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Ocio

El significado secreto de un ¡miau!

El felino más amado tiene un lenguaje muy particular que no es difícil de entender, si estamos atentos y aprendemos a decodificar la manifestación de sus emociones.

Comprender el lenguaje del gato es necesario para poder interactuar con él en el mejor de los modos, respondiendo a sus necesidades u oponiéndole resistencia cuando así lo requiera la situación, y representa sin dudas el primer paso para hacerse comprender. Justamente, del conocimiento recíproco es que nace una relación duradera de confianza y afecto.

En esta nota, compartimos algunas indicaciones generales, que si bien son válidas, explican los expertos que pueden cambiar según la personalidad y la formación del animal. De hecho, el gato es capaz de modificar su propio lenguaje para hacerse entender por el hombre.

Primera señal: el andar. El andar de un minino nos permite saber de qué humor se encuentra cuando se nos está acercando.

Si están tranquilos, los gatos se mueven con movimientos largos y elásticos, que parecen casi “estirarse”, moviéndose con una irregularidad casi atrevida, como si estuvieran jugando. O incluso, si trotan, significa que no advierten peligros inminentes y se mueven en su propio espacio como verdaderos amos.

Si en cambio se sienten amenazados (como por ejemplo, ante la llegada de un desconocido o ante un estímulo diferente), el animal con miedo o desconfiado se comportará de la siguiente manera: nunca se acercará en línea recta, sino interrumpiéndola varias veces, buscando el reparo de un objeto, o arrastrándose junto a las paredes.

La cola. Cuando un perro mueve la cola, es sabido que es señal de alegría. En el gato, sin embargo, este movimiento tiene un significado totalmente distinto. Cuando mueve la cola sacudiéndola en el aire como dando latigazos, y doblándola como si fuese una serpiente es una señal que da a entender un estado de alerta y posibles enfrentamientos físicos.

En cambio, cuando la cola del gato está erizada e inflada el enfrentamiento es inminente. Por último, si la lleva baja, es señal de un estado de tranquilidad.

Miradas que hablan, y algo más:

-Las orejas. Hay tres posiciones típicas. En los gatos atemorizados o que aceptan la supremacía de otro animal o del hombre, las orejas se llevan bajas, aplastadas contra la cabeza.

Los gatos agresivos, en cambio, las llevan hacia atrás porque de este modo están menos expuestas al ataque de otros animales.

Los gatos tranquilos por lo general, las llevan abiertas, erguidas y móviles, señal de que el animal está atento a lo que sucede a su alrededor.

-La boca. Los gatos en estado de reposo, bien predispuestos y curiosos tienen la boca extendida y los labios permanecen cerrados cubriendo los dientes.

En cambio, en situaciones de estrés, los labios se retiran hasta descubrir los dientes que el gato prepara para defenderse o para atacar.

-Los ojos. Cuando un gato está asustado, la pupila se ve grande y dilatada. Aunque cuando está frente a una pelea, la pupila se reduce a una hendidura vertical. En estado de tranquilidad el gato tiene una mirada móvil que no se fija, y abre y cierra los párpados lentamente. Los gatos gratificados mantienen los ojos cerrados o semicerrados (por ejemplo, los que reposan al sol); en cambio los mininos bajo estrés tienen una mirada fija y firme hacia quienes lo molestan o lo amenazan en alguna forma.

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