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Carlita, la Barbie del gol

La historia de Carla Pettenari, una nena de 11 años que era la goleadora de un equipo de hombres y hoy empieza a jugar en el equipo femenino de Belgrano.

Por Gonzalo Golocovsky

L a timidez que acompaña su mirada y sus escasas palabras crean un fuerte contraste con ese trote arrollador que la convirtió en el orgullo del barrio y de la escuela de fútbol. No es una más. Es imposible que pase inadvertida. Tiene esa dulzura especial que sólo las mujeres tienen y más aún siendo una nena en plena preadolescencia. De un día para el otro, y sin imaginarlo, su vida cambió de rumbo. Sigue teniendo sus mismos sueños, alegrías y decepciones. Pero ahora, todo es diferente.

Carla Julieta Pettenari tiene 11 años (nació el 9 de noviembre de 1996), mide 1,40 metros, vive en barrio José Ignacio Díaz, va a sexto grado del colegio Arturo Illia, tiene tres hermanas (Daiana, de 19 años, Antonella, de 15, y Azul, de 5) y un hermano (Lucas, de 14). Sus padres son Walter y Beatriz y son propietarios de una gomería.

Casi sin querer, Carlita se convirtió en la persona más mimada de la casa. Y no sólo entre esas cuatro paredes. Hasta hace una semana, la nena jugaba en Juventud Unida, un equipo de varones que compite en una liga interbarrial. Y, hoy, debutará en el equipo femenino de Belgrano, en la liga cordobesa de fútbol.

Su pasado. “¿Vienen a ver a la Carla? Está por allá”, fue la primera frase recibida de un grupo de chicos que esperaba su turno para entrar a la cancha en la mañana del domingo 14. Carla jugaba un amistoso en el club Unión San Vicente junto con su equipo ante Naranja Acosta. “Yo soy el representante de la piba, eh. Sólo acepto ofrecimientos en euros”, dijo luego un mayor.

Carla se prepara para el partido. Rápidamente busca la camiseta número 9, se pone un short rojo con unas calzas amarillas debajo, medias hasta la altura de la rodilla, botines blancos y una vincha azul que acomoda su pelo largo. 

“Ya van a ver lo que juega Carla”; “en el último torneo hizo 21 goles en seis partidos”; “a los 3 años ya corría detrás de la pelota”; “patea con las dos piernas”; “le viven pegando patadas, pero ella se la banca”.

Su padre mira atentamente lo que hace su hija dentro de la cancha, pero tiene tiempo de hablar de todas sus cualidades.

El partido arranca y Carla se ubica  como centro delantera. “Me gustan mucho como juegan Messi y Agüero”, confió la nena. “Y también Cuevas. Ahora lo va a tener cerca”, agregó su padre. “Dale Carla, dale, dale”, gritan sus hermanas desde la tribuna. Sí, las mismas que al principio no querían saber nada de que “la Cebollita” (como le dicen ellas cuando pelean) jugara a la pelota y ahora se desarman gritando los goles.

En la primera jugada, Carla pisa la pelota, elude a dos de sus rivales y le hacen falta. Minutos después hay un penal para su equipo. Sus compañeros levantan la mano, “le pegó yo”, gritaban al unísono, pero no. Carla fue, buscó la pelota y definió contra un palo. Sin dudas era la líder del grupo y, en cierto modo, del barrio.

 “Todos se dan cuenta que soy el padre por cómo grito cuando ella hace goles”, había dicho Walter, momentos antes. Y sí, todos se dieron cuenta. “Che, Walter, ¿es cierto que la nena se va a Belgrano?”, le gritan. “Sí, fue a una prueba y quedó. Esta semana empieza a entrenar”, respondió.

Mientras tanto, Carla corría y corría. Pechaba, tocaba para sus compañeros y se enojaba cuando no le pasaban la pelota. Para los de Naranja Acosta era una novedad jugar contra una nena, pero para Juventud Unida, ya era una costumbre.

En una de esas, la mimada de las abuelas Silvia y Griselda se tropieza con un rival y cae al duro piso descascarado. Terrible silencio. No se había golpeado cualquiera. Estaba en el piso la Carlita, la nena que hay que cuidar en el grupo de machos. Un poco de agua fue la cura que necesitó la goleadora, que había jugado por primera vez en un campeonato en Alta Gracia, gracias a Gustavo Chanquía, el entrenador de ese equipo. “Un domingo la vi jugar en la calle y se me cruzó que podía jugar con los chicos. La puse e hizo un gol en el primer partido”, confió el entonces director técnico.

La rodilla de Carla sangraba, al igual que su codo. Pero ella quería seguir jugando. “No hace otra cosa que mirar y jugar al fútbol. Su sueño es jugar en la Selección”, decía orgulloso Walter. “En el cole me gusta Ciencias Naturales”, agregó Carla en una de sus pocas intervenciones fuera de la cancha. En tanto, seguía corriendo. Sabía que era la líder del equipo, la figurita. Una situación bien extraña en una sociedad y, sobre todo, en un deporte machista donde todos conocen quien es Kaká, pero pocos saben el nombre de la mega estrella Marta (jugadora brasileña de fútbol, considerada la mejor del mundo).

Carla tuvo un mano a mano y la tiró por arriba del arquero para anotar el 2-0. Rengueó hasta la mitad de la cancha con la rodilla ensangrentada, mientras uno a uno sus compañeros la saludaban.

El partido terminó y por la mente de Carlita pasaron millones de cosas. Fue su despedida del fútbol de varones. Dos días después ya entrenaba en Belgrano y con mujeres. A las pocas horas de volver a su casa le comunicó a su padre: “Papá, no quiero jugar más con los chicos porque no quiero que me golpeen. Ahora juego en Belgrano y me tengo que cuidar”.

Su presente. Carla debutará hoy en el Pirata. Jugará ante Racing, en el predio de Villa Esquiú, a las 15.30. En este equipo de Belgrano juegan Romina Gómez y Yohana Borgobello, dos integrantes de Las Cachorras, el seleccionado argentino de fútbol femenino. La niña que se destacaba entre los chicos empezará una nueva etapa de su vida. Sus nuevas compañeras son varios años más grande que ella, pero el amor por la pelota es el mismo.

Cuidado Tanque Cuevas, que Carlita pide cancha...

“Carla se vino a probar a Belgrano y le vimos condiciones para jugar. Es una nena que juega muy bien, tiene muy buena pegada, pero todavía tiene muchas cosas por aprender”. Esta fue la respuesta del entrenador del equipo de fútbol femenino de Belgrano, Horacio Sola, al ser consultado sobre las condiciones de la chica que dejó de jugar con hombres.

La nena tiene 11 años y sus compañeras arrastran más de 18. Esto, de acuerdo al entrenador, puede ser muy provechoso para Carla, ya que las mayores “le pueden aportar su experiencia”.

Sin embargo, Sola considera que no hay que mezclar la niñez con las exigencias del deporte, por lo que hay que tener mucho cuidado con Carla. Luego, el DT consideró que no sólo las chicas que integraron seleccionados le pueden aportar cosas, sino todas las del equipo “porque juegan muy bien”.

Carla comienza una nueva historia. Tiembla el Tanque Cuevas.

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