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Policiales

Si falta trabajo, sobra violencia familiar

El 67% de las mujeres víctimas de violencia son desocupadas y el 56% de los victimarios varones no tienen un trabajo formal.

"Aunque yo y mis hijos tengamos que tomar mate cocido y comer fideos todos los días, prefiero estar sola, porque la tranquilidad que sentimos ahora no tiene precio", dice Marisa Verdú (40), una cordobesa que alguna vez fue víctima de violencia familiar y que ayer recibió un diploma de manos del gobernador Juan Schiaretti, por ser una de las 18 mujeres que egresaron de un curso de "Buenas Prácticas de Manufacturas y Manipulación de Alimentos", organizado por el Ministerio de Justicia junto con la Pastoral Social de la Iglesia, cámaras empresariales y sindicatos, instituciones académicas y el Poder Judicial.

El ministro de Justicia, Luis Angulo, habló con este diario sobre la estrecha relación que existe entre el maltrato familiar y la ausencia de un trabajo formal. Según estadísticas de la Dirección de Violencia Familiar, "el 65 por ciento de las mujeres víctimas se encuentran sin trabajo o con ingresos ocasionales (changas, amas de casa), mientras que el 56 por ciento de los victimarios varones son desocupados o tienen ingresos ocasionales", indicó Angulo.

"La cuestión económica influye mucho, porque la falta de oportunidades genera violencia interior en las personas", razonó el ministro. Sin embargo, remarcó que la violencia familiar "atraviesa todas las clases sociales" y que "los tipos sin trabajo no son los únicos golpeadores". Para el jefe la cartera, este tipo de maltrato "es un problema cultural, producto de generaciones criadas en contextos de autoritarismo".

Las denuncias. El programa de Prevención y Erradicación de Violencia Familiar tiene una línea telefónica (0800-888-9898), gratuita y anónima, que arde. "Hemos pasado de 15 a 60 denuncias cada seis horas, se han cuadriplicado. Esto quiere decir que las víctimas se están animando a denunciar; es muy bueno, es el comienzo", dijo Angulo, e indicó que la única forma de que las víctimas logren salir del "círculo de la violencia", es que el estado las ayude a alcanzar tres requisitos fundamentales: una vivienda propia, capacitación e inserción en el mercado formal de trabajo.

El curso. Gracias a un convenio entre el sindicato de la industria de la alimentación y el Ministerio de Justicia, el curso comenzó en agosto y se extendió por cuatro meses. De 24 mujeres víctimas de violencia familiar se recibieron 18, de las cuales cinco empezaron a trabajar en la cadena de supermercados Disco (dos empezaron ayer y tres lo harán el martes), otras dos egresadas ingresaron a la cadena Cordiez y existe un compromiso para que 10 más alcancen su primer trabajo en blanco dentro de la industria de la alimentación en los próximos días.

"Verlas a ellas con esa dignidad, dando la cara, animándose a salir al círculo perverso y tremendamente dañino en el que estaban, fue muy conmovedor", sostuvo el ministro, y concluyó: "El núcleo central de la sociedad es la familia, si no revertimos esta situación, nos perjudicamos todos".

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