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Anuario

Noviembre: El año que quedamos “secos”

Córdoba vivió la peor crisis hídrica de su historia, con ríos y diques casi secos que obligaron a practicar cortes de agua en varias ciudades de la Provincia.

El año ya pintaba mal, con los grandes incendios que devastaron miles de hectáreas en varias zonas serranas de la provincia. Pero lo peor comenzó a insinuarse a fines de agosto, cuando las lluvias que siempre traen alivio a esa altura del año se hicieron esperar mucho, muchísimo más de la cuenta. Agosto terminó, y pasó setiembre y también octubre completo, sin que el cielo derramara una sola gota.

Así, los diques de Córdoba empezaron a mostrar sus primeros síntomas de agotamiento. El embalse La Quebrada, único proveedor de agua para las tres mayores ciudades de las Sierras Chicas, fue el que se llevó la peor parte, con una merma en su caudal que superó a comienzos de noviembre los 11 metros bajo el nivel del vertedero, perforando la marca histórica de marzo de 2005. Pero no fue el único. La “seca” del dique San Roque fue tal que incluso dejó “navegando” sobre tierra firme a los botes y lanchas atracadas en el embarcadero. Situaciones similares se vieron en los embalses de Cruz del Eje, Los Molinos y La Calera. El mismo panorama desalentador exhibían muchos de los ríos serranos, convertidos algunos en verdaderos hilos de agua; absolutamente secos, tanto otros.

Las consecuencias no tardaron en hacerse sentir. Las cooperativas de agua de las Sierras Chicas tuvieron que implementar por primera vez en la historia esquemas de cortes rotativos en el suministro a la población. En Salsipuedes, los pozos de agua se secaron casi por completo, obligando a las autoridades a repartir agua en camiones con la custodia de la Policía, debido a las tensiones que la falta del líquido elemento causó entre los propios vecinos. Sin aviso, barrios enteros de Carlos Paz se quedaron varios días sin servicio, lo mismo que otras localidades de Punilla y del noroeste provincial. En la ciudad de Córdoba, la situación nunca llegó a mayores, aunque la bajante del San Roque y el calamitoso estado del canal Los Molinos, obligaron al Ersep a establecer mayores controles al derroche de agua y un cronograma de colocación de medidores para regular los altos consumos.

En esos días, las alertas hídricas cambiaron de color continuamente, terminando en rojos furiosos, casi morados, siempre en tonos muy “secos”. Hasta que comenzó noviembre, el déficit de precipitaciones era de 316 milímetros, convirtiendo a 2009 en uno de los años más secos en la historia de Córdoba. Recién a fines de noviembre, las ansiadas lluvias se hicieron presentes, aliviando un poco el crítico panorama, aunque todavía estamos lejos de una situación “normal”. De hecho, la sequía dejará este año su huella, recordando que el cuidado del agua es un compromiso que debemos asumir todos y que es necesario congeniar desarrollo económico con el cuidado del medio ambiente y los recursos naturales.

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