo de estupefacientes.

El juez Alejandro Weiss, a cargo de la condena, justificó la grave pena en que “los actos violentos ejercidos por J.L.M. tanto hacia su pareja como hacia su hija fueron en un contexto de menosprecio y cosificación en función del género femenino”.

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