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“El público es el sexto hombre”

Rubén Magnano volvió al país tras cuatro temporadas y disfruta del gran momento de Atenas. El DT es indicado como el gran responsable, pero aclara: “Es un momento próspero, pero falta mucho. Tenemos que seguir con el mismo espíritu”, le dijo a Día a Día en una amena charla.

Por Jorge Luna Arrieta

Qué mejor que el propio Magnano se defina cuando se le pregunta qué es ser un líder. “Ante todo, que tu autoridad sea reconocida, no impuesta. Eso se logra a través de valores bien claros, siendo una persona responsable. Trato que todo se maneje con mucha equidad. Se debe pregonar con el ejemplo. Soy de los que piensan que se aprende mucho de la materia prima, el verdadero capital que tiene el equipo, que son los jugadores. Entonces, tengo que saber escuchar y tener la capacidad fundamental de que cuando me dicen algo sea productivo y no un justificativo. Hay que estar preparado para determinar ese mensaje. Si la tenés, podés potenciar mucho al equipo”, señaló el DT de Atenas en su charla con Día a Día.

El coach es el gran responsable del gran inicio de temporada que vive el Griego. Y lo disfruta: “Es un momento especial, lindo, pero soy cauto de la situación. Es un momento próspero, pero falta mucho. Tenemos que seguir con el mismo espíritu”.

–Es un discurso cauto que el plantel mamó y también expresa.

–A veces se emparenta discurso como algo que tal vez quiere disfrazar otra cosa. Pero el nuestro es un hecho concreto, es una idea, una filosofía de trabajo y de juego que se hizo piel en todos los integrantes,  que realmente están dejando todo en cada juego. 156-963779

–¿Imaginaba que a esta altura el equipo iba a estar en este punto?

–Numéricamente, no. Uno sueña con lo óptimo y quisiera estar 12 de 12. Pero sé que, si bien puede darse, no es sencillo. Ganar de visitante no es fácil. Por fortuna, tenemos un porcentaje muy alto de partidos ganados y estamos haciendo una localía fuerte. Eso nos permite hoy gozar de esta posición. Pero que los números se hayan dado así, la verdad que no lo esperaba.

–¿Cambió el paladar del hincha?

–Je. No. Lo que el hincha quiere es que el equipo gane. Es indudable que el hincha de Atenas tuvo un paladar extremadamente dulce, por la calidad de jugadores que pasaron y en el que el aspecto que preponderaba era el ofensivo, que es mucho más vistoso. Pero tengo mi forma de ver el básquet y trabajamos sobre esa idea.

–Dentro de los objetivos que se planteó estaba el hecho de reenamorar a la gente y ya lo logró.

–Es cierto. Ése era nuestro primer objetivo: recuperar la credibilidad de la gente. Quería que se volviera a consumir esa marca registrada que es Atenas y se ve que la gente hizo un clic. Soy un agradecido porque sé perfectamente, y porque me lo dicen los jugadores, que los hinchas son un sexto hombre en la cancha. Por cómo empujan, cómo impulsan; y eso ayuda mucho.

 

“El desafío de Atenas me hace seguir soñando”

Magnano se mira a sí mismo. Dice que el básquet no es para él un show, que no lo seduce volver a Europa y que nuestra Liga avanza.

Con 21 partidos ganados en 22 juegos (contando los 10 de la Copa Argentina) en Atenas se ilusionan con ganar la Liga. Consultado sobre si esto genera más presión, Rubén Magnano respondió: “No. Uno con los años transforma la palabra presión para el lado de los desafíos. Los temores los tenemos todos los jugadores y entrenadores antes de que se lance la bola al aire. Pero, si nos dejamos atacar por la presión, nos podemos llegar a paralizar”.

–Dice Felipe Lábaque que lo malcría a usted.

–Je. Él me malcría con los gustos y yo lo malcrío con los resultados (risas). Tenemos muy buena relación. Puso a mi disposición el armado del equipo, que es un mimo bastante importante, algo que en la historia de Atenas no había ocurrido. Eso trae aparejado doble responsabilidad. Todas las miradas están centradas sobre mí, pero no le escapo a eso.

–¿Le gusta la Liga?

–La vi pasar por varios estadíos. Tuvo una época excelentísima, que tuvo que ver con la economía del país. Pero después vino un vaciamiento. Se temió sobre su continuidad, decayó su calidad y los jugadores se empezaron a ir. Después, volvió a subir y a paliar quijotescamente los avatares de la economía. Año a año la veo que avanza. Regresaron jugadores importantes, algunos impensados. Y eso le da un toque de calidad. Los extranjeros son cada vez de mayor valía y todo eso trae aparejado crecimiento.

–¿Las defensas afean el espectáculo?

–Pasa que para mí esto no es un show. Esto es un deporte, en el que hay un ataque y una defensa. Se está haciendo una bola de nieve con esto del ataque de Atenas. Ante Libertad tiramos ocho tiros con los pies en el piso, que son tiros de alto porcentaje para este tipo de jugadores. Pero no entró el balón. Si no, hubiéramos tenido 15 puntos más. A veces, se puede tener una noche inspirada, a veces no. Pero si la ecuación va a ser ésta para nosotros, bienvenida sea.

 

Volver. Magnano regresó al país, tras cuatro temporadas en Europa. Sobre su reencuentro con Córdoba, dijo: “Afectivamente, lo necesitaba. No es fácil estar fuera. Fueron años delicados para mí, por estar separado de mis hijos. Córdoba me atrae mucho y disfruto encontrarme con la ciudad, con mi gente, con el club que me dio el espaldarazo inicial.

–¿Extraña algo de Europa?

–La seguridad. En esos años en Europa hice un blanqueo en la cabeza con respecto a ese tema. Ahora tengo que estar preocupado en que si puse la llave, la alarma, que me tengo que fijar quién viene atrás o adelante. Es lo que vive nuestro país y lo sufrimos todos.

–¿Volvería a Europa?

–Muy difícil. Debería evaluarlo mucho. El hecho de haberme querido quedar sin siquiera esperar ofertas de trabajo, que de hecho las tenía, me marcaban cuál iba a ser mi destino. No cierro las puertas, pero es difícil.

–¿Qué otros deportes le gustan?

–Me gusta el fútbol. Siempre fui muy futbolero y jugaba mucho. Ahora no practico nada y es una cuenta pendiente que tengo para ayer, no para mañana. Je. Jugué intercolegiales al fútbol, al básquet, hice atletismo. También fui alguna vez a un entrenamiento de rugby, pero a mirar. Y la verdad que eso no es para mí. El físico no ayudaba. Je.

–¿Y al fútbol de qué jugaba?

–Jugaba de 5 y de 8. Fui un volante aguerrido. Un poco lo que ves en el equipo de básquet es lo que trataba de ser como futbolista.

–O sea que tiene una relación muy fuerte con la defensa.

–En mi jerga le llamo la ley de la oposición. Mientras mayor oposición le ejercés a tu rival, él va a tener que crecer en ofensiva. Cuando él crezca ofensivamente, te va a dar mayor oposición para crecer en defensa. Es un tira y afloje que lleva al jugador a crecer. A nosotros (por Atenas) nos falta crecer en ataque.

–¿Con qué intensidad vive los partidos?

–Con mucha. Tendría que bajar un cambio. Trato de volcar intensidad al jugador, aunque a veces sé que no es necesario. Me dicen que pare un poco. Trato, hasta que… y ahí se fue. Je. Son cosas que, pese a la edad y a la experiencia, uno tiene que aprender.

El DT campeón olímpico va por más. Y otra autodefinición pinta su sentir y su ser: “Soy una persona que no se fija tanto en su historia, ni en los récords. Sí en los objetivos. A partir de eso, te podés permitir soñar con nuevos desafíos y no te dormís con lo que conseguiste, si no que te alimentás con lo que querés conseguir. Es demasiado importante este desafío de Atenas como para seguir soñando con cosas lindas”.

 

Magnano en números.

EDAD. Tiene 54 años. Nació en Villa María, Córdoba, el 9 de octubre de 1954.

 

ESTUDIOS CURSADOS.  Egresado del Profesorado de Educación Física de la provincia de Córdoba, con el título de Profesor, en 1981. Curso de Entrenador Nacional de Básquet expedido por la Municipalidad de Córdoba, en 1982.

 

CAMPEÓN. Con Atenas logró tres Liga Nacional, dos torneos Sudamericanos, dos Liga Sudamericana, un Panamericano

y el tercer lugar en el McDonald Championship. Ganó un TNA con Luz y Fuerza de Posadas. Con la selección nacional alcanzó medalla de oro en Atenas 2004, medalla de plata en USA 2002, un Sudamericano de mayores y, con el Sub 21, un Panamericano y dos Sudamericanos.

 

EN LIGA NACIONAL. Dirigió 453 partidos, con 309 triunfos y 144 derrotas. Tiene un 68,2 por ciento de efectividad.

 

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