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Córdoba

Alarma por la bajante del dique La Quebrada

El espejo de agua de Sierras Chicas está 5,70 metros por debajo del límite de vertedero. Hay preocupación entre las cooperativas que prestan el servicio.

Las tímidas lluvias de los últimos días no han logrado detener el constante “sangrado” del dique La Quebrada, principal fuente aportante al sistema hídrico de buena parte de las Sierras Chicas. De hecho, el nivel actual de la represa está 5,70 metros por debajo del límite del vertedero, muy cerca de los registros de 2004, año en que la región soportó la sequía más grave de las últimas décadas.

Según las estadísticas que maneja la Cooperativa de Aguas de Río Ceballos, el déficit de precipitaciones en los últimos 12 meses es de 225 milímetros, lo que agrava aún más el sombría panorama hídrico. Actualmente, el nivel del dique retrocede a razón de cuatro centímetros por día, sin que se produzcan lluvias de importancia que compensen el creciente consumo por parte de la población.

“Actualmente, el dique presenta una bajante similar a la de 2004, cuando tuvimos una crisis tremenda. Pero a diferencia de aquel año, hoy tenemos dos mil conexiones más en el sistema, lo que implica un consumo de agua potable mucho mayor”, le dijo ayer a Día a Día Raúl Hoya, presidente de la Cooperativa de Unquillo. En 2004, en el pico de la crisis, el nivel del dique llegó a superar los 9,30 metros por debajo del límite de vertedero.

“Estamos muy preocupados, ya que el consumo aumenta sin que podamos incrementar la oferta de líquido al sistema”, lamentó Hoya. Las cooperativas de Sierras Chicas volvieron a criticar ayer la demora por parte de la Provincia en realizar tres perforaciones en la zona de Río Ceballos, pozos con los cuales se podría incrementar un 10 por ciento el aporte de agua al sistema.

En rigor, las localidades de Sierras Chicas deberán esperar hasta mediados de 2009 para ver solucionados definitivamente sus reiterados problemas de agua, cuando se culmine la obra de ampliación de la planta potabilizadora de La Calera y el acueducto que trasladará el bendito líquido desde esa ciudad hasta el dique La Quebrada.

Mar Chiquita llegó hasta Santa Isabel III. “No tengo nada que envidiarle a Mar Chiquita porque yo tengo la laguna en la puerta de mi casa. Los días de lluvia hasta entra a mi hogar”, dijo Zulma, una vecina de la calle Nicaragua, de barrio Santa Isabel III, quien usó una humorada para referirse al agua que inunda las viviendas de unas 10 familias, después de que se frenara una obra de pavimentación. “No puede ser que paguemos todos los impuestos y por qué hacen esto. Si bien el agua es buena, cada vez que llueve ,para nosotros es un castigo”, agregó la mujer, que en la última tormenta estuvo a punto de llamar a los bomberos porque, por la pendiente de otra calle, llegaron los desagües derechito para su propiedad.

El presidente del centro vecinal de Santa Isabel III, Mario Lima, fue terminante en sus palabras: “Hace 50 años que está este barrio (de la zona sur) y desde hace 40 que estamos postergados. Todos los servicios que tenemos, como la luz y el gas, los pagamos nosotros”. Según el dirigente barrial, las obras de cordón cuneta y pavimentación para 10 cuadras de ese sector de la ciudad “quedaron en la nada”. “Todo lo que hacemos es a pulmón. No conseguimos nada de esta gestión. La obra empezó en mayo con la empresa Federico, pero en julio se le dijo a los vecinos que la paraban por falta de materiales”, explicó Lima. Con el asfalto en espera, algunas calles quedaron desniveladas, por lo que se formó una laguna de hasta 30 centímetros que, según los vecinos de la calle Nicaragua, “pone en riesgo las viviendas”.

“Queremos pronto una solución porque acá vinieron a trabajar ingenieros, que nos digan qué fue lo que pasó”, dijo Héctor Arredondo, otro de los vecinos que se sumó a la rueda de propietarios perjudicados por la laguna. Alba, Ernestina y Dana también se hicieron sentir en el planteo, igual que Zulma, porque tienen que sacar el agua de sus casas cada vez que llueve, además temen por su salud y la de sus hijos porque “se juntan moscas y, en los días de calor, se producen feos olores”. “Por qué no nos dan una solución. Parece que nos tienen castigados en esta zona”, insistió Zulma y por detrás suyo, el apoyo de Celestino, Karina y Haydeé, otros perjudicados.

El presidente del centro vecinal también expresó su preocupación por “el posible colapso de las cloacas”. Contó que la Provincia entregará 340 en barrio Vicor, a las que sumará otras 900, todas conectadas a la red que recibe los líquidos cloacales de las 1.200 viviendas que tiene Santa Isabel III.

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