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“Me retiré, pero para Talleres volvería a jugar”

Entrevista a Gustavo Alejandro Lillo. El Loco vive de los negocios inmobiliarios en su Mendoza natal, aunque dejaría todo por el Matador...

Loco por la playa, disfruta en Villa Gesell de las vacaciones en las que alterna con el cuadriciclo por las dunas y el jet sky sobre las olas. Loco por el fútbol, jugó en todas las categorías del fútbol argentino hasta que colgó los botines hace poco más de un año en su Mendoza natal.
Loco por Talleres, confiesa que es el club que más lo marcó en su carrera, y que estaría dispuesto a retomar la actividad para defender durante seis meses la casaca albiazul. Es Gustavo Lillo, el Loco.

–¿Extrañás el fútbol?
–Para nada, cuando lo dejé lo hice porque venía masticando la decisión desde hace rato. La única propuesta que me convencería para volver sería una de parte de Talleres. Y para jugar hasta mitad de año y nada más. Ojo que no soy tan viejo, tengo 36 años y me siento entero. Pero la verdad es que disfruto del tiempo libre, sin las exigencias del fútbol profesional. Lo que pasa es que con Talleres me une un lindo sentimiento, algo muy especial y en Córdoba me sentí muy a gusto. A otro club automáticamente le diría que no.

–¿Por qué te retiraste?
–En Mendoza, los clubes del Argentino A y B están mal económicamente y no es una plaza fuerte como Córdoba o Rosario. Vas perdiendo la motivación. Después de casi 20 años ligado al fútbol, hay que saber cuándo dar el paso al costado. Dejarlo antes que el fútbol te deje a vos. Y en mi caso, el destino quiso que fuera en la misma cancha en la que me inicié, en la de Godoy Cruz, jugando para Guaymallén en el Argentino B. 

–¿Y por qué no se dio el regreso a Talleres antes?
–De mi parte las puertas estuvieron siempre abiertas y con la mejor predisposición. Cuando regresé de jugar en Rusia en 2004 hablé con los dirigentes, con los técnicos que estaban en ese entonces, con personas amigas que tengo en el club... Hice lo posible para volver y no se pudo por distintas razones. Es una lástima porque mi idea era retirarme vistiendo la camiseta de Talleres, aunque sea en el torneo Argentino A. Esa era mi gran ilusión.

–¿Qué vivencias te vienen más a la memoria?
–Todos mis recuerdos del tiempo que pasé en Córdoba son felices, por los logros que conseguimos. Ascendimos contra Belgrano en una final inolvidable en 1998, uno año después que me incorporé a Talleres. Nos mantuvimos en Primera, que no era tarea sencilla para los equipos que subían porque el tema del promedio es cruel para los recién ascendidos. Ganamos la Copa Conmebol, que sigue siendo el único título internacional del fútbol cordobés, y disputamos la Mercosur y la Libertadores… en ese momento como futbolista no podía pedir más.

–¿Qué te dejó como experiencia tu paso por Rusia?
–Cumplí los dos años de contrato con el Krylya Sovetov, participé en la Copa Intertoto; me fue bien. Hasta podría haberme quedado porque había otro club ruso interesado pero no llegaron a un acuerdo económico. Me costaba menos que jugar acá y no había tanta exigencia física, sobre todo en las pretemporadas. Vivía en la ciudad de Samara, mil kilómetros al sur de Moscú, que tiene seis millones de habitantes y mucho movimiento. Pero el idioma es imposible, no entendía nada. A mi me decían Liio, lo pronunciaban así, sin la “ll”.. ¡Y el frío…! En San Petersburgo nos tocó un partido en la nieve, con pelota roja y todo. Me puse dos pares de medias, calzas, guantes, y lo mismo casi me congelo.

–A la distancia habrás sufrido por el 2009 de Talleres, con el descenso y tantos problemas institucionales…

–Me puso muy triste porque sigo en contacto permanente. Fui en octubre para el aniversario de la obtención de la Copa Conmebol, jugamos contra Vélez y sentí el cariño de la gente, y también como sufría por el mal momento del club, porque se juntaron el descenso con los problemas de la quiebra. En Talleres me trataban como un ídolo, y eso que en los planteles que integré había grandes figuras. Yo le agradecía a los hinchas, les decía que se les iba la mano y ellos contestaban que el cariño era por cómo me brindaba en la cancha. ¿Cómo voy a olvidarme de eso?

–Quizá tu regreso se dé como técnico en algún momento…
–El curso todavía no lo hice, pero este año me meto de cabeza porque toda la gente que conozco está relacionada con el fútbol y dice que nunca está de más, que las oportunidades surgen cuando uno menos lo piensa. Por ahora, trato de disfrutar de unas largas vacaciones, de desenchufarme y dedicarme al negocio inmobiliario, con departamentos que compré y con casas que construimos en Mendoza. Es otro tipo de actividad pero también me gusta. Lo mismo que los deportes acuáticos y esquiar, por la adrenalina que genera.

–¿Entonces lo de “Loco” todavía se mantiene?

–El apodo me lo pusieron porque cuando empecé en el fútbol no paraba de correr. En los partidos, en las prácticas, en las pretemporadas. Siempre era el primero en llegar y el último en irme, me sobraba la energía. Pero fuera de la cancha no tengo nada de loco.

Fue un lateral-volante. Lo mejor de su carrera: Talleres

»Gustavo Lillo nació en Mendoza, en agosto de 1973.
»Debutó en 1994 en Godoy Cruz.
»En 1997 pasó a Talleres, donde permaneció hasta 2002. En Talleres, disputó la Copa Conmebol, la Mercosur y la Libertadores.
»Jugó en el Krylya Sovetov entre 2002 y 2003.
»En 2004 retornó a Godoy Cruz y en 2005 pasó a San Martín de Mendoza, en la B Nacional. 
»En 2006 pasó a Gimnasia de Mendoza (Argentino A) y en 2007 a Guaymallén (Argentino B). 
»En total estuvo en 362 encuentros y convirtió seis goles

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