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Policiales

Todos los días, más de un colectivo es apedreado

En la segunda mitad de este año, se produjeron 222 ataques vandálicos con piedras contra colectivos del transporte urbano. Además, hubo 36 robos a pasajeros, incluyendo los interurbanos.

Por Alejo Gómez

¡Clonk! Los pasajeros cuentan que así suena un colectivo cuando una pedrada rebota contra sus muros metálicos. ¡Crash! se escucha cuando la piedra destroza un cristal. Hubo toneladas de ¡clonk! y ¡crash! en la segunda mitad de este año en la Capital cordobesa, según los datos relevados por la Secretaría de Prensa de la Unión Tranviarios Automotor (UTA). ¡Clonk! y ¡crash! fueron los sonidos escalofriantes que, el viernes 14 de noviembre, escucharon los alumnos del 6º año de un secundario de La Cumbre que viajaban por avenida Circunvalación, a la altura de Camino a Monte Cristo, en el este de la ciudad. ¿El resultado?: tres estudiantes con heridas en ojos y cabeza. ¡Crash! hizo el vidrio de un R11 en Nuestro Hogar III, en el sur. Las astillas produjeron heridas a un bebé de 1 año. Fue el sábado 19 de julio. ¡Clonk! y ¡crash!, no necesariamente en este orden, escuchan los colectiveros del transporte urbano todos los días, en particular cuando salen del ejido que rodea la Circunvalación.

Más allá de estos dos ejemplos (podrían sumarse cientos), volvamos a la matemática pura. Las tres empresas encargadas de mantener la comunicación geográfica en la Capital son Coniferal, Ciudad de Córdoba y Transporte Automotor Municipal Sociedad del Estado (Tamse).

Deambulan todos los días del año de un extremo al otro de los cuatro puntos cardinales. Sus puertas se abren y cierran un sinfín de veces para que suban y bajen cientos de miles de usuarios. El centro capitalino, particularmente la plaza San Martín, es el punto de confluencia de la mayoría de las líneas. Luego, cada una se pierde por entramados distintos.

Los números de la UTA indican que, entre el 3 de julio y el 4 de diciembre de 2008, se cometieron 222 ataques vandálicos contra colectivos. Es decir, un promedio de 1,44 ataque por día, y 44 por mes si no contamos los días aún no transcurridos de diciembre. Las piedras hicieron añicos ventanillas, ventanas, espejos, lunetas, parabrisas, puertas delanteras y traseras.

A estos datos no les agregamos la cantidad de robos, otro flagelo que, si bien también se considera un ataque, difiere de arrojar una piedra contra una unidad.

 La diferencia pasa por el motivo. Sucede que no es lo mismo subirse en un colectivo, mezclarse como un pasajero más, sacar un arma y desvalijar a los usuarios y al chofer, que tirar una piedra por “diversión”, como suele ocurrir en tantos barrios. En otras palabras: ambos son delitos graves, pero difieren en la modalidad. De allí, que sobre los asaltos a pasajeros volveremos más adelante.

Violencia urbana. Un dato importante es que hay decenas de casos que no fueron denunciados (por no revestir gravedad) o no aparecieron en las estadísticas de la UTA, por lo que la cantidad de ataques sería considerablemente mayor. De todas maneras, el número relevado por el gremio de las tres empresas deja al descubierto la gravedad de la situación.

El mes más “atacado” fue setiembre con 59 episodios, seguido por julio con 53. La mayoría de las pedradas contra los ómnibus ocurren entre las 22 y las 6.30, o sea, entre las últimas y las primeras horas del día, cuando es de noche, aunque tampoco faltan los ataques en plena mañana o tarde.
Las zonas “rojas” (los barrios ubicados en los extremos de la ciudad) son las que más castigan a los choferes, pero numerosos barrios del centro y alrededores también cargan con episodios vandálicos.

“Que te tiren una piedra es inevitable. Muchas veces ni siquiera se sabe de dónde vino. Otras, el chofer alcanza a ver a una barrita de chicos que sale corriendo. Hubo casos en que la piedra vino desde el patio de una casa, y no se puede estar adivinando de cuál”, cuenta Alfredo Peñaloza, vocero de la UTA.

 

Los robos. Otro dolor de cabeza para los conductores y el pasaje son los asaltos en la unidad. Sumando las estadísticas de la UTA con los números recabados por Día a Día sobre el transporte urbano e interurbano, los asaltos en este segundo semestre llegan a 36, lo que da un promedio de siete por mes. Esto, sin contar los que habrían quedado fuera de las estadísticas y aquellos que no informa la Policía.

Las modalidades suelen ser siempre las mismas: uno o varios delincuentes suben y se mezclan con el pasaje. En algún momento del recorrido, sacan armas y obligan al chofer a parar. Se apoderan de las billeteras, celulares y joyas de los pasajeros y del conductor y se internan, por lo general, en alguna villa. Para cuando llega un patrullero, ya no quedan ni rastros.

La zona más emblemática de las “metidas de caño” es la conocida como “El Tropezón”, en el oeste de la ciudad, donde confluyen varios barrios con las dos rutas que conducen a Villa Carlos Paz y La Calera, por lo que los colectivos interurbanos también son blanco fácil de los malvivientes (ver: “El Tropezón...”).

Los robos sí están discriminados por empresas: Coniferal tuvo “visitas” en siete oportunidades; Ciudad de Córdoba, también en siete, y Tamse, en 16. Los interurbanos ligaron los seis atracos restantes.

“El Tropezón”, emboscada perfecta

“El Tropezón” se le llama al nudo que comprende las avenidas Colón y Cárcano y las rutas 20 y E55, que conducen, respectivamente, a las ciudades de Villa Carlos Paz y La Calera. Está en el oeste de la Capital, actualmente con controles policiales permanentes debido a la cantidad de asaltos en colectivos urbanos e interurbanos.

“Pero con un patrullero no hacemos nada. Eso lo único que logra es que los delincuentes tengan información sobre dónde bajarse y dónde no. Lo que tendría que hacerse es poner un policía arriba de cada unidad, y que se baje cuando el colectivo ingrese en los departamentos de Santa María o Colón”, opina Miguel Herrera, secretario adjunto de la Asociación Obrera de la Industria de Transporte Automotor (Aoita), que agrupa a los interurbanos.

Agrega que, en la mayoría de los casos, los delincuentes “se suben en la Terminal de Ómnibus” y arremeten contra el pasaje cuando “se apagan las luces del pasillo y el colectivo encara hacia la ruta”. En los últimos dos meses, al menos tres interurbanos fueron atracados por malvivientes que luego “desaparecieron” en los barrios Los Robles, Residencial Los Robles, La Toma, Parque de la Vega III o 20 de Junio, que, junto con General Deheza, Don Bosco y Residencial Chateau Carreras, rodean “El Tropezón”. Herrera sostiene que los robos “aumentan con la llegada de las fiestas”, porque “los ladrones saben que mucha gente aprovecha para hacer compras en  Córdoba”.

Entre los ejemplos de asaltos a diferenciales encontramos el ocurrido el lunes 29 de setiembre, cuando un “pasajero” armado subió en una unidad de la empresa Car Cor y robó dinero y efectos personales al chofer y a ocho ocupantes del vehículo. Escapó hacia barrio 20 de Junio. Otro caso tuvo lugar el lunes 1 de diciembre en la rotonda de “El Tropezón”, aunque con un final particular: el asaltante amenazó a los ocupantes del interno 098 de la empresa La Calera, juntó todo en un bolso y bajó del colectivo, pero en su desesperación por huir se olvidó el botín.

Un testimonio. Julio Cejas es un ex conductor de la línea V1 del transporte urbano, que empieza y termina su recorrido en barrio Don Bosco. Él experimentó otro tipo de robo en el colectivo: los arrebatos. “Lo hacen muchas veces, un pasajero se para, toca el timbre para bajar, y apenas el ómnibus frena un poco, se levantan cuatro o cinco cómplices y arrebatan pertenencias a lo loco. Todos salen corriendo. Son segundos, no lográs hacer nada y es mejor no detenerse”, relata.

“En muchos casos –prosigue– el tipo que te asaltó, se sube tiempo después en el colectivo. El conductor lo identifica en el acto, les conocemos las caras a todos. Pero  es mejor quedarse tranquilo y seguir manejando, porque si llegás a armar un problema, ellos saben tus horarios y te buscan para ‘ajustarte’. Si eso pasa, te tienen que cambiar a otra línea de recorrido”.

“Hubo casos en que un delincuente asaltó a un chofer y, tiempo después, subió como pasajero. El chofer lo increpó, y tuvieron que mandarlo a otra línea por temor a que el delincuente se tomara revancha”, explica, para luego coincidir con Herrera respecto de que, para fin de año, los asaltos recrudecen. Uno de los últimos ocurrió el 10 de noviembre, cuando un chofer fue obligado a desviar el colectivo E1 a Residencial Los Robles. Desvalijaron a 30 pasajeros.

En algunos casos, los delincuentes obligaron al chofer a desviarse de su recorrido para poder escapar por algún descampado. Tal fue el secuestro de un A10 en la villa “La Telita” (ver: “Secuestro...”).

Secuestro y brutal asalto en “La Telita”

El martes 26 de agosto, a las 21, tres delincuentes se subieron en el interno 089 de la línea A10 de la empresa Ciudad de Córdoba. Fue en la parada de Chacabuco y San Jerónimo. La banda se mimetizó rápidamente con el pasaje y el vehículo siguió su recorrido normal hasta que, a la altura del barrio Jorge Newbery, en el norte capitalino, apenas cinco cuadras antes del final del recorrido, los ladrones sacaron armas de fuego y un garrote y obligaron al chofer a desviar el colectivo a la villa “La Telita”.

Una mujer pasajera se arrojó por la puerta abierta. Uno de los malvivientes se enfureció y le apuntó, pero la bala no salió. A los cuatro pasajeros restantes y al chofer les robaron dinero, teléfonos celulares, una computadora notebook y objetos personales. Luego huyeron.
El brutal asalto provocó un escándalo que terminó con los relevos del comisario Omar Rodríguez y el subcomisario Jorge Pérez, de la comisaría 17ª, donde se presentó la denuncia.
Algunos días después, en allanamientos en barrios del sector, la Policía atrapó a los presuntos autores del robo.

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