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Ricky Martin rompió cadenas y corazones

El puertorriqueño largó anoche en Córdoba su gira argentina con un show que colmó a las seguidoras. Esta noche repite.

Ricky Martin, enredado en cadenas, en un video en blanco y negro, rompe con todo y se derrumba al piso. Pero en realidad, es porque está listo para volar con sus propias alas, y se siente liberado de su propia sombra. La proyección de ese video marca el inicio del show que forma parte del MAS Tour, que anoche colmó el Orfeo (salvo algunos claros en el campo vip).

Es que esta es la primera gira después de que Martin hiciera pública su homosexualidad, un gesto no menor viniendo de parte de alguien que dedicó gran parte de su vida y sus energías a conquistar corazones femeninos. Pero quedó claro desde el minuto uno del concierto que sus chicas lo siguen gritando y eligiendo más allá de su preferencia sexual.

El amor platónico de fan/ídolo intocable hizo de cuenta que todo sigue igual.

Y a él se lo ve con la sonrisa de niño que sale a jugar al escenario, seguramente con menos peso que antes y más dispuesto a divertirse. Se muestra por ejemplo junto a sus dos guitarristas (ellos musculosos, uno como si fuera un Vin Diesel negro) en cuero y en poses de seducción (algo que seguramente antes hubiese hecho con bailarinas).

El concierto empieza justamente con Será, será, y la frase “no tengas miedo a volar” no en vano se proyecta por las pantallas gigantes de los costados. Él está enfundado en una pantalón y campera de cuero negra, bien ceñida al cuerpo.

Ocho bailarines en escena, una puesta escenográfica en la que predomina una estructura metálica en varios niveles con varios trazos de pantallas de leds al fondo hablan a las claras de una gran producción, pero que sin embargo está muy por debajo de lo que fue su anterior presentación en este mismo domo, varios años atrás.

La segunda canción de la noche es un viaje al pasado, Dime que me quieres, de Menudo, en versión más electro, y después de Qué día es hoy, el boricua habla con su público por primera vez. “Este es mi primer concierto en esta gira argentina, y esta noche pienso dejar mi alma aquí en este escenario. Quiero volar, ¿están listos?”, disparó.

Y siguió con Vuelve, un clásico lento de su repertorio en versión más acústica, y que lo mostró en excelentes condiciones vocales.

Luego, un bailarín irrumpió en escena mientras se proyectaba un video de un niño con una voz en off. Es la primera alusión directa a uno de los prejuicios que Martin se propone derribar en este espectáculo: la discriminación por la condición sexual de las personas. Y, como corresponde, lo dice sin eufemismos. “Siempre fui distinto a los demás... Muchos no saben cómo la palabra puto o maricón puede afectar tanto a una persona... Soy gay y estoy feliz. Soy yo”, dice la voz en off del video, mientras el bailarín concluye su rutina.

Acto seguido llega una seguidilla de hits en inglés, que quizás por ser en otro idioma bajan un tanto las pulsaciones del público. Sonaron Living la vida loca, She bangs, Shake your bom bom y Loaded. Todo este segmento es con una puesta en clave de cabaret, con sus bailarines haciendo coreografías enfundados en trajes, con boinas y chalequitos.

Luego, otro video rompe prejuicios. Ahora es contra la discriminación racial, y la protagoniza su musculoso guitarrista negro (cuyo sonido, lamentablemente, es puesto a priori bien al fondo).

Ahí llega la sangre latina con María y Tu recuerdo. Y después, otro ticket al pasado con El amor de tu vida/Fuego contra fuego/Te extraño, te olvido y te amo, enganchados y acústicos.

Con Más explotó el Orfeo, y fue la reproducción literal del video clip del tema. Lola, Lola, La bomba, Pégate, La Copa de la vida y Lo mejor de mi vida eres tu cerraron una noche brillante de la estrella, que no perdió su encanto.

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