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Policiales

Trató de coimear a un inspector: está detenido

El dueño de una playa de estacionamiento del centro capitalino le quiso pagar 200 pesos a un municipal para que no lo multe, pero éste lo denunció.

El dueño de una playa de estacionamiento quedó detenido ayer, tras intentar coimear a un inspector municipal que lo intimó a arreglar sus veredas y a no guardar más vehículos de la capacidad reglamentada.

El acusado, Mario David Crucianelli (75), quiso darle 200 pesos al inspector municipal Pablo Molina (39), pero no sabía que le habían "montado" una trampa para arrestarlo in fraganti.

Quedó acusado de cohecho por orden de la Fiscalía del Distrito 1, Turno 2, aunque seguirá en libertad. Fuentes policiales vinculadas con la pesquisa precisaron que la playa de Crucianelli, ubicada en calle Independencia 169 de barrio Centro, es el "estacionamiento de la mayoría de los integrantes de la Legislatura", por lo que temen "que luego algunos legisladores protesten o apoyen al acusado".

Coimero. El caso se remonta a dos semanas atrás, cuando el inspector Molina, que se encarga de hacer controles en veredas, intimó al dueño de la playa de estacionamiento a que "arregle sus veredas". Anteayer, Molina regresó "y no sólo se topó con las veredas rotas, sino que la playa tenía más autos que lo estipulado y otros estaban estacionados en la vereda".

Ante esto, Molina habló con Crucianelli, quien le dijo que regresara más tarde para poder "juntarle algo" de dinero.

El inspector accedió, pero luego presentó la denuncia en la Policía. El caso quedó en manos del Departamento Delitos Económicos.

Entonces, se armó un operativo. A las 11 de ayer, Molina regresó a la playa de estacionamiento acompañado por una mujer policía vestida de civil. Según las fuentes, Crucianelli llevó a ambos al interior de la playa, donde "le dio a Molina 200 pesos".

Lo que el hombre no sabía es que era observado por varios policías, quienes ingresaron y lo atraparon. Crucianelli no opuso resistencia, y fue trasladado a la Jefatura.

La familia Jara vive en barrio Jardín. Con el robo del que fue víctima ayer, en la distribuidora de fiambres que posee, ostenta el triste récord de haber sido asaltada 92 veces. Pero, lo más grave, es que hace tres años, en un hecho de estas características, perdió a uno de sus hijos, el ex futbolista de Talleres Mario Jara.

Ayer volvió a vivir escenas de terror en el negocio que posee, la distribuidora Jaluf, ubicada en calle Talleres al 1100 de barrio Jardín

Un ladrón los atacó con un arma de fuego, les robó parte de la recaudación y escapó en una motocicleta junto con un cómplice que lo esperaba afuera del negocio.

"Ya no sabemos qué hacer, creo que vamos a cerrar, esto no es vida y afecta a mi salud", dijo Blanca Jaluf, dueña de la distribuidora. "Acá ya no nos podemos descuidar un minuto", remarcó su esposo, Mario Jara.

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