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Igual, te quiero

Héctor Cuevas hizo el gol en contra con el que Belgrano perdió y luego fue reemplazado. El 9 se fue con lágrimas en los ojos, pero la gente lo bancó.

"Hacer un gol me emociona". Esa frase emanó de la boca de Héctor Cuevas tiempo atrás. Claro, no se refería puntualmente a lo que le pasó ayer cuando el destino lo puso en el centro de la escena del partido Belgrano-All Boys, transformándolo en el nombre que definió el partido. Sí, marcó un gol, pero no de los que quiere. Un enmudecido Gigante de Alberdi miraba atónito como la pelota desviada por el 9 pirata se metía en el arco de Olave.

Minutos después, el DTGiovagnoli decidía el cambio y Cuevas era reemplazado por Chavarría. Cuando el delantero miró la chapa que marcaba su salida, movió su cabeza bruscamente mezclando bronca con incomprensión. Y la impotencia lo dominó. Y Cuevas vivió una intensa emoción, pero bien contrapuesta a las que él desea sentir como anotador de goles. La alteración de su ánimo fue intensa. Sus manos se apoyaron sobre su cabeza y bajaron para cubrir sus ojos. Pero no alcanzaron para ser el dique que contuviera esas lágrimas que invadieron su sensibilidad. Los hinchas no entendieron el cambio; Cuevas, tampoco.

Se fue el partido y llegó una nueva frustración en casa. Pero mientras Giovagnoli egresó de la cancha con toda la furia verbal de los hinchas con sus oídos como destinatarios, Cuevas se metió para juntarse con sus compañeros. Y la gente lo premió. Y fue el único que se llevó el aplauso de los hinchas. El 9 corrió, metió, buscó... En un partido que fue un solo bostezo, fue de lo poco rescatable. Pero aquel momento de emoción que vivió Cuevas entre el autogol y su salida pegó en el simpatizante pirata. Y el punta devolvió ese aguante con un agradecimiento. Tras las duchas, se iría sin hablar con la prensa.

En los buenos momentos, se gestan grandes relaciones. Pero los malos también pueden tener el valor de generarlas. El hincha entiende de entrega, de ir al frente. A Cuevas lo trajeron para hacer goles (hizo sólo tres). Pero también hace eso que al hincha celeste le gusta. El destino le jugó una mala pasada. Pero lograr el aguante de los cada vez más exigentes, y menos pacientes, seguidores de la B, no es poco.

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